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Un partido contra Williams

Un partido contra Williams

Por Celia G. Naranjo
miércoles 03 de febrero de 2010, 00:00h
Actualizado: 03/02/2010 17:47h
Raqueta en mano, Rubén, de 15 años, desafía al síndrome de Williams que padece. La constancia y las ganas de divertirse son sus aliados para devolver los 'golpes' de la discapacidad. Así es su día a día.
"¡Hala, a correr!". Así celebró Rubén el 'globo' con el que acababa de obsequiar a sus contrincantes en la semifinal de un torneo navideño de pádel en Las Rozas. A la vista de esto, de sus casi dos metros de estatura y de la precisión con la que golpea la pelota en los partidos, nadie adivinaría el esfuerzo que le ha costado conseguirlo.

A Rubén le tocó la china. Es uno de los escasos afectados por el Síndrome de Williams, una enfermedad rara que afecta a uno de cada 7.500 neonatos. Sufre un retraso mental moderado, tiene problemas cardiacos y le cuesta incluso atarse los zapatos, pero cuando está en la pista de pádel es capaz de poner en aprietos al equipo contrario. Y, con sus casi dos metros de estatura, celebra cada punto como si fuera el definitivo. Su padre, Francisco, desde fuera de la pista le observa y sonríe.

Estos son los frutos de un cambio de filosofía educativa. "Al contrario de lo que hacen muchos padres, yo creo que lo que hay que hacer con los niños discapacitados es meterles toda la caña posible; tenerlos entre algodones no lleva a ninguna parte", explica. Por eso, Rubén no para desde que se levanta hasta que se acuesta: coge el transporte público para ir al colegio, vuelve y parte de nuevo para asistir a las clases de la Asociación Pádel para Todos o de psicoballet, según el día.

Su constancia en estas dos actividades ha hecho posible añadir a su rutina una tercera. Así, los partidos en el Estudiantes son "de lo más bonito que me ha pasado, junto al torneo navideño de pádel", según sus propias palabras. Además de divertirse, su psicomotricidad ha mejorado tanto que ahora es capaz de colocar la bola exactamente donde quiere, pero también llevar a cabo mejor tareas cotidianas, como su aseo personal.

Aunque es difícil que sea capaz de llevar una vida independiente —"hasta ahora no lo ha conseguido ningún 'Williams'—, Rubén se empeña en devolver cada golpe de su enfermedad, igual que en el pádel, para alcanzar el grado más alto posible de autonomía.
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