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Memorias sin nombres

Memorias sin nombres

Por Fernando De Salas López
martes 13 de abril de 2010, 00:00h
Estamos ante el último libro de Luis Prados de la Plaza, sensible poeta mediterráneo, experimentado periodista y profesor cuya lectura recomiendo, pues cualquiera sea la edad, clase y condición del futuro lector, es decir, madrileño de nacimiento o de adopción o bien de otra parte de España o de Europa, puede hacerle alcanzar unos altos grados de satisfacción y de gratas sensaciones, tras leer reflexiones con verdadera garra y enorme capacidad descriptiva sobre el ambiente y paisaje del tema tratado. Estoy seguro le van a ayudar a vivir y recordar momentos pasados.

Su objetivo, al escribir el libro, “Memorias sin nombres” ha sido ofrecer una estampa de observación basada en la memoria, el entendimiento y la voluntad que son reflejo del alma. El periodista Juan Antonio Pérez Mateos, autor del Prólogo, abre al lector las  puertas de su interés.

La profesionalidad de Luis Prados, se refleja en  todas las páginas del texto, que constituyen  una larga serie de testimonios vitales y profesionales. Se comprueba con dos citas que menciono a título de ejemplo: la descripción de la ruptura de una tubería que produjo un colapso en el camino de Barajas, con las subsiguientes pérdidas del billete del avión.

Se ha roto la misma tubería de la otra vez. No ha habido manera de localizar, también como la otra vez, al portavoz del Canal de Isabel II encargado de informar. Los aviones volvieron a perderse. La carretera se hizo un puro tapón de vehículos: todos los que transitaban por allí llegaron tarde a sus puestos de trabajo y desde el mismo corazón de Madrid arrancó la caravana, larga y apretada, densa e insufrible para quienes están obligados a un horario preciso. De poco ha servido que todos los relojes se adelantaran en una hora, hace unos días, si el reloj de la previsión –aeropuerto, carretera, tubería– está   parado desde que dio las últimas campanadas…

Fue noticia por su pluma superior a cualquier otra de las páginas del periódico, tanto de nacional o internacional, sucedió el 18 de abril de 1974 y por ese artículo le fue concedido el Premio Luca de Tena.

Y también, cuando, años más tarde, junio de 1993, con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II a Madrid, fue elegido por la Delegación Diocesana para organizar la visita. Se planteó por un grupo de informadores ante el Obispo auxiliar, cuál debería ser el perfil idóneo del jefe de prensa para la solemne ocasión. La opinión de Luis se inclinaba por un profesional acreditado y con experiencia; creyente y practicante, ante todo; bien relacionado con la profesión periodística oficial y oficiosa; que pudiera comunicarse con directores y altos mandos de los diarios; que fuera capaz de incorporarse dos meses antes y seguir algún tiempo después… Hasta completar el programa que habría de desarrollarse; una misión aceptada a full time y, por adelantado, de forma totalmente gratuita. Es decir, no era partidario de un profesional ocupado en otros asuntos ni buscar la posible solicitud de una excedencia que tenía la condición de trámites laborales. Intentaba defender que no estábamos hablando de un puesto de trabajo, por temporal que fuera, sino de una disposición voluntaria. A juzgar por el éxito del acontecimiento, la propuesta había sido acertada. Era la expresión de quien conocía a fondo cómo se debe transmitir un mensaje para que tenga éxito social, para que cada ciudadano disfrute cuando lo contempla en televisión o lee una crónica periodística.

Lógicamente, los premios concedidos a Luis Prados de la Plaza, infatigable caminante buscador de noticias testimoniales, le han llegado en cadena. Ser Cronista de la Villa de Madrid lo fue en 1999.

La presentación de esta obra, el pasado 6 de abril, tuvo el alto marco que corresponde a un Cronista Oficial de la Villa: en el Auditorio de la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Esperanza Aguirre, destacó su amor al trabajo y espíritu liberal. Su vocación de informar a todos y afirmó que sus Memorias son un fiel testigo de su tiempo.

El Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, puso de relieve que el libro “te atrapa desde el comienzo” y contó que Luis ha hecho de todo en el periodismo: ha hecho “cierre”, jefe de noche, etc. Y ha sabido  contar la etapa que hemos vivido, trasladar a los lectores sus vivencias.

El Director del Instituto de Estudios Madrileños, Francisco Portela Sandoval, habló de nostalgias y sugirió que, siguiendo los criterios del actual Plan de Estudios de Bolonia, en las Facultades de Ciencias de la Información, debería ser incluido y de obligada lectura de sus alumnos.

Toda una presentación de lujo, como corresponde al autor y su obra.

Termina el libro, que sabe entretener e informar, recordando la Europa en que estamos inmersos, con estas palabras escritas en Santiago de Compostela en marzo de 1999: El timbre de Europa, su destino social y cultural, resuena en Santiago. Lugar de encuentro y de reconciliación, coincidencia y solidaridad de los hombres.

Al concluir las páginas, el lector será más consciente de la suerte que ha tenido de vivir en Madrid, en España y en Europa.

El éxito que le aseguro y deseo a este libro, le abrirá al autor nuevas puertas a otros reconocimientos.
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