Entre la vegetación de la plaza de la Asociación, en el distrito de Usera, emerge una torre azul con tres chimeneas. Al acercarse a ella, el viandante no ve más que una construcción de techo bajo, cubierta por paneles solares, y acompañada de una pequeña caseta auxiliar. Pero bajo el suelo se esconden tres calderas de 6 millones de calorías que dan
calefacción a 2350 viviendas por menos de 40 euros al mes: es la
Central Térmica de Orcasitas.
“La llevamos los propios vecinos. No hay ninguna empresa que gestione nada, más allá de la que se encarga del mantenimiento, que es obligatorio por ley”, cuenta orgulloso Miguel Ángel González, presidente de la mancomunidad que la gestiona.
El barrio de Orcasitas surgió a mediados del siglo veinte, formado por chabolas autoconstruidas o vivienda pública de baja calidad. Las casas, construidas con materiales precarios, sufrían graves deficiencias de cimentación, humedad o aislamiento, y la carencia de servicios alimentó la aparición de un movimiento vecinal que exigía mejoras en el barrio.
A partir de la década de los 80, la presión social consiguió que la administración llevara a cabo el Plan de Remodelación, impulsado por el Instituto de Vivienda de Madrid (lo que hoy es la Agencia de Vivienda Social). Se derribaron las antiguas ‘casas bajas’ y se construyeron bloques de hormigón de cuatro o cinco alturas, y se contó con la opinión de los vecinos para elegir desde el color de los ladrillos hasta los equipamientos del barrio.

Uno de ellos fue precisamente la Central Térmica, propuesta entonces por el ministerio y aprobada por los vecinos de la zona. “La central se construyó con el barrio, en 1984. Es decir, cuando se hizo la remodelación de las casas antiguas se dijo de que querían una central comunitaria y se construyó la central”, narra el presidente de la mancomunidad.
La "joya de la corona" del barrio
Cuatro décadas después, el modelo ha sido un éxito. “Solemos decir que tenemos una calefacción para ricos en un barrio de pobres”, sentencia González, que tiene muy claro que la central es “la joya de la corona del barrio”. Basta mirar el precio de la calefacción para entender el contento de los vecinos. Hasta hace tres años, cada hogar pagaba 36,90 euros todos los meses, pero ahora se han puesto contadores individuales por cada vivienda, con lo que depende del consumo. “Pero la cifra sale muy parecida”, asegura González, “entre 35 y 40 más o menos”. El coste habitual para una vivienda media oscila entre los 60 y los 70 euros (OCU).
En un principio, la planta funcionaba a base de gasoil, pero los cambios de normativa obligaron a cambiar al gas natural en 2012. Aun así, la mancomunidad decidió mantener parte de la infraestructura anterior “por si acaso”, lo que ha resultado todo un acierto. Durante tres días al año –Navidad, Nochevieja y Reyes– la central genera un extra de energía a base de gasoil, lo que permite a los vecinos disfrutar de unas horas más de calefacción sin infringir lo acordado en el contrato.
"Los contadores han bajado el consumo un 20 por ciento"
Desde que pasó a funcionar a base de gas natural, la central dejó de emitir 1.500 toneladas de dióxido de carbono cada año. Además de esta “transición ecológica”, la instalación de contadores también ha permitido un mayor ahorro energético y económico: “El consumo ha bajado más de un 20 por ciento, porque ya no es como antes, que ponías la calefacción a todo trapo y quien tenía calor, abría las ventanas. Ahora quien tiene calor pone su termostato y la calefacción a determinada hora”, explica el presidente.
Mejores precios y conocimiento acumulado
Miguel Ángel González lleva a Madridiario de tour por los intestinos de la central. Calderas, recuperadores de humo, depósitos, tuberías de distribución, manómetros… “Y, mira, este cacharrito de aquí, por un lado elimina las microburbujas de oxígeno que hay en la red para evitar las oscilaciones y retrasar el deterioro de la instalación y, por otro decanta las impurezas para que podamos retirarlas del circuito”. Todo está reluciente, recién pintado. “Es la mejor cuidada de todo Madrid”, presume el presidente de la mancomunidad.
La de Orcasitas es la tercera central térmica más grande de la ciudad. La primera es la de Virgen de la Esperanza, en la carretera de Canillas, que abastece a 3.200 familias; y la segunda, la de la Residencial Altamira, en el barrio del Pilar, que aporta energía a alrededor de 2.700.
“Es la mejor cuidada de todo Madrid”
Las tres centrales, junto con la de Villaverde, trabajan codo con codo en una mesa de compra conjunta –grupo DEMA– con la que aumentan su capacidad de negociación para conseguir precios más competitivos. El trabajo conjunto, además, ha generado un conocimiento acumulado del que se aprovechan de manera recíproca.
Miguel Ángel González recalca la idea de que la gestión de la calefacción fuera hecha por y para los vecinos, y defiende las ventajas de este tipo de dirección frente a la que podría llevar una empresa (“con sus intereses”) o la administración pública (“con su poca eficiencia económica”). “Aquí la única persona que cobra es la administrativa de la oficina”, concluye el presidente. “En cuanto a los demás, este hombre de aquí –señala a Miguel Garrido, otro miembro de la mancomunidad que nos acompaña en la visita– cobra tres veces más que yo. Yo cobro cero y él cobra cero, cero, cero”.