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El entrenador

El entrenador

miércoles 23 de junio de 2010, 00:00h
Los mundiales de fútbol no son poca cosa. Cada cuatro años el mundo se paraliza y los bares, restaurantes, oficinas, talleres y otros centros de trabajo y ocio, se convierten en platós improvisados con amplios debates sobre lo divino y lo humano  de cada equipo, de sus jugadores, de sus jugadas, resultados y, sobre todo, de los  arbitrajes. El deporte rey se convierte en el punto de atención número uno del globo terráqueo. Incluso una buena parte de los que habitualmente no se preocupan de las clasificaciones en las distintas ligas, ni les importan los resultados de las competiciones internacionales, durante este mes preguntan, se informan y hacen aproximaciones al mundo del balompié, como buscando un poco de esa atención que solo está a disposición de quienes opinan o escuchan. Un periodo que, a decir por ellos mismos, tortura a esos ciudadanos que desechan el fútbol como alternativa de ocio.

Los aficionados son los destinatarios del espectáculo. Pero no son lo más importante. Ellos siempre están ahí, pase lo que pase; da igual que fichen o que vendan jugadores; que se generen deudas o no, los aficionados siguen de forma religiosa a sus colores allá donde vayan. Son necesarios, pero no se cuenta con ellos para nada, salvo para pagar las entradas. Además de los jugadores, los realmente triunfadores de cada evento, se mueve un sin fin de satélites alrededor de este universo que convierten el campeonato en un atractivo, con miles de periodistas de todo el mundo, encargados de contar lo bueno y lo malo del acontecimiento y su entorno.

Y luego están los entrenadores. Los que siempre pierden, en caso de derrota. El mister, como le llaman los discípulos, es el que tiene que dar la cara. Es el menos valorado por los directivos, al que cesan en el fracaso, pero el encargado de que funcione la maquinaria de unificar esas once voluntades que tendrán que coordinarse durante los 90 minutos. El valor real de estos profesionales, la importancia de los entrenadores, de esos sicólogos, en muchos casos, se ve con claridad en este tipo de competiciones. Figuras  de prestigio como el alemán Hottmar Hitzfeld que después de llevar a las mas altas cotas de la victoria a equipos como el Borussia Dormund o el  Bayern Munich está demostrando, con una selección pequeña como Suiza, que la estrategia a medio plazo y la táctica de cada día, pueden dar resultados sorprendentes. No por ganar, sino por la imagen y el papel de una selección que con haber llegado a Sudáfrica ya es suficiente. Otro hombre al que hay que admirar es Radomir Antic, bien conocido por la afición española y que al frente de los Serbios está dejando una huella positiva.

Pero el entrenador que más miradas suscita, el que más exageraciones promete en la banda y en las salas de prensa, el que no tiene freno en la lengua, el más discutido, criticado y aplaudido es Maradona. Criticado fuera y aplaudido en el campo. Está claro que este hombre cambia cuando hay cerca de él un balón. Maradona siempre ha sabido como tratar a la pelota, siempre sabe lo que hay que hacer. El balón es el gran aliado de  Diego Armando y el que le ha salvado del abismo. Fue recriminado de manera generalizada por sus insultos y el desprecio hacia sus críticos. Pero todo eso se ha olvidado en el rectángulo verde donde se juega al fútbol. Maradona salió de Argentina, camino de Sudáfrica, bajo el síndrome de la locura, pero en el mundo del balón, Maradona, fue y sigue siendo único. Otra cosa es cuando se sienta delante del micrófono.
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