El Teatro de la Zarzuela madrileño ha vuelto a París para presentar una de sus producciones más recientes: La Generala., de Amadeo Vives, con libro de Perrín y Palacios. El debut, la noche del martes 27, se saldó con el público aplaudiendo clamorosamente a ritmo de marcha.
Esta vez el escenario ha sido el legendario teatro Chatelet, a dos pasos del Ayuntamiento. Un teatro en el que reinó durante décadas el desaparecido, y poco recordado, Luis Mariano. Precisamente Emilio Sagi, director de La Generala, puso en escena hace unos meses en este mismo teatro el espectáculo El cantor de México, sobre el cantante.
El interior del hermoso Chatelet recuerda, según algunas de las pocas fotos que existen, el Gran Teatro de Madrid, donde se estrenó esta zarzuela el año 1912. Aquel teatro ardió en los años veinte y hoy es una de las sedes del complejo judicial de las Salesas, en Marques de la Ensenada.
Gran revista
Sagi plantea La Generala con formato de gran revista. Algunos franceses del público se preguntaban por las diferencias entre lo que ellos conocen como opereta y esta anunciada zarzuela. Seguramente esperaban aires y formas más típicamente españolas. Pero, a pesar de todo, aplaudieron generosamente. Y es que, sobre todo en el segundo acto, esta historia imposible de reyes destronados en países imaginarios estuvo envuelta con lujo y profusión de medios.

Un hermoso carrusel ocupa el escenario y en algunos números, como los alegres escoceses, hay más de cincuenta artistas sobre el escenario. El vestuario de Jesús Ruiz podría aparecer en el Lido parisino o en el Folies Berger.
Referencia parisina
En las ocasiones anteriores que el teatro de la Zarzuela se presentó en la capital francesa estrenó La Chulapona y La del manojo de rosas. La Generala tiene poco texto hablado y mucha música. Quizá por eso se ha elegido para esta nueva incursión. Y porque la generala del título es una antigua cantante parisina que triunfaba en el género frívolo y enloquecía a los hombres.
No me dio la impresión de que el público local estimara en mucho esta referencia. La Orquesta de la Comunidad de Madrid ocupó el foso dirigida por José Fabra, sonando rotunda. Del reparto llamaron la atención Itxaro Mentxaca, un descubrimiento en la línea de las grandes características del género, y el tenor Enrique Ferrer. Ambos fueron aclamados al saludar.
La primera por el humor disparatado del que hizo gala, siempre secundado por las carcajadas del respetable. El segundo por su hermosa línea de canto, vocalización y potencia. Naturalmente, la representación se realizó con sobretítulos en francés. Pero, como se ha apuntado, esta zarzuela, revista, opereta o como se quiera llamar, fue excelentemente acogida y se van a ofrecer en total cinco representaciones hasta el domingo, 1 de junio.