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Clara Sánchez, autora de 'Lo que esconde tu nombre', premio Nadal 2010

'Los nazis nunca se arrepintieron'

"Los nazis nunca se arrepintieron"

Por Celia G. Naranjo
viernes 12 de marzo de 2010, 00:00h
Las amenazas del entorno nazi no le han amargado el Nadal. En 'Lo que esconde tu nombre', Clara Sánchez cuenta a los lectores mucho más que la historia de una impunidad: es una novela sobre la vejez, la juventud, el aprendizaje y la superación del miedo.
Ha recibido amenazas del entorno nazi por su novela...
Pero no es una novela de nazis. Los nazis son un género en sí mismo que abarca el cine, el cómic, la narrativa, porque tenía una estética que ha trascendido. Pero mi novela entra en ese género porque no la tiene. No es una historia de nazis, sino que en ella hay nazis que han envejecido o han muerto y que me sirven para hablar de la impunidad con la que han vivido en Levante y que nos conciernen.

Eso le sirve para hablar de la vejez.
Y de que se aprende hasta el último día de la vida. El aprendizaje no es exclusivo de la juventud, sino que un personaje como Julián, que piensa que la vida ya no le puede enseñar nada más, se da cuenta de que aún le queda un mundo por descubrir, sobre todo cuando conoce a Sandra, la joven embarazada. Y Julián ve que aún tiene que perseguir a ese matrimonio y ponerlo en apuros.

Sin embargo, él no tiene muy claro cómo.
Julián viene atraído por la llamada de un amigo que tenía de joven. Eso, en su vejez, es como recuperar una parte de su mundo. Cuando llega, ve que está solo ante el peligro y tiene que tomar una decisión: o se queda o se vuelve a su país. A medida que toma decisiones y va dejando de lado todas las limitaciones que conlleva la vejez: el problema de las pastillas, etcétera. Él no sabe a dónde le va a conducir todo eso, pero se cuestiona hasta dónde puede llegar la Justicia y qué puede hacer él. Como Sandra, tiene sus propias armas: los conoce, porque ha vivido ese mismo mundo, y además tiene la misma edad, sabe cuáles son sus limitaciones y cómo pueden reaccionar. El lector descubrirá cómo va poniendo en apuros a los nazis.

Sandra también tiene que dejar de lado sus limitaciones: está embarazada.
Son antihéroes. Todos tenemos limitaciones, y la de Sandra es producto de su juventud: está embarazada. Ni ella ni Julián están al cien por cien, al igual que los nazis ancianos. Y eso hace más atractivas las persecuciones de unos a otros.

Usted misma ha dicho que vio a los nazis paseándose por la costa española. ¿Los de verdad son como los de la novela?

Yo tenía noticia de un constructor nazi de un pueblo de la costa; estaba muy integrado y tenía unos apartamentos con su nombre. Y luego había otros de los que se hablaba, pero que vivían más discretamente. Todo el mundo lo sabía.

¿Tanto llegaron a integrarse?

Algunos sí, y otros han estado más refugiados en su propia comunidad. Pero los hay tan integrados que han tenido hijos que se han quedado allí. Esa impunidad es la paradoja, lo que me ha llamado la atención. La literatura me sirve para reflejar cómo vivirían, aunque estuvieran mezclados con los demás, en su mundo paralelo de asociación entre ellos, que existía y existe. Y por lo que yo he deducido, aunque estuviesen mezclados con la normalidad, tenían una especie de aislamiento mental en el que seguían celebrando las fiestas señaladas ellos juntos con los españoles afines y conservando sus costumbres. En ningún momento, por estar mezclados con la gente que antaño habrían podido matar han tenido remordimientos ni ningún tipo de culpa. Llevaban una vida un poco esquizofrénica. Todo lo que cuento refleja el miedo, los pequeños y grandes miedos: el temor a no saber, a no controlar la situación y se te vaya de las manos, a no conocer al otro; el miedo a descubrir algo que te hace pensar: "¿cómo no me he dado cuenta antes?" El miedo a las propias limitaciones para controlar la vida. Y luego el miedo físico, de que te puedan hacer algo. Todo esto lo he puesto fundamentalmente en Sandra, que es el personaje que representa lo nuevo, el presente, y que es la depositaria de todas las dudas y las sospechas.

