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Cornalón a Aparicio y resurrección de El Cid

Cornalón a Aparicio y resurrección de El Cid

Por Emilio Martínez / DC
sábado 22 de mayo de 2010, 00:00h
El capote negro de la tragedia echó a volar su infortunio sobre Julio Aparicio, corneado dramáticamente en la boca por su primero tras caer a la arena el coletudo. Y ya la tarde se torció además con el pésimo encierro de Juan Pedro y los sobreros de remiendo. Sólo un Cid recuperado que cortó un oreja y detalles pasionales de Morante con el percal la levantaron en parte.
El tópico de cara y cruz de la que hoy no podemos llamar Fiesta, sino Lidia, se queda corto para explicar el ahogo del corazón que sufrimos en los tendidos cuando el hierro candente del asta del burel que abrió corrida atravesó el cuello y la boca de Julio Aparicio tras tropezar este al término de una serie y caer en la cara del animal. La máxima parecía haberse asomado al ruedo venteño mientras llevaban en volandas al coletudo a la enfermería.

La sensación era pésima, aunque después se supo que pese a la espeluznante cogida, de la que tardará mucho tiempo en recuperarse el artista, su vida no corría peligro. La función ya se torció, e incluso pudo hacerlo en mayor medida, cuando El Cid, también durante la faena de muleta, fue volteado como un pelele por el segundo, que  lo tuvo a su merced tirándole derrotes unos instantes eternos y librándose de puro milagro de la cornada.

Ahí se acabaron los sustos, pero una sensación agria nos embargó ya a todos. Igualmente contribuyó a ello el pésimo encierro de Juan Pedro Domecq, no sólo sin trapío para la cátedra venteña, sino también ayuno de casta y fuerza, lo que obligó al usía a tirar de pañuelo verde en dos ocasiones. Aunque tampoco los sobreros bis y tris de Gavira y Camacho mejoraron mucho.

Fogonazos de arte
Menos mal que la entrega, disposición y profesionalidad de Cid y Morante nos permitió noticias positivas. Manuel Jesús, que tras el percance, derrochó testosterona a tope ante su enemigo inicial, brilló brevemente con su segundo a base de pisar terrenos comprometidos y obligarle a someterse a su flámula.

Y sobre todo con el de Camacho, manejable aunque sin clase, con el que el sevillano resucitó profesionalmente. A base de distancia, temple y ligazón, siempre adornados con arte, El Cid, ahora de derechas, casi volvió por sus fueros y aunque sólo hubo una serie de naturales de profundidad oceánica, se ganó una oreja de peso.

Como es lógico, Morante aportó su sello barroco y pasional en un quite a la verónica al que volteó a El Cid, en otro de puro cante hondo a su segundo, que se acabó enseguida y con el que abrevió y en algunos fogonazos de arte en sus dos faenas que no alcanzaron el climax pero que nos pusieron de pie antes de marcharnos con el áspero recuerdo y la tristeza por el cornalón de Aparicio.

Ficha del festejo
Cuatro toros de JUAN PEDRO DOMECQ, muy mal presentados, descastados, nobles y flojos. 4º bis, sobrero de GAVIRA, justo de presencia  y manso y 5º tris, sobrero de MARI CAMEN CAMACHO, sin trapío, noblote y flojo. JULIO APARICIO: cogido por su primero, al que mató Morante. MORANTE DE LA PUEBLA: silencio;silencio. EL CID: ovación; ovación; oreja.. Plaza de Las Ventas, 21 de mayo. 16ª de feria. Lleno con cartel de 'no hay billetes'. Parte médico: Julio Aparicio sufrió herida por asta de toro en región submandibular con una trayectoria ascendente que penetra en cavidad bucal, atraviesa la lengua y alcanza el paladar produciendo fractura del maxilar superior. Pronóstico muy grave.
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