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Sin pudor

Sin pudor

Por Mara Colás Amor
viernes 15 de abril de 2011, 00:00h
No duelen prendas porque no hay pudor en sacar lo mejor, para convencer a quien sea de lo buenísimos que somos (son)… Estamos en el mejor de los tiempos, cuando se limpia la casa y se sonríe sin piedad (entre ellos). se besan como Judas y se hermanan como si la bilis no se recordase en imágenes de antaño, retenidas en nuestras pupilas.

Pero mientras arreglan baches, pintan fachadas, inauguran parques, hablan de oído sobre salud, alguno, ¡como si entendiera! (Claro que yo creo que la ministra tampoco es que entienda mucho, pero para eso se tienen los asesores, para que ellos cubran de sabiduría el desconocimiento). Pero a lo que vamos, que mientras, el precio de un voto es incalculable en lo que a Madrid se trate.

Hoy pasaba delante de un negocio que ha estado toda mi vida en el mismo lugar, en Pío XII; era clásico de años y ha desaparecido, se vende el local de siempre. Antaño vestidos de fiesta y novia hoy, inerte, completamente vacío. Y es la muestra de lo que muchos de nosotros observamos en este Madrid cambiante.

No obstante, se invierte en ponerlo bonito, ¡pero bonito de verdad! Pero a mí me gustaría ver algo de humanidad en lugar de mejoras, una pizca de comprensión, una fórmula de ayuda que no fuesen presentes ni limosnas, “un poquito de por favor”, por favor.

De pronto hay más de 140 calles que el Ayuntamiento está asfaltando en el último minuto, y Tomás Gómez que sigue erre que erre con el tema de plan oculto del copago sanitario que, por cierto, debe de ser algo durillo de oído este señor porque hasta tres veces le ha contestado la presidenta que mientras ella este en el cargo, eso jamás será implantado en la Comunidad de Madrid.

Y los mendigos, esos humanos que han crecido en proporción asombrosa (¡y seguro que por gusto!), molestos porque no van acorde con esta ciudad pulcra y moderna; si se encuentra una ley que lo permita, podrían ser retirados de la vía pública, si es que hay plazas asistenciales gratis (o si ellos quieren, que para eso son libres) o mejor: hagámosles reservas de pobres…Y mientras, sigamos ciegos todos con nuestras subvenciones al cine, a los cocineros ricos, a los sindicatos chupones, a las organizaciones de ayuda a absurdos latinoamericanos, a la replantación del tomatar de Indonesia, a la lubricación de los árboles del tomillar, a la quema de brozas de Gambia o a la utilización del sombrero cordobés de Zimbabwe, etcétera. Total, hemos olvidado que es tener un ápice de pudor.
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