Esa tensión está sostenida a lo largo de toda la novela...
A ella la recogen los nazis porque es muy difícil que se dé cuenta de nada. Ellos también conservan sus rasgos vampíricos: siempre que han podido robar algo del prójimo lo han hecho, y en este caso necesitan su juventud, y la propia Sandra acaba sintiéndose vampirizada. Pero lo que no se pueden imaginar es que esta chica se va a encontrar con una persona que los conoce y que le va a abrir los ojos. A ella le ocurre lo que a los héroes clásicos que sale de su casa, emprende una aventura y cuando regresa está cambiado. Quizá antes Sandra se había encontrado con otras encrucijadas, pero no estaba preparada para verlo.

Y ahora tampoco lo está para afrontar esta situación…

Pero ahora no le queda más remedio. A veces no lo vemos porque no es el momento, pero la vida, ahí, le brinda a ella lo que necesita para madurar.

¿Qué la hace cambiar?
Adquirir un compromiso, y lo hace porque está embarazada. Al principio nada la retiene allí, pero piensa en su hijo, en que no puede tener una madre que huya.

Usted asegura que la idea de la novela se le ocurrió en los 80...
Cuando todas estas imágenes se metieron en mí, yo no sabía que iba a escribir una novela sobre eso; ni siquiera se me pasó por la cabeza. Pero hay cosas que se te quedan dentro. La mente y el alma son muy selectivas, y luego las ideas salen, aunque pienses que ya las has olvidado. Eso estaba en la retaguardia; mientras tanto me familiaricé con las noticias sobre extradiciones, criminales de guerra... Y nunca había logrado entender por qué habíamos tenido aquía a toda esa gente sin hacer nada, y por qué siguen estando todavía. Es una pregunta que está en el aire y con la que la gente se ha identificado mucho.

¿Cómo se vive eso en un municipio pequeño de la costa?
Para los habitantes del pueblo llegó a ser normal. Durante el franquismo faltaban empleos y algunos trabajarían para ellos, y después no sé cómo se habrá resuelto el asunto de la convivencia. Los vecinos no tiene la culpa; son los gobiernos los que tienen que actuar en este caso. A lo mejor a las autoridades les han resultado muy poco molestos y los tenían controlados, pero estaban ahí. La pregunta es por qué no han actuado: no dejan de ser criminales de guerra.

Los que aparecen en la novela no son precisamente soldados rasos...
Tienen fuertes implicaciones. Ellos han vivido aquí impunemente, en pantalón corto, como monstruos entre gente normal.

'Lo que esconde tu nombre' es una novela sobre esa impunidad.
Sí, igual que ocurre con empresarios, con maltratadores, con personas que logran escapar sin pagar por lo que han hecho.

Después de leerla, se queda uno con ganas de indagar más en cómo viven ellos ese conflicto con entre sus ideas y la sociedad. ¿Nunca tienen remordimientos?
No. Eso es así, está comprobado y atestiguado. Es que eran así. Las personas que cometieron aquellos crímenes son especiales, porque la mayor parte de la gente no lo haría.

¿Ni siquiera tuvieron dudas al pasar los años?
No. Ellos no se han arrepentido ni han pedido nunca disculpas. Eso es así. No se sienten culpables porque cumplían con un deber. Yo creo que por eso han llegado a viejos, porque ese mecanismo mental les ha impedido tener remordimientos y no han tenido conflictos. Si se replantearan todo lo que han hecho, probablemente muchos llegarían a suicidarse. Pero si piensan que todo aquello era por un mundo mejor y había un sistema que lo avalaba, ellos no se sienten como criminales; si hasta les daban medallas por eso. No hay que buscar complejidades donde no las hay.

¿No las hay?
No, porque ellos mentalmente no podrían asumir lo que han hecho fuera del sistema en el que estaban. Por lo que sé de ellos, celebraban el nacimiento de Hitler, hacían fiestas en sus casas... Lo necesitaban para no cuestionarse lo que hicieron. Eran muy estrafalarios.

¿En qué sentido?
Se ponían el uniforme, mantenían esa estética… Se veían refinados. A mí me parecen unos pervertidos.

