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Viejo muere el cisne

Viejo muere el cisne

domingo 04 de diciembre de 2011, 00:00h
Título: Viejo muere el cisne.
Autor: Aldous Huxley. Traducción de Enrique Sordo.
Ficha editorial: Seix Barral. Barcelona, 1986.
El autor
Miembro de una distinguida familia de biólogos e investigadores, en posesión de vasta formación científica y humanística, el escritor británico Aldous Huxley (1894-1963) de quien ya nos hemos ocupado aquí, es un caso ejemplar de utilización del discurso narrativo como vehículo ensayístico sin renunciar nunca a las propiedades específicas de la novela. Son cenitales en este aspecto la celebérrima 'Un mundo feliz' (1932), una antiutopía sobre el control del mundo por el poder; la densa y brillante 'Contrapunto', que fue anterior (1928), novela poblada de múltiples historias y perspectivas; 'Nueva visita a un mundo feliz' (1956) y 'Mono y esencia' (1949), que prolongan la línea antiutópica, más 'Ciego en Gaza' (1936), impresionante laberinto de narraciones. Todos estos títulos son capitales en el decurso de la narrativa contemporánea. No suele incorporarse a esta serie de obras maestras 'Viejo muere el cisne' (After many a summer, 1939), pero es un texto digno de ser atendido.

Resumen argumental
Las brillantes cualidades de estilista y ensayista de Huxley se muestran aquí en todo su esplendor, pero no se trata solo de ellas. La novela plantea nada menos que el tema de la inmortalidad del hombre, que mediante la prolongación artificial de la vida humana aspira a conseguir el doctor Sigmund Obispo, que en unión de su ayudante, Peter Boone, se reúne con el millonario americano Joseph Panton Stoyte, en su fabulosa mansión de lujo a las afueras de Los Ángeles, que está obsesionado con el viejo tema de la perpetuidad de la existencia. Completan la brillante reunión Jeremy Pordage, un intelectual hondo, incapaz de ver el mundo fuera de los libros, el anciano escritor William Propter, en quien Huxley se desdobla, y una hermosa muchacha, Virginia Maunciple. Asistimos así a la epifanía de un gran ensayista, que no renuncia, insistimos, a los atributos del narrador. Todo se resuelve en un guiño sarcástico, que vuelve humo la vieja utopía, el viejo mito fáustico.

Valoración

No existe consenso crítico sobre el alcance de 'Viejo muere el cisne'. Se ha dicho que es tan brillante como aburrida, una suerte de fuegos artificiales que, una vez vistos, llegan a cansar. Aun concediendo que esto pueda a veces ser así, resulta difícil no admirar la cultura, la agudeza, la novedad de los puntos de vista que se formulan, la sagaz ironía de que hace gala el autor. Valga la siguiente conversación: "¿Obispo, está usted absolutamente seguro de que no hay infierno? ¿Le es posible demostrarlo? // El doctor Obispo se echó a reír. // -¿Puede usted demostrar que el lado opuesto de la luna no está habitado por elefantes verdes? // -No, pero formalmente... -insistió con angustia el doctor Stoyte. // Formalmente -respondió el doctor Obispo con tono jovial-, no me es posible demostrar aserto alguno que no se pueda verificar" (página 278).

Sección dirigida por
Miguel García-Posada
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