Crítica teatral.- Las 5 advertencias… el oficio de escribir
jueves 29 de septiembre de 2011, 00:00h
Actualizado: 03/10/2011 13:11h
De la abundante producción teatral de Jardiel Poncela hay algunos títulos que permanecen prácticamente inéditos para las actuales generaciones de espectadores. Como “Los tigres escondidos en la alcoba”, su última comedia que estrenó en el teatro Gran Vía el año 1949.
Después, en la última etapa de su corta vida, intentó ser nuevamente empresario, arrendando el viejo Cómico junto a Fernando Collado. “Las 5 advertencias de Satanás”, que se estrenó en 1935 y ahora vuelve al Marquina, es una de esas comedias olvidadas.
Tras su presentación en La Comedia, solo volvió a representarse en el teatro Infanta Isabel recién terminada la Guerra Civil. Gustavo Pérez Puig como productor la desempolva y la dirige su esposa, Mara Recatero.
No es ésta una comedia tópica de Jardiel. Más pareciera, en algunos momentos, de Mihura. Aunque no falta la colección de frases redondas, de guiños surrealistas, sobre todo en el primer acto, estamos ante una comedia que puede calificarse como romántica. La intervención de Satán, una vez descritos los personajes, encarrila la acción hacia derroteros insospechados. A Jardiel le gustaba jugar con un suspense divertido –Los habitantes de la casa deshabitada, Eloísa está debajo de un almendro...- y hasta con el Más Allá: Un marido de ida y vuelta. Aquí Satán tiene poco “papel” pero es el protagonista. Cumplidas inexorablemente cuatro advertencias, el espectador se pregunta cuál será la quinta, secreta como los misterios de Fátima. Y en ese punto es donde Jardiel introduce la sorpresa, o “el invento” que dirían algunos viejos teatreros. Parece que al autor se le hubiera ocurrido de repente cómo terminar la comedia –no sería extraño- y el resultado es absolutamente lógico. Obviamente, no voy a referir la sorpresa.
Lo más grato para mí es comprobar, una vez más, la maestría de Jardiel, su extraordinario oficio de escritor dramático. Si bien esta comedia no es una de las más revolucionarias o redondas de su catálogo, en ella cada pieza encaja perfectamente en su sitio. Vi la función rodeado por un público con bastante edad. Escucharon en completo silencio un hermoso texto agradecidos, quizá, por no oír ninguna palabrota, ningún taco. Cada coma, cada verbo, cada adjetivo está perfectamente colocado, según la Gramática castellana. No es una obra de carcajadas sino de sonrisas. Sorprende también la amargura que destila a costa del envejecimiento humano. Porque Jardiel tenía solo 34 años cuando estrenó la función. Aunque murió bastante joven, con 51 años.
El matrimonio Perez Puig-Recatero presenta un espectáculo limpio, con unos decorados muy funcionales de Barajas, que resuelve acertadamente los tres cambios de escena. También hay un hermoso vestuario y un elenco de ocho actores –y es una compañía privada…- que entran el juego de decir alto y claro el texto. Los dos galanes –Ferreño y Munné- son dos pobres hombres, mientras que los “figurones”, el administrador y el mayordomo, tienen las frases más divertidas. Aloma Romero debuta como “Coral” la enamorada doncella que, en su estreno de La Comedia, sirvió para colocar a Elvira Noriega como primera actriz de la compañía.