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La mentira y la verdad

La mentira y la verdad

Por Pedro Fernández Vicente
miércoles 03 de noviembre de 2010, 00:00h
La verdad y la mentira. Dos conceptos interesantes en el mensaje político. No es frecuente que alguien acepte haber mentido en toda su extensión y mucho menos haberlo hecho voluntariamente. Pero se hace. La mentira, como producto de la imaginación, tiene tantas versiones y variaciones como queramos. La mentira se interpreta para aproximarla a la verdad, a esa verdad que pretenden sustituir, pero siempre se mueve en terreno movedizo y pantanoso. La mentira tiene los pies de barro, se cae con un soplo de viento suave. Se tambalea frente a las preguntas y el tiempo termina dañándola sin límite. Al contrario que la verdad. Un concepto sólido, con pocos problemas al defenderla que gana terreno a medida que pasa el tiempo. Con la verdad se va a todas partes, dice un refrán, y  es cierto. La verdad es sólida, responde con certeza y agilidad a cualquier interrogatorio. Es posible, fácil incluso, que sea vencida por la mentira en ocasiones, pero solo en el presente. El futuro termina por sacar a la luz la realidad, aunque sea tarde para su defensor.

En política se usa con frecuencia esa mentira que no lo es. Simplemente es un ejercicio de funambulismo terminológico práctico para determinadas aspiraciones. Se trata de callar segundas partes, decir y callar al mismo tiempo, interpretar sin aclarar conceptos o mentir directamente, negar hechos o acontecimientos.

Son siempre decisiones poco recomendables en el medio recorrido, en política y en cualquier otra actividad. Es cierto que una medio verdad bien instrumentada y argumentada con credibilidad, puede hacer ganar unas elecciones, salir airoso de un momento crítico, responder con cierto decoro a una pregunta incómoda o disponer de un tiempo de margen para pensar. Pero a ese truco verbal le puede suceder un disgusto imprevisible, una pérdida de imagen irreparable o una crisis que se podía haber evitado. Y ocurre frecuentemente.

No hay más que poner un poco de atención. Como ejemplo de estos dias, el Presidente de EE.UU. que puede encontrarse en una situación delicada para llevar adelante su proyecto, precisamente por eso, por la pérdida de credibilidad. La imagen de la campaña no se corresponde con el después. Demasiado contraste que terminó pagando. Ocultó los sacrificios, pero estos llegaron y nadie estaba avisado.

Lo vimos con Zapatero cuando nos dijo aquel 29 de Diciembre que ETA estaría peor dentro de un año y al día siguiente volaron un aparcamiento de la T-4. Una muestra más fue cuando Aznar  aseguró ante las cámaras de televisión que en Irak había armas de destrucción masiva o cuando Zapatero dijo que no existía la crisis.

¿Son mentiras?. Quizá no. Simplemente se oculta el dato incómodo que, supuestamente, puede perjudicar, en el caso de Obama; o la utilización de la imagen para garantizar una situación de la que no se conocen los datos, como les ocurrió a ZP y Aznar con el terrorismo y la guerra. En cualquier caso, la mentira ronda la afirmación. Nadie podría calificar de verdad esas afirmaciones. Sin embargo lo hicieron. ¡Que parezca que lo controlamos!. Pero no era así y el tiempo destapó la verdad y puso a la mentira en su sitio. Faltó preparación, sobró precipitación sobre lo que se podía y se debía decir. Zapatero se sentía obligado a conocer la situación en que estaba ETA, pero no lo sabía y se excedió. A Aznar le faltaban datos para tomar una decisión y lo escondió. Ambos se comprometieron en una afirmación que no controlaban.
En el lado contrario está Suárez que nos dijo que traería la democracia y la trajo. Y ahí está su imagen para la historia. Felipe González, al margen de otras cuestiones, anunció el cambio y cambió España para siempre, y Aznar dijo que mejoraría la economía y llevó a España a cotas de bonanza que permitieron estar en el Euro en la primera velocidad, de la que se dudaba entonces. Como premio popular incrementó el número de escaños, a pesar de haber gobernado cuatro años. Los ciudadanos no son tan tontos como algunos se creen.
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