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Contra la corrupción, listas abiertas

Contra la corrupción, listas abiertas

Por Álvaro Ballarín
viernes 16 de octubre de 2009, 00:00h
Actualizado: 23/10/2009 13:26h
Una de las mejores novelas del siglo XX empieza así: “Alguien debía haber hablado mal de Josef K., puesto que, sin que hubiera hecho nada malo, una mañana lo arrestaron”. Seguro que lo han adivinado; es 'El proceso', de Kafka. Me lo ha traído estos días a la memoria el levantamiento parcial del secreto del sumario del caso Gürtel.

Y es que la mayor parte de lo que se recoge en la parte del sumario que hemos conocido se fundamenta en conversaciones privadas entre individuos de dudosa credibilidad que hacen referencia a terceras personas, algunas de las cuales ni siquiera están imputadas, y que han negado lo que de ellas se dice. Por tanto, debemos ser prudentes y no convertir afirmaciones vertidas en un sumario en sentencias firmes; de lo contrario, como en la novela de Kafka, podremos producir un daño irreparable a personas que sin haber hecho nada malo y sin que puedan defenderse porque no saben de qué se las acusa sean finalmente condenadas sin juicio.

Dicho esto, espero que a nadie le quepa la menor duda de que, en la medida en que tengamos la seguridad de que se han producido actuaciones irregulares, tendremos tolerancia cero, no sólo con los delitos, perseguibles vía penal, sino también con todos los comportamientos que sean reprobables. En cuanto se han confirmado las imputaciones, una vez levantado el secreto del sumario, la reacción de Esperanza Aguirre ha sido inmediata y contundente: ha expulsado a los tres diputados del Grupo Popular de la Asamblea. Y es que a los políticos se les puede y se les debe exigir responsabilidades en función de cómo actúan desde el momento en que conocen de un asunto de corrupción y, en este caso, la actuación de Esperanza Aguirre ha sido impecable y ejemplarizante.

Sin embargo, inevitablemente, la reacción de los políticos ante estas situaciones sólo puede ser a posteriori. Por tanto, debemos crear instrumentos que se orienten más a evitar las irregularidades que a exigir responsabilidades una vez que se producen. Y como casi siempre, la solución está en la raíz. En los países anglosajones —que disfrutan de las democracias más antiguas del mundo— resultaría impensable que se le pidiera a un partido político responsabilidades por las irregularidades que hubiera podido cometer cualquiera de sus cuadros, porque se entiende que al ser éstos elegidos directamente por los ciudadanos en listas abiertas (y por tanto, constituirse en sus representantes), es principalmente ante ellos ante quienes deben responder. Este sistema de elección directa en listas abiertas reduce los casos de corrupción, ya que presupone que los elegidos están testados, contrastados por los electores; además implica una selección por parte de éstos entre los distintos candidatos de los partidos políticos.

Un paso previo a este sistema es la propuesta que hizo Esperanza Aguirre de convertir la circunscripción única de la Comunidad de Madrid en siete circunscripciones electorales, con el fin de acercar a electores y potenciales elegidos para que puedan conocerse de una forma más directa.

Emplazamos de nuevo al Partido Socialista a que nos apoye —esta vez sí— en esta reforma electoral. No es cuestión de pasar página en el asunto Gürtel, todo lo contrario; además de exigir hasta la última de las responsabilidades, se trata de aportar soluciones consistentes para prevenir la corrupción en cualquier partido político en el futuro. En caso contrario, los ciudadanos nos lo reprocharán.

En todo caso, aunque los casos de corrupción ocurridos en uno u otro partido a veces puedan llevar a pensar lo contrario, es bueno recordar lo obvio: la inmensa mayoría de los políticos de todos los partidos vamos ligeros de equipaje.
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