Algunos analistas políticos han vaticinado, con el inicio del nuevo curso político, que el nuevo año recién nacido terminará con la convocatoria de las elecciones generales ante el agotamiento de la capacidad de resistencia de Pedro Sánchez. Una decisión que le costará mucho trabajo asumir porque ha insistido hasta el límite que agotará toda la legislatura. Claro que la palabra de Pedro Sánchez esta cotizada bajo mínimos desde el mismo inicio de la legislatura.
Aunque de lo que no cabe duda alguna es de que la intención de Pedro Sánchez es agotarla, mantener el poder hasta el límite y al precio que sea. Se sabe el presidente más odiado de la toda la historia de la democracia española. Sabe que solo cuenta con el apoyo de sus incondicionales pagados y subvencionados y sabe que sus aliados políticos le llevan minando el camino presidencial, algo que con el tiempo irá aumentando más si cabe la presión. Y aunque ha demostrado con creces su capacidad de resistencia, casi a la par con su caradura, la bolsa y el tiempo se le agotan. Por eso el vaticinio de un adelanto electoral tiene lógica en una legislatura donde la lógica y el sentido común han estado ausentes.
El futuro político de Pedro Sánchez es negro, muy negro. La pérdida de la Presidencia puede ser el inicio de un largo calvario para él. Desde su aparición en el plano político, Sánchez se ha creído el César y ha olvidado que este fue asesinado por aquellos que le habían jurado fidelidad eterna: los suyos. Los que hoy se parten las manos aplaudiéndole le negarán, tres veces -como Pedro- o las que sean necesarias, para desmarcarse del delirio del que todos han sido cómplices y colaboradores necesarios. Sin olvidar los que le están apoyando a cambio de todo, porque Sánchez no escatima esfuerzos ni recursos, ajenos desde luego, para conseguir sus votos, que no apoyo.
Ni la extrema izquierda de Unidas Podemos, ni los independentistas, ni los etarras, le apoyan, sino que le utilizan. Le llevan desafiando desde el inicio de la legislatura, socavando su escasa credibilidad y obligándole a pagar votos a cambio de ignominia y traición. Y presumiendo, además, por ello. En estos días ha sido el ministro Garzón, antes fue la ministra ‘YO Yolanda Díaz’, y antes la ministra Montero. Incendios que Sánchez no apaga, sino que va sorteando hasta que las llamas lo devoren.
Ese es el resumen de la legislatura. Pandemia, crisis, paro, precio de la luz y de la energía han sido las estaciones que estamos recorriendo en estos últimos años. Con otro gobierno, las calles hubieran estado incendiadas, pero las subvenciones a fondo perdido, muy perdido, y las concesiones y pagos para comprar el silencio cómplice han enmascarado una situación asfixiante. Sánchez está ya con respiración asistida. Y lo peor está por llegar. Su angustia aumentará su delirio y a los que creemos que España precisa soluciones y recuperar la senda perdida el tiempo se nos hará interminable. Porque a Sánchez, que se cree César, cada vez se parece más a Nerón.