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Vecinos de Villalbilla se manifiestan en contra de las placas solares del municipio
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Vecinos de Villalbilla se manifiestan en contra de las placas solares del municipio (Foto: Imagen cedida por la plataforma Salvemos la Dehesa de los Hueros)

Vecinos de Villalbilla, en contra de la macroplanta solar en la Dehesa de los Hueros

miércoles 05 de noviembre de 2025, 07:00h
Actualizado: 17/11/2025 08:28h

El pasado domingo 2 de noviembre, cerca de 200 personas se reunieron en la Plaza Mayor de Villalbilla bajo un cielo despejado, pero con paraguas negros desplegados. No llovía: era el símbolo elegido por la plataforma Salvemos la Dehesa de los Hueros para convertir la plaza en un “mar negro”, metáfora del “mar de placas” al que, según denuncian, está expuesto el municipio por los múltiples proyectos de plantas fotovoltaicas previstos en la zona. La concentración, convocada por este movimiento vecinal, sirvió para expresar el rechazo a la instalación de la planta solar La Rubia, en el paraje del mismo nombre, y para exigir al alcalde, José Luis Luque (Plataforma Independiente Municipal), la convocatoria de un pleno extraordinario que revise la autorización aprobada el pasado 3 de julio.

En los últimos meses, los vecinos de esta localidad del este madrileño han visto cómo su término municipal y el de los pueblos colindantes (Torres de la Alameda, Mejorada del Campo, Anchuelo) se ha convertido en la ‘meca’ de los proyectos para nuevas instalaciones solares. Según denuncia Antonio Gómez, portavoz de la plataforma de reciente creación Salvemos de Dehesa de los Hueros, “nos quieren rodear de un parque temático fotovoltaico”.

El detonante de la denuncia vecinal fue la aprobación, el pasado 3 de julio, del proyecto La Rubia, promovido por RP Energía 2 S.L., una macroplanta fotovoltaica en la Dehesa de los Hueros. La autorización, concedida en pleno verano, pasó inadvertida hasta que semanas después los vecinos conocieron la noticia. “Nos enteramos por sorpresa y con alevosía”, lamenta Gómez. “El Ayuntamiento lo aprobó sin informar a nadie. Nos enteramos tres semanas después, de rebote. Fue un golpe muy duro”, manifiesta.

El proyecto afecta a las parcelas 1122 y 215 de la Dehesa de los Hueros, un espacio de gran valor natural donde conviven corzos, águilas, búhos, buitres e incluso un lince ibérico bautizado por los vecinos como Heraclio. El terreno, cubierto de encinas y pastizales, es uno de los pocos pulmones verdes que le quedan al municipio.

Según los planos presentados, la planta ocuparía una extensión equivalente a 16 campos de fútbol, aunque la capacidad eléctrica prevista sugiere una posible ampliación futura “diez veces mayor”. “Tememos que esta sea solo la primera piedra de un polígono energético que arrasará la dehesa”, advierte Gómez.

“Nos castigan con un mar de placas”

La indignación vecinal no se hizo esperar. El pasado 2 de noviembre, unos doscientos vecinos se concentraron en la Plaza Mayor de Villalbilla para exigir la paralización del proyecto y mayor transparencia institucional. No acudió ningún representante del Ayuntamiento, lo que fue interpretado como un gesto de desinterés por los vubilleros.

Durante la protesta, pancartas con lemas como 'Placas no, queremos campo' o 'El sol es de todos, pero el campo también' resumieron el sentir general. En su manifiesto, la plataforma denunció que el proyecto “no traerá ningún beneficio al municipio” y sí “graves perjuicios medioambientales y sociales”.

Antonio Gómez insiste en que no se trata de una oposición a las energías renovables, sino a su ubicación. “Creemos en el progreso, creemos en la energía solar, pero no así. Habiendo tanto campo en España, no entendemos por qué eligen justo esta zona, que está habitada y tiene un valor natural enorme. Nos sentimos castigados, como si hubiéramos hecho algo malo. Es un castigo incomprensible”, afirma.

"Sin beneficios, ni compensaciones"

A la frustración ambiental se suma la sensación de agravio económico. Los vecinos denuncian que la única compensación ofrecida por la promotora es la reparación de un pequeño puente metálico sobre el arroyo Anchuelo. Pero, como señala Gómez, “ese puente lo necesitan ellos para pasar la maquinaria pesada; no es una mejora para el pueblo”.

“No hay ningún beneficio para nadie. Todavía si nos dijeran, imagínate, os regalamos el IBI durante 10 años, pues a lo mejor así hay gente que es capaz de aceptarlo y aun así habrá gente que diga que no. Pero es que no hay ningún beneficio para los vecinos”, insiste.

Dos posturas diferentes para dos proyectos fotovoltaicos

Los vecinos tampoco entienden la contradicción política en torno a las plantas fotovoltaicas dentro del Ayuntamiento de Villalbilla. El mismo equipo de Gobierno mantiene dos posturas opuestas sobre el “mar de placas” que denuncian los vecinos: por un lado, aprobó el proyecto de La Rubia y, por otro, ha presentado un recurso contra otro proyecto similar, El Viso, ubicado en el término de Torres de la Alameda pero lindando con uno de los núcleos urbanos de Villalbilla. “No entendemos por qué una sí y otra no. Si ambas están pegadas a las viviendas, ¿qué criterio se sigue?”, reprocha Gómez.

De hecho, el municipio de Villalbilla tiene la peculiaridad de que está formado por varios núcleos urbanos dispersos entre sí (Villalbilla pueblo, Los Hueros, El Robledal, Peñas Albas y El Viso). Su geografía fragmentada impide, como señala Antonio Gómez, portavoz de la plataforma Salvemos la Dehesa de los Hueros, “que haya un solo metro de suelo donde poner una planta solar sin tenerla pegada a las casas”.

Cartel de la convocatoria de protesta contra las placas fotovoltaicas en Villabilla

“En otros municipios puedes poner una planta fotovoltaica a diez kilómetros del pueblo y no molestas a nadie. Aquí eso es imposible”, explica Gómez. “Donde pongas las placas, afectas a 3.000, 4.000 o 6.000 personas, porque los núcleos están repartidos. Somos un pueblo deslavazado, y eso hace que cualquier macroproyecto impacte directamente en nuestra vida”

Pero las preocupaciones no acaban ahí. Hace apenas unas semanas, el colectivo tuvo noticia de un tercer proyecto, denominado Cerezo, que afectaría al núcleo del Robledal. “Están sembrando el municipio de proyectos gigantescos. En cualquier dirección que mires habrá placas. Viviremos rodeados en un mar de placas fotovoltaicas”, denuncia.

Esperando un Pleno decisivo

La presión ciudadana ha obligado al Ayuntamiento a anunciar la convocatoria de un Pleno extraordinario este mes de noviembre, aún sin fecha confirmada. Los vecinos confían en que sirva para revisar las decisiones adoptadas y detener cualquier actuación en marcha. “Iremos al pleno y pediremos que se suspendan todos los permisos. Todavía hay tiempo de parar esta locura”, afirma Gómez.

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