En una sala abarrotada de documentos, fotografías, planos y objetos en el distrito madrileño de Vicálvaro, la historia del barrio ha encontrado su refugio. En la calle de Villajimena, 9, la Asociación Vicus Albus ha custodiado durante décadas una memoria que, de otro modo, se habría dispersado. La organización que ha dirigido Valentín González, policía municipal retirado, ha alcanzado las 220.000 imágenes digitalizadas y más de 90.000 fotografías clasificadas de este antiguo pueblo, ahora anexionado a la capital.
“Esto es una riqueza impresionante”, ha contado González, conocido por los residentes como “el alcalde de Vicálvaro”. Él ha sido el artífice de este espacio que actúa como museo y quien ha visto cómo cada estantería se ha ido llenando hasta el último centímetro. El archivo, que también ha funcionado como lugar de encuentro, ha sobrevivido gracias al trabajo voluntario y a una tenacidad que ha superado la falta de medios. El local aguarda en su interior documentos que se han remontado al siglo XVIII, genealogías completas de familias vicalvareñas, planos antiguos, recortes de prensa, programas de fiestas o recuerdos domésticos.
Un archivo levantado con paciencia
La historia de este museo de barrio comenzó mucho antes de su configuración formal. La asociación se constituyó en el año 1986 y un grupo de vecinos decidió organizarse para la recuperación de la memoria local, motivados por el interés de dos estudiantes sobre Vicálvaro. Desde entonces, González ha asumido un papel central en la recopilación y ordenación del material. Tras su jubilación, su dedicación ha sido sistemática. “Yo vengo todos los días”, ha manifestado.
“No sabemos cuál es su fecha exacta, pero la iglesia ya existía en el siglo XV y según algunos documentos que tenemos, creemos que la verja del Ayuntamiento podría ser de la primera mitad del XVII”
Dos de los objetos más importantes de toda la colección, y quizás los más antiguos, son la pila bautismal de la iglesia de Ambroz o la verja del antiguo Consistorio del pueblo de Vicálvaro. “No sabemos cuál es su fecha exacta, pero la iglesia ya existía en el siglo XV y según algunos documentos que tenemos, creemos que la verja del Ayuntamiento podría ser de la primera mitad del XVII”, ha asegurado González.
Otro de los pilares del proyecto ha sido la genealogía. “Tengo 54 álbumes hechos de gente de Vicálvaro”, ha dicho el portavoz de la iniciativa mientras extiende un largo folio por uno de los escritorios del espacio cultural. “Yo lo hago en papel. Esta mesa está ampliada hasta allí porque los nombres ocupan todo eso”, ha reconocido. Los documentos incluyen nacimiento, defunción y también casamiento. Gónzalez ha explicado que su elaboración ha partido de los libros sacramentales y ha seguido la pista a través de cualquier tipo de documentación que le permitiese obtener cualquier dato más. El papel más antiguo que el dirigente de este museo de barrio se ha remontado a 1352.
A pesar de que Gónzalez haya preferido lo manual en esta era de digitalización, la informatización del archivo y la tecnología han sido prioridades en la continuidad del museo. Incluso han contado con la presencia de una pieza elaborada con una impresora digital entre sus obras.
“Este material es de una riqueza impresionante”, ha manifestado el artífice de todo esto. Se ha referido a las 52 cintas grabadas que han recogido relatos no oficiales del vecindario. Historias de posguerra, testimonios sobre los trabajos agrícolas, cambios urbanísticos o migraciones internas.
Uno de los episodios de la historia del distrito de Vicálvaro que González ha recordado con un mayor énfasis ha sido la presencia del primer regimiento de caballería de la Guardia Civil, que además según el miembro de esta asociación vecinal, podría estar vinculado al origen del mote tradicional del barrio: los ‘ahumados’. “El primer jefe de la Guardia Civil fue el marqués de Ahumada. Por eso, claro, llamarían ahumados a los primeros. Y nos quedamos con el mote”, ha comentado sin plena seguridad.
Otras de las teorías acerca del sobrenombre del vecindario, tiene su origen en una antigua tradición que cuenta que la imagen de la Virgen Nuestra Señora de la Torre, que se apareció ante unos labradores en un lugar cercano a donde hoy se alza su ermita. Como el sitio de la aparición se encontraba en el límite entre los municipios de Vallecas y Vicálvaro, se acordó encender una hoguera para decidir a quién pertenecería la imagen. El municipio hacia el que se inclinaran las llamas sería el elegido. Al prender el fuego, el fuego se orientó hacia Vallecas, mientras que el humo se dirigió a Vicálvaro. Desde entonces, a sus habitantes se les empezó a llamar los ‘ahumados’. El museo, ha asegurado Gónzalez, ha optado por conservar ambas narraciones.
El nombre del barrio ha aparecido en documentos con grafías distintas hasta fijarse, finalmente, en el siglo XIV. Y fue en 1951, cuando el municipio fue anexionado a la capital y quedó integrado en el término municipal de la ciudad de Madrid. El cambio ha supuesto una profunda transformación en la administración, el urbanismo y la identidad local. En este sentido, Gónzalez ha revelado su anhelo, quizás utópico, para volver a convertirse de nuevo en el pueblo y no distrito de Vicálvaro.
Asimismo, el museo ha recogido el patrimonio arqueológico de la zona, incluida necrópolis visigoda. Las piezas han quedado documentadas. Por su parte, uno de los edificios más emblemáticos del barrio es la Universidad Rey Juan Carlos, que se instaló a finales de los años 90, en terrenos que antes habían tenido usos industriales y militares. “La universidad está situada en lo que fue una fábrica y un cuartel”, ha recordado.
“La universidad está situada en lo que fue una fábrica y un cuartel”
A pesar de su función, que garantiza la conservación de relevantes elementos del barrio, nada de lo acumulado ha sido fruto de una inversión pública. “Aquí no cobra nadie”, ha señalado González. La financiación depende de cuotas y pequeñas ayudas y el trabajo ha sido voluntario. Tras la jubilación de Valentín González, el residente ha dedicado jornadas completas al archivo.
La preocupación por el futuro se aprecia al conversar con Gónzalez. El volumen de material exige tiempo y espacio. El prometido traslado, por parte del concejal de distrito, a una sala de uno de los centros culturales del barrio, aún está pendiente. Mientras tanto, el local de la calle Villajimena sigue abriendo sus puertas a quien quiera conocer la historia del barrio, aunque el espacio haya quedado insuficiente para albergar todo lo que contiene. Además, Gónzalez ha manifestado que el edificio actual cuenta con limitaciones estructurales (goteras y grietas), que le han obligado a paralizar la actividad por el momento.