Uno de los locales más hermosos de la Gran Vía, el antiguo cine Rex, ha sufrido una importante remodelación para una nueva actividad: la comercial. Sin embargo, se ha respetado íntegramente la distribución del recinto cinematográfico y su rica decoración, que vuelve a brillar como hace más de tres cuartos de siglo.
El 23 de abril de 1945 se inauguraba el cine Rex, de la Gran Vía, 43 (entonces avenida de José Antonio), con la película La venus de la selva, protagonizada por María Montez. La empresa explotadora era Rey Soria Films. Tenía capacidad para 400 espectadores.
El cine se encuentra en la planta baja del gran Hotel Rex (hoy Macarena), que se abriría al año siguiente. El monumental proyecto fue del arquitecto Luis Gutiérrez Soto, que también había hecho el vecino cine Callao.
Este cine tuvo una peculiaridad: se entraba a la sala por detrás de la pantalla. Al fondo del patio de butacas estaban las escaleras para el anfiteatro. Sin embargo, lo que más sorprendió a los madrileños fue la espléndida decoración, como correspondía a un cine de estreno, de lujo. Ya el pórtico de entrada estaba decorado a base de mármol y granito. La Casa Arregui Hermanos fue la encargada de las escayolas, la piedra artificial y la pintura. Un mes antes se había inaugurado el monumental teatro Albéniz y en él habían llamado la atención las espectaculares arañas. La misma casa que las construyó, Pedro Tendero, hizo las del nuevo Rex, en cristal tallado y bronce, al estilo del siglo XVIII. El maestro revocador José Estrade Royo, hizo los estucos a fuego imitando al mármol en las columnas de la entrada y los motivos florales en los paramentos de la sala. En la publicidad previa a la apertura se decía:
“En su decoración se emplean motivos pompeyanos, que recuerdan ricas porcelanas, y en la ejecución de la obra se han tenido en cuenta las exigencias de un cine moderno, en el que las artes menores, como superación de la industria, tienen expresiva manifestación. Su conjunto, lleno de belleza y armonía, produce inefable deleite”.
En los últimos años como cine, el descuido en la conservación y la escasa iluminación, apenas permitían apreciar la belleza del local.
En el chaflán del cine con la calle Silva se abrió en 1947 uno de los comercios más hermosos de la capital: Modas Gonzalo. Su propietario era Gonzalo Montes y fue, hasta su cierre, una reputada sastrería, que había comenzado en la calle Fuencarral. Con la actual reforma del edificio, ese local, también restaurado, se ha incorporado al del cine como una sección más de la franquicia Urban Outfitters, que ha hecho ahí su primera tienda madrileña. Posee otras dos en Barcelona.
La reducida capacidad de este nuevo cine contrastaba con los grandes locales del segundo tramo de la Gran Vía, incluso con el monumental Coliseum, que se abrió en 1932. Cuatro años más tarde que el Rex, el 29 de octubre de 1949, se abría en la acera de enfrente otro cine de medianas dimensiones, pero de decoración igualmente hermosa: el Pompeya que, actualmente, se conoce como La chocita del loro. Tenía capacidad para 480 espectadores y fue un proyecto de Juan Pan da Torre. Como el Rex, se ubicaba en la planta baja de otro hotel, el Senator, actualmente en remodelación.
El cine Gran Vía (1947) y el Lope de Vega (1949), hoy teatros, completaron el mapa cinemaatográfico de esa avenida en la primera mitad del siglo pasado.
El año 2007 el cine Rex cerró las puertas y, después, el comercio del chaflán. Durante casi 18 años la fachada ha permanecido tapiada para minimizar el vandalismo.
Tanto el cine como la tienda están incluidos en el catálogo de establecimientos comerciales con nivel 1 de protección. Así que la transformación, debía realizarse manteniendo este grado de protección.
Se ha conservado la embocadura de la pantalla, así como los dos accesos laterales a lo que era el patio de butacas. El antiguo anfiteatro es una sección más del comercio, así como el sótano, que no tiene ningún elemento destacable.