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Sin Madrid no hay huelga

Sin Madrid no hay huelga

jueves 23 de septiembre de 2010, 00:00h
Otra vez Madrid. Testigo de todas las grandes protestas, dilemas y manifestaciones que se precien, la capital del reino se prepara para afrontar una nueva encrucijada, esta vez con el telón de fondo de una huelga general, y los sindicatos empeñados en la legítima aspiración de paralizar el centro neurálgico del país.

La primera batalla de esta guerra ya se ha librado, y aunque el recuento de bajas no deja vencedores ni vencidos, si nos trae la certeza de encontronazos más fuertes. La negociación rota entre el gobierno de Esperanza Aguirre y los representantes de los trabajadores para pactar unos servicios mínimos, es el preludio del paro que se vivirá a nivel nacional, pero que tendrá en Madrid su mayor examen para determinar el éxito o fracaso de la convocatoria. No en vano los sindicatos van a echar el resto en la capital, conscientes de que todo el país estará mirando como se desarrollan las cosas durante la primera hora de la mañana en el transporte público, verdadero motor de la ciudad. Pasada la medianoche, hora de brujas, en los cambios de turno de factorías, Mercamadrid y otros grandes centros de trabajo que desarrollan su actividad en las horas de oscuridad, los piquetes informativos organizados por las centrales sindicales se emplearán a fondo para convencer a los reticentes de que esta huelga es necesaria y justa, mientras se espera el clásico dato del consumo eléctrico para calibrar la actividad de la industria patria durante la noche. Ocurrirá en muchos puntos de la geografía nacional, pero sin Madrid bloqueado, el paro se quedará huérfano de grandes imágenes para abrir diarios e informativos de televisión.

En el PSOE, tanto desde Moncloa como en Ferraz, más que tener opinión sobre este asunto lo que desean es que pase cuanto antes. No se incordiará demasiado en la guerra de cifras que se desatará durante la jornada, para no mosquear más de lo debido al compañero Méndez y al camarada Toxo, dejando correr las horas para que el tiempo haga su trabajo, y los que no lo hayan hecho durante el día vuelvan a la normalidad laboral. En el fondo, tras las cornadas despiadadas de unos poderes económicos mundiales insaciables, a las que el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero plantó cara el tiempo que pudo, desde la izquierda se asume con resignación que al menos los sindicatos deben estar en el papel que les corresponde, una vez que los mercados del dinero parecen haber ocupado el que le tocaba a la soberanía nacional. Con los negros nubarrones que se ciernen sobre el futuro electoral de los socialistas, una movilización social importante apadrinada por sindicatos de clase vendría a ser, más que una reprimenda para el gobierno, un hilo de esperanza para pensar que no todo está perdido.

Ion Antolín Llorente
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