jueves 20 de octubre de 2011, 00:00h
Actualizado: 03/11/2011 13:46h
Hoy los periódicos traen diversas noticias con un denominador común: el pensamiento conservador trata de rearmarse, de volver a imponerse en el futuro. Digo esto porque, si recordamos el inicio de la crisis, no fue precisamente el exceso de presencia del sector público sino la ausencia de él, la causa de la tormenta perfecta que en forma de crisis atraviesa el mundo. Si los Estados se encuentran hoy maltrechos es por acudir en rescate de una economía desbocada por desregularizada. Con ello no pretendo defender lo indefendible: creo que la racionalidad, la austeridad y la resolución de los fallos del sector público (también los hay) es fundamental para legitimar su acción y mejorar su eficiencia y eficacia. El Estado y el mercado deben caminar juntos, de la mano, siendo conscientes de que una economía próspera es aquella que no sólo crece en términos de PIB sino que redistribuye en forma de políticas públicas su riqueza permitiendo, como dice Amaryta Sen, el desarrollo de las potencialidades de sus ciudadanos. Los fallos de mercado existen, vaya si existen, y es indispensable que actúe el Estado para hacer desaparecer sus nocivos efectos. Todo lo escrito, viene a cuento de la lectura hoy en medios de los postulados que el pensamiento conservador pretende vendernos como nuevos, como receta para salir de la crisis pero que no son más que las mismas ideas de siempre: antiguas, insolidarias, las que nos llevaron a este presente tan incierto y tan duro. Algunos ejemplos:
1) La cúpula empresarial propone introducir el copago en sanidad, justicia y servicios a la dependencia. Todo ello acompañado de una rebaja sustantiva de los impuestos. En resumen: menos impuestos, menos ingresos públicos, menos servicios públicos y quien quiera recibirlos que los pague él de su propio bolsillo: privatización del Estado del Bienestar, ni más ni menos. La desigualdad en la que se sienten a gusto los conservadores.
2) La foto de la candidatura de Rajoy con la boina de contaminación al fondo nos lleva a la siguiente reflexión: el negacionismo de la alcaldesa in pectore, la Sra. Botella; el legado de contaminación que deja el alcalde Gallardón cuya concienciación medioambiental es nula; y el rechazo de FAES y las dudas (¿cómo no?) de Rajoy sobre el cambio climático son fiel reflejo de cómo la derecha sigue sin entender que el modelo actual de desarrollo, basado en energías fosilizadas, no es el futuro sino un pasado que debemos dejar atrás. El futuro tampoco es la energía nuclear, tal y como exige Aznar y su FAES, sino una energía sostenible y segura como las renovables por las que tanto ha apostado el gobierno socialista.
3) Quien calla otorga. Los dependes, el no entiendo mi letra y demás perlas que nos deja Rajoy en su #nocampaña se cubren con las palabras retrógradas ayer de la patronal y las acciones de sus gobiernos autonómicos. Ayer fue #lanocheverde de reivindicación de profesores y alumnos madrileños ante los recortes en la educación pública, mientras se mantienen groseramente las deducciones a colegios privados por el mismo importe que se recorta la pública.
Rajoy calla. Y los silencios en política algo significan: en mi humilde opinión, lo que ocurriría en caso de que el PP llegara a la Moncloa. Trabajemos para que no ocurra.