La batalla por Madrid arranca el 10 de enero. Desde este lunes, el Partido Popular, el Partido Socialista, Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia inician una carrera que culminará el próximo 22 de mayo con las elecciones municipales y autonómicas, en las que se decidirá, además de los alcaldes de los 179 municipios de la región, el nombre del próximo presidente de la Comunidad de Madrid.
Esperanza Aguirre llega a la cita con
dos mayorías absolutas -a cual más amplia- a sus espaldas y un amplio respaldo en las encuestas. En 2009, la realizada a petición de la CEOE -que los cargos del PP dan por buena porque "muy pocas veces se equivoca"- le auguraba para 2011 una nueva victoria, incluso con margen para arrebatar votos y escaños a sus rivales. Los
sondeos internos realizados en Génova 13 hasta la fecha corroboran a día de hoy esa tendencia, ahora bien, la presidenta
no admite confianzas. De hecho, cada acto público como presidenta y cada medida tomada como jefa del Ejecutivo (desde la apertura de un colegio, a la inauguración de una residencia o la ley de libre elección) tiene una doble lectura legislativa/electoral que no pasa desapercibida para sus rivales.
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Pero no todo son parabienes para la "lideresa", como ella misma se denominó en una ocasión. Sus detractores han agarrado con fuerza la palabra de marras sacándola de su contexto original para dibujar a Aguirre como la nota discordante en la partitura del precavido Mariano Rajoy. Aguirre se adelanta a la dirección de Génova en sus políticas, sus críticas y sus exigencias, pasando por la derecha a un Rajoy. Aguirre es
decidida y firme, pero también
polémica e incómoda para su propio partido. No le importa aplicar su ideario liberal aunque eso signifique crear una polémica ad hoc contra los
funcionarios públicos y los
sindicatos, aumentar las ayudas a la
educación privada,
cerrar más de 100 organismos y empresas públicas, maximizar la entrada de la empresa privada en los servicios públicos o enfrentarse continuamente con Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de la capital.
Y eso tiene sus consecuencias. Según el último sondeo de
El Mundo, publicado hace pocos días, Aguirre volverá a gobernar después de mayo de 2011, pese a que alrededor de un
61% de los encuestados califican su gestión entre
regular y muy mala. Escándalos como el
'caso Gürtel' -aún pendiente de juicio y, por tanto, de que se conozcan su alcance y consecuencias-, los
espías -archivado por el juez de forma inadmisible según la oposición- el
'caso del vómito' y, otra vez, las peleas permanentes con Gallardón –véase el
caso del ‘hijoputa’ o el Prado Recoletos- también influyen en ese porcentaje, ocultando por momentos los
kilómetros de Metro, el bilingüismo o los hospitales construidos.
La presidenta lo sabe, como lo sabe la oposición, donde su líder se afana por demostrar que es capaz de aglutinar ese presunto elevado descontento.
El dilema Tomás Gómez
Tomás Gómez es un aspirante nuevo. Quería la legitimidad para encabezar el Partido Socialista de Madrid y la obtuvo batiendo en primarias a un duro rival, su hoy colaborador José Cepeda. Necesitaba el apoyo de la dirección federal para acallar definitivamente -antes ya había intentado restarles importancia- a los críticos y lo consiguió de forma triunfal, pero sólo a costa de provocar un
enorme dolor de cabeza a José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco
en otras primarias que dejaron en evidencia a toda la cúpula socialista.
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De 'niño bonito' de Zapatero, que apostó por él por ser
el alcalde más votado de España, pasó a estorbo por no lograr hacerse un hueco en las mentes de los madrileños. Al Gómez que prometió ilusión e integración se le achacaba tres años después ser un absoluto desconocido entre los ciudadanos, además de cabezota y revanchista. Imponerse en comicios internos a la estelar y bien considerada
Trinidad Jiménez le ha colocado en el mapa político -muy a pesar suyo, siendo '
el que le dijo no a Zapatero’- y le ha devuelto el bastón de mando, pero, pasada la adrenalina del enfrentamiento y a pesar de tener un proyecto bien armado, éste sigue sin ser suficientemente conocido a pie de calle. Llevar el proyecto de su mente al votante y, muy especialmente, paliar en lo posible la cuota de desgaste en votos que el PSM arrastrará por la gestión de la crisis y los recortes sociales emprendidos por el PSOE, es el reto.
IU y UPyD: la pinza de la izquierda
Pero ni PP ni PSOE pueden olvidar el
importante papel que, como ellos mismos aseguran, están destinados a jugar IU y UPyD, decisivos a la hora de ejecutar una
pinza de la izquierda sobre los populares a la que Esperanza Aguirre no ha tenido empacho en referirse abiertamente. Para la coalición, el PSOE ha
traicionado a los trabajadores recurriendo a las mismas privatizaciones y recortes sociales que defiende el PP en lugar de buscar una “salida social a la crisis”, con un reparto justo de los
impuestos, una batería de ayudas a las familias, los jóvenes y los parados en
vivienda,
transporte o
subsidios y un impulso radical a la
educación pública. Eso no significa que no apoye a sus compañeros de viaje a la hora de
sacar a Aguirre de la Puerta del Sol, porque, según Gregorio Gordo, sin mayoría absoluta y con una IU que está convencida de su ascenso en votos, Aguirre no gobernará.
Otro tanto se puede decir de
UPyD. Con
Luis de Velasco al frente,
Rosa Díez y su imagen sigue siendo su mayor capital electoral. Que un partido nuevo entre en la Asamblea de Madrid no es sencillo, pero, en caso de conseguirlo -lo haría directamente con varios escaños-, en el PSM ya se cuenta con su apoyo para la investidura de un presidente distinto de Esperanza Aguirre. Eso no quiere decir que UPyD se haya pronunciado públicamente al respecto. Pese a que los
contactos en ese sentido han existido, la postura oficial de la formación es que apoyarán la investidura del partido que se comprometa a reformar la ley electoral.
Que los dirigentes del PSM y IU se quejen de que Esperanza Aguirre cuenta con "el aparato" de la Comunidad, incluida la televisión y la radio públicas, para revalidarla es un lamento clásico. Ahora bien, ya antes de las primarias Tomás Gómez y su equipo están ocupados en vender, frente al poder y al "rodillo" de la mayoría absoluta, ilusión y cambio. Cambio que IU advierte pasa por su alternativa social y UPyD por su nuevo modelo, todavía por concretar. No hay que perder de vista que Esperanza Aguirre, Tomás Gómez y Gregorio Gordo, además de Luis de Velasco, se van a batir el cobre en un escenario de
crisis económica y de
paro, pero también, y muy especialmente, en un contexto generalizado de
descontento ciudadano con sus representantes políticos, a los que ven más como parte del problema que de la solución. Agitar, convencer y movilizar al votante es la única clave. La carrera ha comenzado y, a partir de hoy, no hay tregua, si es que en la política regional la
ha habido en algún momento.