Inés Sabanés (Cubells, Lérida, 1953) acaba de desembarcar en Equo, el nuevo partido ecologista que pretende aglutinar esta corriente en España, después de abandonar las filas de IU, bajo cuyas siglas ha estado presente en la política madrileña más de una década. En esta entrevista explica este cambio, sus aspiraciones y las ilusiones que ha depositado en el 15-M.
¿Qué tal ha ido la llegada a Equo?
Bien. Es como una nueva dimensión, es recuperar una forma de hacer compatible la política y el activismo. La gente tiene mucha voluntariedad. Interesante.
¿Qué ha visto en Equo para dar este giro?
Hay una parte que me interesó desde el principio: el debate sobre la situación de los partidos políticos, sus estructuras y su funcionamiento; los cambios para vincularlos mucho más a la gente y que sean una estructura más horizontal que jerárquica, más un movimiento que partido. Además, toda la parte de la ecología política y la equidad social.
¿Cuál va a ser su papel dentro de Equo?
De momento, estoy colaborando en toda esta fase de creación, de construcción, de formas, de trabajo en red, de ir sumando e interactuando con la gente que se acerca a Equo.
¿Aún no sabe cuál va ser su futuro, su puesto, dentro de Equo?
Yo he explicado que me incorporo como mujer de izquierdas. Por lo tanto, la crisis económica, la debilidad de los gobiernos, la falta de participación, la recuperación de la fuerza y la dignidad de la política y de los espacios públicos, el feminismo o la justicia son cuestiones de las que una no se puede desprender. Entiendo que es una relación recíproca. Yo puedo aprender de un movimiento en construcción que no está tan vinculado a la política clásica y, a su vez, aportar todo un tiempo de trabajo en la calle, vinculada con la gente, de trabajo más colectivo.
Le apetecía volver al contacto con la gente…
Siempre me ha gustado mucho la política a pie de calle y, por tanto, yo nunca he perdido ese contacto con la gente y esa vinculación. Pero es verdad que me apetecía desde una mayor tranquilidad y desde cierta distancia de los puestos de mayor responsabilidad.
¿Querría seguir dedicada a los asuntos de la Comunidad de Madrid dentro de Equo?
La política madrileña, tanto municipal como autonómica, y todo lo que significa Madrid en el conjunto de la política, con lo que tiene de específico pero con su vinculación con la política nacional, es algo a lo que he dedicado prácticamente mi vida.
Entonces, no le importaría seguir dedicada a los asuntos madrileños...
No. Aparte de que no puedo desprenderme de ellos. Siempre sigo todo lo que sale en la prensa, las noticias. Tengo una especial vinculación, y un especial interés y conocimiento de la política madrileña.
¿Quiere compatibilizar el trabajo en el Ayuntamiento al que ha vuelto con Equo o acabará dedicada a tiempo completo a la política?
Desde luego, trataré de evitarlo. Me gusta esa compatibilidad. Creo que hay momentos en los que eso está bien.
Hablando de Madrid, ¿qué le ha parecido el comienzo de legislatura con todos los anuncios que se están produciendo, como los recortes en la educación?
Un inicio de curso duro, que deja muy claro cómo afecta en la vida de cada cual las decisiones políticas. Por los anuncios que hay, parece va a ser una política de muy baja intensidad, de mucho recorte. Es un inicio de curso muy preocupante. No porque se pudiera esperar deja de impactar.
Y ahora que está en Equo, ¿cómo ve el medio ambiente en Madrid?
Madrid tiene unos niveles de contaminación y unos impactos ambientales negativos muy fuertes. Por un lado, la necesidad continua de desplazamiento; y por otro, la intensificación del uso del vehículo privado, con todo lo que eso significa de consumos energéticos. Además, ha apostado por el transporte colectivo, pero a su vez con un nivel de construcción de grandes infraestructuras de gran impacto que hacen que una cosa neutralice la otra. Digamos que no hay una verdadera voluntad de establecer límites y de hacer una pedagogía en racionalizar tanto los consumos como el uso del vehículo privado.
Me imagino que estará un poco cansada de dar explicaciones, pero ¿ha sido duro romper con IU?
Sí, el tomar una decisión, un cambio de rumbo siempre supone una reflexión profunda y una situación compleja e, incluso, difícil. He dicho por activa y por pasiva que agradezco mucho a toda la organización y a la militancia el tiempo y las oportunidades que he tenido en IU. Siempre he tratado de corresponder en los puestos de representación con toda la dedicación y toda la intensidad, pero ahora hay un cambio que para mí era imprescindible y que además creo que es mejor para todos.
En esta decisión, ¿pesó más el descontento con IU o que le atrajo mucho Equo?
Digamos que una cosa lleva a la otra. Al final el debate que para mí es absolutamente indispensable es el de la izquierda en su conjunto. La izquierda debe entender sus diferentes expresiones y ha de trabajar, en mi criterio, mucho más en una especie de cooperativa o colaboración política que en una confrontación o en un deseo de hegemonía de unos frente a otros.
Dani el Rojo dijo en la fiesta de presentación de Equo en Madrid que hoy la solución ya no es la revolución, sino el movimiento ecologista, en el sentido de que ante esta crisis económica solo una respuesta ecologista era viable a largo plazo. ¿Está de acuerdo?
