La corazonada casi terminó en infarto. La muchedumbre congregada en la Plaza de Oriente pasó en un segundo de la euforia a la decepción cuando se supo que era Río la elegida. El fin de la fiesta fue brusco y prematuro... excepto para un puñado de brasileños.
La Plaza de Oriente se vació mucho más rápido de lo que se llenó. A las 13.00 horas, cuando El Pulpo dio puntual el pistoletazo de salida a la fiesta, solo había turistas y paseantes entre el Teatro y el Palacio Real.

Pronto, por goteo, empezaron a llegar madrileños 'encorazonados' para echar una mano a los zancudos y malabaristas que se afanaban en animar el cotarro. las colas empezaron a aparecer: una para hacerse con una de las seis mil 'manoplas olímpicas' que repartió el Ayuntamiento entre los asistentes; otra para estampar la huella de la mano en la lona situada junto al escenario, y ser inmortalizado, de paso, en el Facebook apoyando el momento histórico que se esperaba en toda la ciudad.
Y se esperaba cada vez más. El ambiente festivo, la música, el tono triunfalista con que se desarrollaba el evento fue animando a la gente. Para cuando se retransmitió la ponencia de Madrid 2016 en Copenhague, ya había manoplas suficientes como para aplaudir en los momentos clave agitando el artilugio en el aire.

Cada vez que la imagen de la plaza —menos abarrotada de lo que parecía en las imágenes, aunque eso se arregló pronto— aparecía en las imágenes de Copenhague, los madrileños levantaban sus corazonadas con la esperanza de que llegaran hasta Dinamarca. Solo una decena de brasileños, pertrechados con banderas y vestidos con los colores de su país, se atrevía a ir a contracorriente. De momento, nadie les hacía caso.
Entre baile y baile —al ritmo de Paquito el Chocolatero, Melendi, El Canto del Loco y música dance—, los 'encorazonados' cada vez se lo iban creyendo más.
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La catarsis colectiva, que alcanzó un punto nada desdeñable en el momento de la rueda de prensa de la candidatura madrileña, había conseguido atraer a más gente a base de mostrarse en la televisión. Alguno de los asistentes, contagiado por un repentino optimismo, cogía su móvil para decir que "llegaría tarde" o para invitar a sus amigos a cambiar el plan previsto por la fiesta olímpica, "porque estoy en la Plaza de Oriente y vamos a ganar".
Casi una hora de celebración
Cuando se supo que Chicago caía eliminada, la plaza de Oriente saltó. Cuando Tokio se le unió en la cuneta, la plaza de Oriente bailó.
Y después, durante casi una hora, los nervios se trocaron en euforia. Los 'encorazonados' habían vendido la piel del oso antes de cazarlo. Saltaban, bailaban y aseguraban que, con Chicago fuera, los miembros del COI ya bailaban el chotis. Ese y no otro podía ser el motivo de la tardanza, porque el anuncio del veredicto se demoró media hora.
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Pero no. Era la samba. Así lo supieron todos cuando, en silencio, escucharon el veredicto del COI. Nadie gritó. El "Oooh" apenas se percibió. En lugar de lamentarse, las manos se vinieron abajo, todas a una, y los asistentes dieron media vuelta como un solo hombre.
El Pulpo, desde el escenario, ya no tenía a quien le escuchara. Diez mil personas le daban la espalda para abandonar la plaza después de tantas horas a pleno sol. Y las otras diez tampoco le hacían caso, pues de pronto se habían convertido en el centro de atención. Había ganado Río.