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Resistencia a antibióticos en bacterias humanas y animales

Resistencia a antibióticos en bacterias humanas y animales

viernes 13 de agosto de 2010, 00:00h
La resistencia a los antibióticos es uno de los mayores retos sanitarios de la actualidad. Una dificultad adicional es la que ha estudiado un grupo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que ha identificado y caracterizado un vehículo de genes de resistencia a antibióticos que ha pasado de bacterias que afectan al cerdo a bacterias que afectan al hombre.
No se trata de una alarma sanitaria, se trata de un problema ecológico que requiere una colaboración científica multidisciplinar en la que España debe ser uno de los principales protagonistas.

En el último medio siglo, la utilización abusiva de los antimicrobianos por parte del hombre ha producido una constante presión sobre las bacterias. Esta presión se ha traducido en situaciones de estrés para las bacterias que, como reacción, han desarrollado mecanismos de resistencia frente a los antibióticos. Una de las principales consecuencias negativas de este proceso es la transmisión de los mecanismos de resistencia entre distintas poblaciones bacterianas, incluyendo las bacterias patógenas. Actualmente, la diseminación de la resistencia a los antibióticos sigue en aumento, y es una de las mayores preocupaciones en el ámbito de la salud pública y de la sanidad animal.

El descubrimiento de los antibióticos supuso una de las mayores revoluciones en la medicina moderna. La penicilina, que pertenece a la familia de los antibióticos ß-lactámicos, fue el primer antibiótico descubierto (Fleming, 1928) y en las décadas sucesivas aparecieron nuevas familias (aminoglucósidos, 1944; tetraciclinas, 1948; cloramfenicol, 1949; quinolonas, 1962; etc.). Estos compuestos cambiaron radicalmente la manera de enfrentarnos a las enfermedades infecciosas y actualmente constituyen, junto a la vacunación, nuestro principal arsenal de defensa frente a las mismas. No obstante, las bacterias han sido capaces de desarrollar mecanismos de evasión de la acción de los antimicrobianos. Tanto las bacterias como los hongos producen antibióticos desde hace millones de años de manera natural; los utilizan principalmente para comunicarse entre sí y para competir con el resto de microorganismos. Las bacterias fabricantes de antibióticos poseen, necesariamente, mecanismos de resistencia contra los compuestos antimicrobianos que producen, de otro modo inhibirían su propio crecimiento. Esto significa que los mecanismos de resistencia a los antibióticos surgieron en paralelo a los propios antibióticos. Al mismo tiempo, las bacterias poseen una gran capacidad de adaptación debido a su plasticidad genética y a sus enormes poblaciones, lo que ha favorecido la aparición de nuevos mecanismos de resistencia a los antibióticos a lo largo de los años.

En el laboratorio del profesor Bruno González-Zorn de la Facultad de Veterinaria de la UCM, se estudian los mecanismos de resistencia a los antibióticos en las bacterias. Los integrantes del grupo de investigación analizan los genes implicados en estos mecanismos y los genes relacionados con su transmisión entre diferentes poblaciones bacterianas. Frecuentemente esta transmisión tiene lugar mediante elementos genéticos móviles de la bacteria, como los plásmidos. Los plásmidos son fragmentos circulares de ADN independientes del cromosoma bacteriano. Estos elementos se replican de forma autónoma con respecto al resto del ADN de la bacteria y suponen una gran fuente de intercambio genético entre bacterias al poder transmitirse tanto verticalmente, es decir, de bacterias “madres a hijas”, como horizontalmente. La transmisión horizontal de los plásmidos implica que, con ellos, se transfiere la información que codifican a distintos individuos, que pueden ser de la misma especie pero también de especies, géneros e, incluso, familias bacterianas diferentes. El potencial de diseminación de la información genética que confieren los plásmidos es una de las bases de la dispersión de los genes de resistencia a antibióticos en las poblaciones bacterianas.

En trabajos anteriores, este grupo de investigación caracterizó un nuevo plásmido de resistencia a antibióticos al que denominó pB1000. Se trata de un plásmido de pequeño tamaño que confiere resistencia a antibióticos ß-lactámicos, como son la penicilina, la ampicilina o la amoxicilina. Los investigadores de Veterinaria ya habían descrito la presencia de este plásmido en dos especies bacterianas causantes de enfermedades en los cerdos. Se trata de dos especies pertenecientes a la familia Pasteurellaceae, concretamente, de Pasteurella multocida, que causa enfermedades en gran número de especies animales, incluyendo el hombre, y Haemophilus parasuis, que sólo afecta al cerdo.

El tratamiento de las infecciones que producen estas dos especies bacterianas se basa fundamentalmente en terapia con antibióticos ß-lactámicos. Sin embargo, aquellas bacterias que porten el plásmido pB1000 serán resistentes a estos antibióticos y no se verán afectadas por estos fármacos, que no conseguirán detener el desarrollo de la infección y cuya administración, además, facilitará la dispersión del mecanismo de resistencia, es decir, del plásmido pB1000. Un dato que revela la predominancia de este plásmido en la familia Pasteurellaceae es que, cuando se han analizado cepas de P. multocida y de H. parasuis aisladas de cerdos enfermos en España que no respondían al tratamiento con ß-lactámicos, siempre se ha detectado la presencia de pB1000, es decir, los genes de resistencia a ß-lactámicos podían estar situados en otras partes del ADN de estas bacterias, sin embargo se determinó que, en todos los casos de resistencia, estaban localizados en el plásmido bajo estudio.

El resultado más llamativo se publica en el número del próximo mes de abril de la revista Antimicrobial Agents and Chemotherapy. En colaboración con el Instituto de Salud Carlos III, el grupo de la UCM analizó aislados clínicos de otra especie de la familia Pasteurellaceae. Se trata de Haemophilus influenzae, que es el patógeno más importante de esta familia para el ser humano. Los investigadores analizaron cepas de H. influenzae en las que se había detectado un perfil de resistencia compatible con la presencia de pB1000. Los estudios demostraron que en algunas de estas cepas, procedentes de aislados clínicos humanos, el responsable de la resistencia a antibióticos ß-lactámicos es el mismo plásmido pB1000 que el grupo de investigación había identificado previamente en las cepas procedentes de cerdos enfermos.

Ante la presencia de pB1000 en microorganismos patógenos para el cerdo y en microorganismos patógenos para el hombre, la hipótesis que avanzan los investigadores es que, probablemente, haya sido P. multocida la especie que ha vehiculado el plásmido entre los animales y el ser humano, dado que P. multocida puede afectar a ambos.

 La importancia de este hallazgo radica en que pone de manifiesto la circulación de mecanismos de resistencia a antibióticos entre patógenos animales y patógenos humanos. Es decir, pB1000 pasa de ser una preocupación sanitaria en animales a una amenaza para la salud pública. Por otro lado, este hallazgo nos hace reflexionar sobre la importancia que pueden tener las bacterias animales como reservorio de mecanismos de resistencia para las bacterias productoras de enfermedad en humanos. No hay que ser alarmista, solo cuatro aislados de H. influenzae con pB1000 han sido identificados en el laboratorio del Dr. Campos del Instituto de Salud Carlos III de Madrid entre los años 2000-2009.

El caso de pB1000 pone de manifiesto la necesidad de tratar el problema de la resistencia a los antibióticos desde un punto de vista integral. No sólo se debe imponer un uso racional de los antibióticos tanto en medicina humana como en medicina veterinaria sino que, además, estas dos áreas deben estar coordinadas y aunar esfuerzos en la lucha contra este problema global.
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