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Madrid Río contado a los madrileños

Madrid Río contado a los madrileños

Por Carmen M. Gutiérrez
miércoles 27 de julio de 2011, 00:00h
Actualizado: 28/07/2011 12:38h
Este verano han empezado a realizarse las primeras visitas guiadas a Madrid Río organizadas por el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento, con muy buena acogida. Son una buena oportunidad para entender los porqués del proyecto e, incluso, tomarse con humor la obra más emblemática de la capital en los últimos tiempos.
Es viernes, son las 19.00 horas y el sol pega con fuerza. Casi una treintena de de personas esperan a que comience la visita a Madrid Río en la salida del metro de Marqués de Vadillo. El grupo es bastante numeroso, lo que refleja el interés de los madrileños por la transformación de las márgenes del Manzanares.

La primera parada es uno de los salientes del rehabilitado puente de Toledo. Utilizados como miradores, lo mismo que antes servían para divagar sobre la tardanza de las obras, ahora permiten contemplar una amplia perspectiva de la recién estrenada zona verde con el reluciente puente monumental de Perrault en el horizonte. Aunque parecía imposible, finalmente la promesa se cumplió y el parque se abrió el 15 de abril, poco antes de las últimas elecciones municipales.

En este punto, el guía muestra unos paneles en los que se ve el antes y el después de algunos puntos de Madrid Río. Las fotos son esclarecedoras: en el espacio por el que antes pasaban miles de coches cada día arrinconando el Manzanares, ahora se levanta un parque lineal. "Las obras de soterramiento han supuesto uno de los mayores reequilibrios ecológicos de la ciudad", resume el monitor. La gente asiente. El resultado gusta.

Es el momento de los datos oficiales: 1,2 millones de metros cuadrados liberados por el soterramiento, 33.000 árboles de 47 especies diferentes, 480.000 arbustos, 30 kilómetros de sendas ciclables y 33 puentes para cruzar el río.

Un suelo de la nada
La visita continúa en los jardines bajo el puente de Toledo y enseguida el grupo encuentra el Salón de Pinos, el elemento que da continuidad al parque a lo largo de seis de sus once kilómetros. Las especies elegidas son pino piñonero y pino carrasco y están plantados sobre la M-30 soterrada. "Esto no es magia", dice el guía con tono jocoso y, a continuación, explica lo complicado que fue "construir un suelo de la nada".

Para que los túneles no tuviesen que aguantar mucho peso, se utilizó poliespán como material drenante, en vez de grava. Bajo este material, una capa aislante inclinada para arrastrar el agua. "¿Hacia dónde?", pregunta el guía. La respuesta casi unánime es "hacia el río".  Pero no. El guía explica que, al contrario de lo que se podría pensar, el agua es recogida en unos estanques para después ser depurada y reutilizada en el riego de las zonas verdes. Sobre el poliespán, se puso tierra para que los árboles pudieran crecer.

—¿Van a sobrevivir los pinos con tan poco fondo? —pregunta uno de los integrantes del grupo.
—Los pinos no necesitan mucho suelo y tienen hasta tres metros de profundidad —responde el guía. Todo el mundo queda más tranquilo.

Los pinos de Madrid Río están torcidos y bifurcados, lejos del ideal de árbol de jardinería. Fue una decisión destinada a que en el menor tiempo posible diesen sensación de "bosquete". Cabría pensar que los tutores rojos que lucen muchos ejemplares son para evitar que vuelquen, pero en realidad son un elemento estético, según explica el guía ante la sorpresa de los presentes.

Una única senda

Otra de las decisiones constructivas sobre la que la visita guiada arroja luz es la creación de una única senda, que tienen que compartir peatones, ciclistas, patinadores y maquinaria de servicio, lo que ya ha dado algunos quebraderos de cabeza. La explicación es que al ser un parque lineal a lo largo de un río, que en algunas zonas se estrecha hasta los 40 metros, no era posible hacer una vía para cada tipo de usuario y ahora la solución es el respeto entre todos, aunque son los peatones quienes tienen prioridad.

El grupo llega a una de las fuentes "camufladas para no gastar" de Madrid Río, ironiza el guía. El calor aprieta pese a ser la última hora de la tarde y la visita aprovecha para beber agua. Están insertadas en unas moles cuadradas de granito gris y la gente empieza a preguntarse qué es eso. "Una salida de emergencia", "algo habrá debajo", "respiraderos de la M-30" son algunas de las opciones que se oyen. La respuesta correcta hubiese sido "salidas de humo de la M-30", pero el guía no la da.

El parque de Arganzuela es donde más esfuerzos ha depositado el Ayuntamiento porque era el único parque de la zona antes de la remodelación. Aquí está la ya famosa 'playa de Madrid', que consiste en tres láminas de agua con juegos de chorros, que el día de la primera visita están acordonadas para mejorar el césped. El agua es un elemento central del parque. Además de la playa, hay una serie de fuentes rodeadas de frutales, como manzanos o higueras, que quieren representar "el edén, el paraíso", relata el guía. Al llegar a una de las fuentes con un juego de agua que recuerda al efecto que hace un váter al tirar de la cadena, el guía espeta: "Hemos llegado al desagüe de Madrid Río". Risas.

—Se habrán quedado sin dinero, pero por lo menos se ve dónde está —dice una señora a otra mientras caminan.
—Esto ha sido faraónico. Las obras de El Escorial que nunca acababan, pero ahora ves gente aquí a todas horas —le responde su compañera de visita mientras los miembros de la comitiva vuelven al punto de partida, satisfechos tras conocer algunos de los misterios de Madrid Río.
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