Manuel Cobo, con permiso....
Por
Pedro Fernández Vicente
miércoles 28 de octubre de 2009, 00:00h
Actualizado: 03/11/2009 12:51h
Permitanme una opinión. Más allá de la poco deseable división del PP. Más allá de la falta de responsabilidad entre quienes se enfrentan a la vista de todos, quizá, más por la ausencia de una enérgica decisión de la dirección del partido, que por la necesidad de enfrentarse. Más allá de la petición de unidad, permitanme una opinión. Empezaré pidiendo un poco de comprensión para Manuel Cobo. Que la disciplina del PP no se precipite en esta ocasión, por unas apreciaciones que ya iban siendo necesarias en la vida política.
Y no sólo en el PP. La critica, en política, es necesaria, hace reaccionar a los dirigentes, siempre tendentes a la autocomplacencia y el autoritarismo. No estaría mal que abundasen palabras como estas o las que hizo Joaquín Almunia relativas a José Luis Rodríguez Zapatero, hace algunas fechas. La política necesita un poco de verdad y menos disfraces. Vivimos un tiempo en el que la propaganda llena todo aquello que son incapaces de ocupar con decisiones acertadas.
Reuniones y más reuniones para buscar cajas negras en las que meter los errores y ocultarlos, que no se vean, que nadie los vuelva a recordar. Y así una y otra vez. ¡Estamos hartos de tanta propaganda. Y, en este escenario, palabras sin tapujos siempre son bien recibidas por los ciudadanos. Es verdad que dejan una imagen de división que lamentamos todos. A nadie le gusta ver a uno de los grandes partidos, aspirante a gobernar, metido en líos internos. Porque una cosa son las criticas de unos a otros, pero cuando las palabras gruesas se lanzan contra los propios, todo es peor. Y más en estos momentos, en los que la alternancia en el poder del Estado es una cuestión necesaria, imprescindible, diría yo.
Pero vaya lo positivo en detrimento de lo negativo. Considero que cuantos más “Cobos y Almunias” abunden, menos aprovechados tendremos metidos en política. Y eso será bueno para los administrados, para los votantes, para todos, en definitiva. Cobo, al que conozco desde hace muchos años, es un hombre leal y trabajador. Si no fuera así no podría ocupara el sillón en el que se sienta, a la derecha de Ruiz Gallardón. Confianza que se ha ido ganando poco a poco desde que en 1995 el PP llegó al gobierno de la comunidad de Madrid.
No es la primera vez que aparece como objeto de polémica, pero si es la primera que lo hace en solitario y a pecho descubierto. Desconozco las razones por las que ha elegido este momento para lanzarse a la piscina y tampoco sé si la piscina tiene agua o no. Puede que le haya empujado la lealtad, esa que nadie discute o, quizá, simplemente el deseo personal de poner su granito de arena para que no triunfe la otra idea, la otra voluntad, la otra orilla de su partido. Pero la realidad es que esto que ha hecho Manuel Cobo y lo que hizo Joaquín Almunia es un chorro de aire fresco en la política en general. La critica interna es una ventana abierta que deja entrar el viento purificado y salir el contaminado. De alguna manera limita el súper poder de los aparatos de los partidos políticos que llegan a asfixiar a la imaginación y al talento.
Muchos han querido ver únicamente un dedo señalador hacia Esperanza Aguirre, acusación que no oculta, pero en el camino ha habido otras cosas internas y también externas. Tomás Gómez, el líder de los socialistas madrileños, no se ha quedado sin su azote y no digamos ZP. Al Presidente del Gobierno le ha reservado un espacio muy crítico aunque haya sido en pocas palabras.
Creo que, al margen de las decisiones que se tienen que tomar en la dirección del PP, que, por esta vez, no sea el mensajero el que pague todo el pato.