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Enrique Tuñón, vicepresidente de GINSO

'Los menores necesitan límites'

"Los menores necesitan límites"

lunes 28 de marzo de 2011, 00:00h
Enrique Tuñón fundó, junto a Alfredo Santos -actual presidente-, la Asociación Ginso, creada para reinsertar a menores que cumplen medidas judiciales. En Madrid el 89 por ciento de jóvenes que pasan por la Agencia para la Reinserción y Reeducación del Menor Infractor, dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior no reincide. Madridiario entrevista a Tuñón para concer las claves de este éxito.
-¿Qué es y a qué se dedica la Asociación para la Gestión de la Integración Social GINSO?
Fundamentalmente gestionamos centros de menores infractores, pero no nos quedamos ahí. Tras el periodo de internamiento hay que seguir trabajando. GINSO se ha empeñado en continuar con el proceso a través de una serie de programas financiados por la Comunidad de Madrid. Tenemos una oficina de inserción laboral allí donde hay un centro grande con la que tratamos de captar trabajo para los menores. También nos preocupamos de ofrecerles formación laboral. Hay que tener en cuenta que al menor no se le puede tratar como si estuviera en situaciones estancas, sino que va pasando por distintas etapas. Después de un periodo de internamiento no le puedes poner de repente en la calle y decirle que se busque la vida. Nosotros hacemos un seguimiento hasta conseguir que ese menor se encuentre totalmente reinsertado. La evolución tiene que ser positiva, sino es así, habremos fracasado. Eso no significa que hayamos hecho mal nuestro trabajo, hay menores con los que se mejora pero, bajo mi punto de vista, siempre va a haber menores que cuando salgan vuelvan a delinquir, eso es inevitable. Hay formas de ser que son difíciles de cambiar.

-Desde GINSO se apuesta por la formación vinculada al empleo. ¿Cree que la reinserción pasa necesariamente por el trabajo?
Totalmente. A un menor le puedes decir que no hay que delinquir pero si cuando sale no tiene de qué vivir, qué va a hacer. Tenemos que trabajar para que tengan herramientas con las que luego valerse. Tenemos programas (Intégrate, Premisa, Paso a paso, Inserta, etcétera) y talleres de mecánica, de reprografía, de gestión, de fontanería, de electricidad o de auxiliar de veterinaria. Es fundamental que los chicos trabajen, no vale con los cursos. Se tienen que crear unos hábitos laborales. El menor tiene que saber que trabajar es duro, que hay que levantarse a las siete de la mañana y que hay que estar todo el día. Todo eso requiere un aprendizaje. Se están obteniendo muy buenos resultados, esa es la verdad. Cuando consiguen reinsertarse es un éxito. A veces te llaman para darte las gracias, eso te llena de orgullo.

-¿Cuáles son las profesiones más demandadas por los menores infractores?
El taller de mecánica y el de chapistería. Son dos talleres que les gustan mucho.

-¿La crisis afecta directamente a las posibilidades de reinserción?

Sí. Lo ideal sería no ofrecerles solo una formación laboral, sino además un trabajo. En Andalucía trabajábamos con empresas de mármol con las que teníamos un filón. Los menores salían ‘colocados’. Ahora la situación es dramática. ¿Qué alternativa tenemos? Fundamentalmente convenios con los ayuntamientos para que nos permitan trabajar con ellos. Convenios para mejorar las calles, los jardines o los parques de los municipios.

-En la Comunidad de Madrid los niveles de reincidencia son muy bajos, ¿a qué se debe este éxito?

Cuando nos enteramos de que un menor ha vuelto a cometer un delito nos lo tomamos muy mal, hay unas plantillas implicadísimas que lo sufren de una manera importante. Para conseguir buenos resultados es además importante que el centro tenga los medios necesarios. Nuestros centros son más bien complejos, porque cuentan con instalaciones enormes. En Brea de Tajo tienen hasta su propia panadería e instalaciones deportivas con entrenadores deportivos. Con un centro de 15 o 20 plazas es difícil que puedas ofrecer todo lo que nosotros ofrecemos. Yo estoy en contra de la masificiación, por supuesto, pero es verdad que hay determinados servicios que solo pueden hacerse en centros bien equipados. Luego tenemos módulos que son como ‘mini-centros’, con un máximo de 12 plazas, para trabajar de manera independiente cuando interesa. Eso es fundamental para que puedas hacer una buena clasificación por edad, tipo de delito, evolución, etcétera. Es fundamental también que les puedas dar servicios y profesionales. Tenemos hasta una unidad móvil dental que les está haciendo a los menores una inspección dental y una limpieza bucal. De esta manera evitamos sacar al menor fuera y esposado. Nos podemos permitir este lujo porque tenemos un centro grande y puntero.

