martes 13 de abril de 2010, 00:00h
Actualizado: 21/04/2010 17:51h
Resulta que las farmacias madrileñas van a iniciar una campaña para informar a la población de lo bueno que es comer pan. Vamos, que introducirlo en la dieta no sólo no perjudica, sino que aporta un montón de ventajas. Además, claro, de la satisfacción que uno se lleva, que no es poca cosa en estos tiempos de penurias de todo tipo que atravesamos. Hasta preparan, los responsables del programa, un decálogo de razones para comer pan a diario.
Y es que resulta que en Madrid comemos poco pan: 32 kilos al año por hogar, lo cual es una auténtica birria, si tenemos en cuenta que hay 365 días y una media de tres -o cuatro, con la merienda- comidas diarias en las que se puede utilizar este alimento.
El pan es de esos elementos que han tenido mala prensa y peor publicidad, y han acabado por parecer lo que no son. Porque vamos a ver, ¿cómo puede ser mejor un bollicao o una magdalena industrial a un buen bocadillo como los que nos comíamos cuando aún eramos infantes y -¡ay!- no nos preocupaba la báscula? Pero el pan se hizo con una mala fama que ahora le cuesta mucho quitarse de encima. Y ya se sabe, cría mala fama y échate a morir. Tan simple como es, y tan rico; al igual que el agua, es de esas cosas que nunca te cansas de consumir, cosa que -me han dicho- no ocurre con el caviar, que enseguida te satura.
Claro que para cosas simples, ahí está Tomás Gómez, que en plena carrera frenética por el sumario de la Gürtel, se ha lanzado a pedir la imputación de 45 cargos de la Comunidad de Madrid, entre ellos la jefa de prensa de Aguirre, mi compañera y amiga Isabel Gallego. No acierta, pienso, ni él ni quienes le aconsejan tirar al bulto; siempre es más elegante un golpe preciso, y más eficaz. En todo caso, doctores tiene la iglesia, y jueces los tribunales, para dilucidar y distinguir el trigo de la paja, y las pajas de las vigas en ojos propios o ajenos.