Lo que está claro es que esta crisis económica no es una crisis financiera, sino que es energética, de recursos, de distribución y alimentaria. Esto tiene que ver con la ecología política, con comprender que el modelo de crecimiento y desarrollo está relacionado con los límites de los recursos del planeta. Yo añadiría que posiblemente estas palabras son anteriores a algo que hoy por hoy se está haciendo muy visible, que es el cuestionamiento de los sistemas institucionales, políticos y democráticos. En este momento, lo que hay es una rebelión ciudadana frente al chantaje de los mercados y las soluciones a la crisis, que alcanza una dimensión muy potente y atraviesa todo el análisis político.
¿En qué momento los partidos dejan de hacer las cosas que piden los ciudadanos para hacer lo que les exigen los mercados, como por ejemplo la reforma de las pensiones, con la que los españoles no estaban de acuerdo?
Es un chantaje. Se produce una fortísima presión, el miedo se impone y ya no es posible hacer las cosas de otra manera. Pero se impone la única solución que hay frente a esta situación, que es lo que una inmensa mayoría ha dicho en la calle. Por lo pronto, la gente no se ha callado y ya no vale esta relación interna, endogámica, institucional de los partidos con el poder económico. Ahora todo el mundo va a tener en cuenta lo que yo espero que sea un poder ciudadano real.
¿Cómo un Gobierno puede oponerse a hacer esas reformas cuando estamos en un mundo global y los mercados te pueden arrastrar al abismo?
En el momento que se identifica a los responsables de la crisis, está en la soberanía de los gobiernos ejercer el control y las soluciones antes que ponerse a rescatar a bajo interés a un sistema financiero que era el responsable de la crisis. Ceder en ese momento significa que a la vuelta los mismos que generaron la crisis y sus agencias de calificación tratan de imponer sus recetas al resto y vuelven a situarse de árbitros otra vez.
Se la ve muy esperanzada con el 15-M, ¿cuáles cree que son sus posibilidades?
De momento, creo que quien de alguna manera está incorporando la reflexión y haciendo en parte autocrítica es la política. Se están produciendo debates sobre los sistemas electorales, la transparencia o la obligación de rendir cuentas, que son patrimonio de luchas en la calle del movimiento del 15-M. Pero quienes parecen que todavía son muy refractarios son los poderes no representativos,el sistema económico-financiero o los grandes medios. En cuanto a qué futuro tiene, yo siempre he dicho que lo que se estaba reivindicando es algo que venía para quedarse.
El seguimiento que consiguen las convocatorias de protesta de partidos políticos y sindicatos es muchas veces limitado en comparación con otras épocas, pero ahora ciudadanos anónimos han conseguido crear este movimiento. ¿Qué le parece la capacidad de convocatoria que tiene el 15-M?
Hace mucho que decía que hay estructuras que estaban totalmente fuera de su tiempo, que hay cosas que seguían con los mismos planteamientos del siglo XX y en algunos casos del XIX. Es un cambio de óptica y estamos entre otras cosas en una era digital con muchísima más capacidad y más exigencias. Las estructuras tradicionales podían pensar que la sociedad civil estaba aletargada, pero quizá no se daban cuenta de que era lo contrario, que no respondían porque no interesaba. Hay unas señales muy claras y la gente se lo quiere tomar como coyuntural. Yo no. Yo creo que hay un verdadero cambio de época. Los partidos tienen que hacer autocrítica, unos más que otros, pero es el sistema en su conjunto lo que se está cuestionando. Y claro que hay gente que se ha dejado la piel, yo he estado en la calle… pero no me tomo como una ofensa personal determinados mensajes que escucho.
¿Este era el cambio que esperaba Inés Sabanés?
Aunque lo veas venir, el protagonismo es de otros. Si has pasado veinte años diciendo lo mismo y no has tenido poder para que se escuche, no lo habrás dicho igual. No puede ser un elemento de frustración. Es un proceso muy interesante y no hay ni que pretender abducirlo, ni interpretarlo de mala manera, ni ahormarlo en lo existente, porque precisamente es una ruptura de exigencia y de cambio.
Por último, ¿por qué cree que la izquierda, no solo en España, está perdiendo fuerza a la vez que hay tanto descontento social?
Lleva tiempo. Yo veo que la izquierda no ha sabido explicar, mantener y defender un mundo globalizado desde sus valores y sus luchas, que son la explotación laboral, la precariedad, la justicia universal o los colapsos ambientales. La triste realidad es que por cesiones de la socialdemocracia a presiones de los poderes económicos, finalmente, la narración o la explicación de un mundo globalizado se ha hecho más entendible desde las posiciones neoliberales de la derecha que desde marcos de referencia de la izquierda. Y cuando la izquierda, en este caso la socialdemocracia, abandona sus marcos de referencia y claudica ante las posiciones y políticas de derechas finalmente lo que gana fuerza es una posición única. Y en cuanto a la izquierda alternativa, durante este tiempo ha tenido muchas más luchas identitarias que de intervención en un mundo en el que millones de personas están reclamando voces claras y contundentes con referentes de izquierda.