Entre esos cambios está la racionalización de la construcción y gestión de infraestructuras con la creación de una
Agencia Madrileña de la Movilidad; o el giro que deben dar Metro, Cercanías y las flotas de autobuses para
mantener la calidad después de años de gran expansión.
Sin embargo, dos son los auténticos retos que el sistema debe encarar, a decir de sus gestores, para seguir siendo el mejor transporte de Europa. El primero y más polémico de ellos es la
revisión de las tarifas que pagan los usuarios. Sin este cambio, el sistema será "insostenible", según los responsables del Consorcio y el Ayuntamiento de Madrid.
El segundo y no menos importante es la
construcción de los carriles bus-VAO en las grandes carreteras de acceso a Madrid, unas infraestructuras prometidas por el Ministerio de Fomento de las que hoy no hay noticia. Sin ellas, los operadores de los autobuses interurbanos no se atrevieron a garantizar un servicio que atiende a más de tres millones de habitantes en la Comunidad de Madrid.
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