La Comunidad ha trasplantado unos valiosos cardos y malvas que crecen en Coslada con el fin de conservarlos. Su descubridor, sin embargo, asegura que su supervivencia no está garantizada y que se perderá un miniparaíso vegetal, con más de 300 especies, algunas muy raras.
"No hay certeza de que estas plantas vayan a sobrevivir en otro lugar. Ni siquiera hemos conseguido que germine la malva", asegura Juan Manuel Martínez, profesor de Botánica Forestal de la Universidad Politécnica de Madrid, quien insiste en que este enclave es
un "miniparaíso botánico" que habría que conservar.

El lugar, a simple vista, no es más que un solar entre un polígono industrial y las vías del tren.
Sobre él se ampliará el Centro de Transportes de Coslada y se asentará la distribuidora farmacéutica Cofares. Sin embargo, reúne hasta 320 especies distintas de plantas, algunas tan valiosas como el ya conocido como 'cardo de Coslada'
(Cynara tournefortiiy), en peligro crítico de extinción, y una malva (
Malvella sherardiana) calificada como vulnerable, incluidas en la Libro Rojo de la Flora Vascular y que tienen aquí sus principales poblaciones en la Península Ibérica. Además, se ha encontrado especie de trigo silvestre, no conocida previamente en ningún lugar de la península ibérica, ni del mediterráneo occidental cuyo lugar de crecimiento más cercano en la actualidad es Serbia,
como se acaba de confirmar. "Pensamos que se puede tratar de un antiguo asentamiento humano que usaba algunas de estas especies para consumo", explica Martínez.
Pese al valor de algunas de estas plantas
no están incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de la Comunidad, sin actualizar desde el año 1992 como han denunciado en repetidas ocasiones las organizaciones ecologistas. Por este motivo, la Consejería de Medio Ambiente no está obligada a protegerlas, pero sí ha trazado un plan con la intención de garantizar su supervivencia.
Plan para trasplantar
El plan consiste en
trasplantar las dos especies incluidas en el Libro Rojo en diversas zonas del Parque Regional del Sureste, proceso que estaba previsto que concluyera la semana pasada. Son 300 ejemplares de cardo los que se han llevado al Caserío del Henares, el Campillo, los Altos del Piul y Soto de las Cuevas. Además, se prevé trasplantar otros cien en el propio solar en una zona verde donde no se va a construir y donde ya crecen algunos de ellos.
Para trazar este plan, la Consejería de Medio Ambiente realizó un estudio, que incluía un análisis de la especie o del suelo y seleccionó diversos emplazamientos de este parque regional. El trabajo se hizo sin la colaboración del profesor que descubrió el enclave, quien siempre
ha defendido que había que protegerlo íntegro por su biodiversidad frente a la ampliación del Centro de Transportes de Coslada, proyecto de inversiones millonarias. La Comunidad tampoco estaba obligada a contar con él, pero quizás su aportación hubiese sido valiosa, pues ha estado trabajando con estas plantas desde su descubrimiento en 2009. Martínez mantiene que son necesarios entre tres y cinco años de estudios para saber si es viable un cambio de ubicación y el estudio oficial comenzó en 2011. Por su parte, la empresa que construirá ahí se ha mostrado dispuesta a colaborar en la conservación de estas plantas, pero no a renunciar a sus proyectos en el lugar.

El profesor ingeniero de montes expuso en una carta dirigida al director general de Medio Ambiente de la Comunidad, Juan José Cerrón, que había que conservar estas plantas raras en el lugar en el que crecen debido a que el suelo está compuesto por arcillas gris verdosas, algo difícil de encontrar en la región.
Existía otro lugar de similares características, el Cerro Negro, un destino clásico para la botánica madrileña al que acudieron tiempo atrás, antes de que desapareciese bajo la ciudad, los principales expertos de la época que visitaban Madrid.