Sandra no llega a saber con total claridad lo que hicieron esos ancianos en su juventud y sin embargo percibe un peligro constante.
Ella sabe lo que sabemos todos de oídas. Todos hemos visto a la gente consumida, con sus harapos de rayas, los zapatos amontonados en los campos de concentración… Sandra sí tiene estas imágenes, pero es algo que le suena lejano y casi irreal. Cuando ella empieza a sospechar, y ellos de ella, empieza a bordear el peligro y tiene miedo, porque sabe que no tienen escrúpulos. Es el miedo de sentir que un ser humano puede hacerte daño.

Y sin embargo, aunque sería lógico, no huye.
Porque eso es lo que ha estado haciendo toda la vida y de pronto tiene una situación que además la implica directamente a ella. Si se va y lo deja, nadie se va a enterar, ni siquiera su familia, pero ella sí. Y siente que ha adquirido un compromiso con la vida y con Julián. Eso la ata a esa situación y decide seguir adelante. Es lo que yo hubiese hecho: en una situación extrema, cuando se adquiere un compromiso, hay algo que nos hace seguir cuando lo lógico para el que lo ve desde fuera es dejarlo. Pero para el que lo vive desde dentro, el camino lógico no es el más fácil, sino el que le dictan sus emociones y sus estados de ánimo. Sandra está en ese punto en el que necesita comprometerse y esto es lo que le ha tocado.

El punto de ella es muy crítico: no sabe qué hacer con su vida y decide emprender un 'retiro' para pensarlo... Puede permitírselo.
Antes a la gente ni se le pasaba por la cabeza hacer eso.

Así que ella es un reflejo de la juventud actual...
De aquellos que están alargando la juventud. A raíz de esto, Sandra se sitúa en su verdadera edad, porque está alargando una especie de adolescencia. Es el reflejo de una juventud con la que nos metemos mucho porque tiene muchos estímulos externos, pero a la hora de encontrar un trabajo, de realizarse profesionalmente, no tiene tantas oportunidaddes.

Pero la anterior generación espera mucho de ellos, porque piensa que lo tienen más fácil.
El argumento es: “Te lo hemos dado todo, lo has tenido muy fácil”, y no es verdad. Antes había menos estímulos, pero veíamos el camino más claro, porque había menos opciones y sabíamos por dónde teníamos que tirar. Sandra tampoco tiene una vocación muy definida, porque no todo el mundo nace sabiendo lo que quiere ser en la vida. Además ahora pensamos más en nosotros mismos. Ella decide tomarse un tiempo para pensar en su vida, cosa que antes no se hacía. Pero desde que existen los libros de autoayuda se vive de otra manera. Cuando yo era joven eso ni nos lo planteábamos. Lo tenías que hacer, y ya está.

Desde que ha ganado el premio Nadal, la promoción no le deja un respiro...
Pero esto no solo ocurre con los premios. Cuando sacas una novela a la calle, esta se tiene que hacer visible. El Nadal ha encajado muy bien con mi novela; le ha dado mucha visibilidad y los lectores están respondiendo muy bien.

Filóloga, profesora universitaria, escritora de éxito… ¿Qué más se puede pedir?
Yo escribo desde niña. Mi manera de vivir ha sido siempre a través de la lectura y la escritura, y estudié filología porque me parecía lo más afín a lo que yo hacía. Eso me ha permitido conocer mejor la herramienta con la que trabajo. Hay filólogos o profesores de lengua y literatura que se dedican a escribir, pero lo mío fue al revés.

Todo encaja, parece muy lógico.
Sí..., la vida no es nada lógica, y eso es lo que he aprendido con los años. Funciona funciona con leyes que se nos escapan y eso es parte del encanto que tiene. Y por eso uno vive a base de sorpresas, de esa parte de la vida que no se puede racionalizar pero que le da mucho encanto, sobre todo si las sorpresas son buenas. Por ejemplo, el Nadal fue una buena sorpresa.

¿Ha tenido alguna mala?
Siempre las hay. Para mí, todo lo que se ha referido a la literatura, a la escritura, ha sido bueno. Los sinsabores vienen por algo externo, pero eso se olvida, porque lo que queda es el ansia de escribir, que es mi manera de vivir.
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