-El Teresa de Calcuta lleva abierto desde el 4 de octubre de 2006. ¿Qué balance hace de estos años?
Se fue abriendo por fases y a día de hoy cuenta con 218 plazas. Se han superado con mucho las expectativas. Para definir el balance yo creo que la palabra es genial. Sin caer en la arrogancia, eso sí, porque mientras haya ese 11 por ciento de reincidencia tendremos que seguir insistiendo. No tiene nada que ver el antes y el después de esta región con respecto a la delincuencia juvenil desde la apertura del Teresa de Calcuta. Ya no solo por el centro, que es nuestro 'buque insignia', sino porque además se han creado una serie de programas financiados por la Comunidad de Madrid que nos permiten que tras un periodo de internamiento se siga trabajando con el menor.

-¿Qué objetivo se plantean de cara al futuro?

Sobrevivir. Nosotros ahora mismo sabemos cuál es la situación, y más en relación a los temas sociales. GINSO es fuerte y tenemos la misma ilusión que el primer día, con la mejor plantilla que puede desear nadie, procurando siempre que la promoción sea interna. Es dificilísimo trabajar con menores y hacen falta muchos años para tener una plantilla como la nuestra. Nuestros trabajadores saben mantener las distancias pero sin dejar de dar apoyo a los menores. Nuestro objetivo es seguir como estamos. Soy un firme convencido de que se está haciendo una labor muy buena. Lo que pasa es que es muy desagradecida. Trabajar con menores es complicado. A veces te dicen “encima de lo que han hecho, mira todo los que les dan”. Yo les respondería: “¿No es más inteligente que el menor que solo ha aprendido a delinquir aprenda a hacer otras cosas? ¿Es acaso mejor que les tengamos encerrados en dos por dos durante cinco años y reincidan nada más salir?”.

-¿Cree que es necesaria una reforma de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor?
No me considero preparado como para decir si hay que hacer o no una reforma. Sobre este tema opina todo el mundo y yo creo que deberíamos cortarnos. Es evidente que todo es mejorable. Yo no coincido al cien por cien con esta ley, pero creo que es una buena ley. Trabajé Instituciones Penitenciarias y por mi experiencia se que se trabaja muy bien. Pero no es lo mismo un centro penitenciario con 1.800 presos y módulos de 144 plazas que un centro de menores con 218 y módulos de máximo 12 plazas. ¿Cómo vas a trabajar igual? La oportunidad que estamos dando a los menores y a la sociedad con esta ley es digna de elogiar.

-¿Que puede hacerse con los casos más graves?
Si un menor mata a una persona es horroroso. Pero esto es una excepción. Yo no me atrevo a decir qué hay que hacer con los menores que cometen este tipo de delitos. Entiendo que la familia que ha padecido esa barbaridad no puede pensar en otra cosa. Pero no podemos olvidar que el 99 por ciento de los menores que se encuentran internos en un centro tienen delitos de otro tipo, que no son tan graves. Por favor, que ese uno por ciento no salpique las posibilidades de reinserción del otro 99 por ciento. Está claro que no se puede tratar igual el comportamiento de un chaval que roba móviles todos los días que el de otro que lo que ha hecho es matar y violar.

En los centros se acostumbran a madrugar, a tener horarios, clases, trabajos, talleres… Hacen vida parecida a la que luego deben hacer en la calle. Tienen personas que se preocupan por ellos y que les ponen límites. Necesitan límites. Es difícil saber cómo ponerlos, es un trabajo complicado pero apasionante. Que nadie se engañe, quitar la libertad es muy duro pero para un menor lo es mucho más duro. Aunque han cometido un delito y tienen que pagar por lo que han hecho. Pero si al mismo tiempo consigues hacer algo positivo con él, pues mejor. Esa es la clave. Cuando al final lo consigues es satisfactorio plenamente. 
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