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Mª Antonia García Quesada, periodista y autora de la novela 'Inventario de otoño'

'Las mujeres vivimos nuestro mejor momento'

"Las mujeres vivimos nuestro mejor momento"

Por Celia G. Naranjo
domingo 26 de abril de 2009, 00:00h
Tres mujeres, una muerte misteriosa y un pasado por desenterrar. Así comienza 'Inventario de otoño' (Akal), una novela en la que la periodista y escritora María Antonia García Quesada disecciona a la generación que protagonizó la Transición y que ahora afronta la madurez entre el desencanto y la plenitud. El libro fue presentado este lunes, día 27 de abril, por el escritor y académico Luis Mateo Díez.
La novela se titula ‘Inventario de otoño’. ¿Aconseja acometer siempre esta tarea de cara al invierno?
Es obligado. A lo largo de la vida se hace inventario muchas veces, pero creo que el de otoño es el más importante, porque es cuando realmente, por primera vez, eres consciente de tu finitud, de que tu vida se puede acabar aunque te encuentres con ciertas fuerzas. Eres adulto a los veinte, a los treinta, a los cuarenta, pero la vida aún te parece larga. Ese inventario es necesario para llegar bien al invierno, prolongarlo y vivir mejor.

Las protagonistas de la novela pertenecen a la generación que estaba en la Universidad en los últimos años de la dictadura. ¿Cómo afronta esta generación de mujeres su inventario colectivo?
Lo afrontamos como las generaciones anteriores. Quizá tengamos los mismos sentimientos y la misma inquietud hacia el futuro que otras mujeres que han llegado a estas edades, pero hemos sido afortunadas por vivir en una época en la que hemos podido luchar por más cosas. Además, percibimos que las que llegan detrás todavía van a vivir mejor.

Pero ninguna de las protagonistas de la novela echa de menos aquella época; es más, son muy críticas cuando miran atrás.
Son críticas porque, cuando llegas a esta edad, dejas de idealizar determinados momentos. Yo creo que las tres protagonistas -Marta, que a partir de ese momento se va a querer más de lo que se quería antes, y las otras dos, que se han dejado la piel en muchas cosas- ahora tienen una vida mucho más plena. Y empiezan a ver que el esfuerzo ha merecido la pena.

En el caso de la novela hace falta un hecho traumático para enfrentarse al 'inventario'...
Pero eso no es necesario. Hay hechos menos dramáticos que provocan esta reacción, pero en la novela se añade el misterio de una muerte sin resolver. Así se crea una historia con emoción e intriga. Siempre pasa algo que nos obliga a recapacitar, aunque sean hechos menos traumáticos que la muerte. En esta época no gusta nada hablar de la muerte, y es un error, porque si no hablamos de ella no vamos a hablar nunca de la vida. Estamos tapando la muerte y, con ella, la vida, porque no queremos afrontar las cosas como son. Y hacer inventario siempre da un poco de miedo, porque uno nunca sabe qué va a salir del cajón y mucho menos qué va a hacer con ello.

Esta es una novela coral, contada en primera persona por las protagonistas, que aportan puntos de vista muy diferentes: el de una mujer independiente y el de la que se ha dejado llevar durante toda su vida.
Son dos hermanas que reciben la misma educación. En realidad, las mujeres de esta generación partimos todas de lo mismo, en especial en España, donde todo estaba muy dirigido. Las vivencias pueden ser diferentes, pero la concepción del mundo y la situación de la mujer era la misma para todos y todas. A los hombres les enseñaron lo mismo que a nosotras y ellos también han tenido que cambiar.

Y en la novela también ellos atraviesan su particular 'crisis otoñal'.
A veces hombres y mujeres tenemos percepciones diferentes, pero la experiencia vital ha sido la misma. Un hombre y una mujer de la misma edad tienen muchas más vivencias comunes que dos mujeres de distintas generaciones. Igual que hay que reivindicar toda la lucha que hemos hecho las mujeres, es importante defender la de los hombres: ahora están con nosotras. Al igual que las mujeres jóvenes disponen de una proyección de futuro tremenda, muchos hombres de mi generación han sabido ser flexibles. Tuvieron que cambiar: nosotras lo hacíamos para ir a mejor y ellos en realidad también, aunque al principio el panorama no parecía así. Pero al final fueron lo suficientemente inteligentes para percibir eso.

En la novela se refleja el Madrid de la Transición y el actual, sobre todo a través de Virginia, que ha vivido durante todos esos años en el extranjero y se asombra de los cambios. No es su caso, pero, si lo piensa, ¿también le sorprende la evolución de la ciudad en este tiempo?
En el autobús número 27, que utilizo con frecuencia, viajan muchos turistas y a través de sus comentarios los madrileños pueden redescubrir la ciudad. Cuando se fijan en algo, consiguen que también lo hagas tú: te enseñan a ver tu ciudad y cómo cambia con la gente. Madrid es el marco del cuadro que esboza la novela.

Otra de las protagonistas se ‘emancipa’ a los cuarenta y tantos. ¿Les pasa a muchas mujeres de su generación?
De hecho, muchas no se han emancipado todavía. El número de mujeres que trabajan con más de 40 años aún es bajo. Todavía hay muchas que no han trabajado en toda su vida y no han podido labrarse su propio camino, aunque sí hayan llevado una vida plena. Pero de la época que pasé en la facultad me quedó claro que la autonomía pasa primero por la independencia económica. Además, éramos una generación totalmente politizada; nos encantaba la política, yo creo que nos sigue gustando y eso en mi generación caló muchísimo. Era una bandera, algo de lo que nos sentíamos orgullosos. No se hablaba con desprecio de la política, sino todo lo contrario.

Pero de llevar el interés por la política como bandera, muchos han pasado al cansancio y al desencanto.

Sí, se han decepcionado. En la novela se refleja esa realidad. Aquella generación creía que iba a cambiar el mundo; tenía la sensación de vivir una época histórica. Todas las generaciones se plantean eso, pero unas con más intensidad que otras. El paso de la dictadura a la democracia fue un triunfo colectivo. Fue algo que logramos todos, y luego la vida nos demostró que habíamos vivido un momento determinado, habíamos tomado las riendas y lo habíamos hecho bien, pero también había muchas cosas que salieron mal. Cuando la gente de aquella época critica ahora a la generación siguiente, yo siempre contesto: "¿Y quién les educó?"

¿Cree que las generaciones que vivirán su otoño en diez o veinte años vivirán un proceso parecido?
El proceso vital es el mismo, pero nadie se puede sustraer de la sociedad y del momento histórico en el que se vive. Y eso se refleja en la novela: desde una perspectiva vital, los sentimientos se ven influidos e incluso truncados por las circunstancias históricas. Creo que ahora se avecina una época apasionante, aunque a veces no lo parezca, porque los árboles no dejan ver el bosque. A pesar de que no hemos sido capaces de vencer el hambre ni otras lacras que seguimos arrastrando, pensemos que hace solo 14 años empezaron a conocerse unas tecnologías sin las que ahora no podemos vivir. Y va todo a un ritmo tan rápido… las mujeres vivimos nuestro mejor momento, no es un tópico, y va a ser todavía muchísimo mejor. Y los hombres lo van a vivir con nosotras. Ellos han ganado con el cambio. No sirve de nada tener una criada gratis: lo que te aporta es tener una compañera que esté a tu lado en los momentos difíciles y que también comparta las alegrías y las buenas noticias contigo.
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