Madrid: Las personas primero
miércoles 18 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 23/11/2009 18:44h
Madrid es una ciudad fascinante, mágica y llena de contrastes, cuyos gobernantes, en la Comunidad y en el Ayuntamiento, están empeñados en oscurecer, dificultando en cada momento a los madrileños y sus visitantes el vivir, convivir y disfrutar de la capital.
No parece tan complicado que el dinero público se utilice de forma racional y sensata para conseguir esa ciudad que todos queremos, en la que las pequeñas cosas y los espacios públicos estén al servicio de las personas. Para ello, lo que necesitamos, ni más ni menos, son unos responsables políticos que prioricen las actuaciones como se hace en cualquier familia: de lo más importante a lo superfluo, contando con la opinión de todos y siendo plenamente conscientes de que Madrid tiene historia porque existió antes de que llegaran sus actuales gobernantes y tiene presente y futuro porque a pesar de ellos los madrileños tenemos claro que nuestra ciudad la construimos entre todos cada día.
Pero la dura y desagradable realidad es que la incapacidad de gestión de los gobiernos del PP nos lleva a sufrir cotidianamente la imposibilidad de ir andando de un lugar a otro porque todo, absolutamente todo, está lleno de obras, zanjas y vallas, antiguas y nuevas, cuya utilidad está todavía por demostrar; de coger el autobús sin problemas de movilidad, porque el tráfico es asfixiante y los autobuses de la EMT llegan tarde, mal y, por ello, están abarrotados; de respirar sin ahogarnos con una creciente contaminación por encima de cualquier nivel máximo aceptable o legal, como dice hasta el fiscal de Madrid, frente a la que ni se toman medidas ni se hacen estudios epidemiológicos para conocer sus consecuencias.
Esa falta de capacidad para afrontar los retos y las necesidades de la ciudad, más allá de la mera propaganda (ya tan cansina, por cierto), también la notamos en cuestiones tan serias como la imposibilidad de acceder a una vivienda, el recorte de servicios para las personas mayores o discapacitadas, la clamorosa ausencia de plazas para nuestros hijos en una escuela infantil municipal –lo que se convierte en un auténtico quebradero de cabeza si se cuenta, como es habitual, con ingresos medios- o la odisea de intentar practicar deporte en nuestro barrio, con distritos con pocas instalaciones municipales, todas ellas saturadas.
Lo dicho es sólo un botón de muestra de lo que penamos cada día por vivir en esta ciudad, algo doblemente sangrante cuando vemos unos gobernantes madrileños más preocupados de sus peleas de palacio y poder que de mejorar nuestras vidas. Pero esto puede cambiar, si así lo deseamos y trabajamos para conseguirlo. Los vecinos tenemos que luchar por ser protagonistas en la construcción de nuestra ciudad, por no dejar arrinconarnos para solo participar cada cuatro años votando.
Cualquier ciudad tiene su mayor tesoro en las personas que la habitan, y nosotros, madrileños de a pie, vamos a conseguir juntos que Madrid siga siendo fascinante pero moderna, mágica pero sostenible, llena de contrastes pero accesible y libre, porque las personas, que ya es hora, seremos el centro de todas las políticas.