A pesar de ello, la barrera creada ante la contemplación de un concierto cuidado hasta en sus más mínimos detalles se rompió en varias ocasiones cuando los 45 músicos de la Royal Philarmonic Concert Orchesta, dirigidos por Steve Mercurio, se convirtieron en una enorme banda de rock al servicio cómplice de los compañeros del artista como el guitarrista Dominic Miller, el batería David Cossin, el contrabajista Ira Coleman, el persucusionista Rhani Krija y la vocalista Jo Lawry que fue ganando protagonismo a lo largo de la velada.
Symphonicity, la gira que Sting inició en Vancouver a comienzos de junio y que en España ya había pasado esta misma semana por Bilbao y Barcelona, es la demostración más palpable de cómo este músico de 59 años , que ha vendido casi 100 millones de álbumes a lo largo de su carrera, tanto junto a The Police como en solitario, se siente absolutamente cómodo con la versión musical que le ha dado a sus viejas canciones.
Arrancó como en el resto de la gira con If I ever lose my faith in you, e inmediatamente saltó a los éxitos de The Police, Every little thing she does is magic y a una Roxanne mucho más tranquila que el público, que prácticamente llenaba el Palacio de los Deportes –sólo los laterales del anfiteatro superior estaban semivacíos- coreó.
A lo largo de casi tres horas -20 minutos de descanso incluidos-, Sting se hizo acompañar por los músicos de su banda y por distintos profesores de la orquesta –clarinetista, trompetista, concertino- para desgranar, en ocasiones tras una breve presentación en castellano, canciones como Englishman in New York, This cowboy song, Whenever I say your name, Fragile Shape of my heart o Moon over Bourbon Street. Impresionó Russians, convertida en la versión orquestal en auténtico himno sobre la guerra fría.
El público –formado por jóvenes y no tan jóvenes que habían pagado entre 46 y 126 euros- salió satisfecho, aunque estaba claro que les habría gustado corear y bailar más canciones, algo imposible ante un formato poco proclive a ello. No obstante se quitaron las ganas con Next to you, King of pain, Every breath you take o She's too good for me. La sonrisa de Sting, tras tres horas de concierto con cuatro bises, el ultimo a capella, parecía indicar que él también estaba contento del resultado.Y tenía razón.