Crítica teatral.- 19:30, inmersión en la cloaca
domingo 21 de noviembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 24/11/2010 12:44h
Hasta el 28 de noviembre se puede ver en las Naves del Español el montaje teatral de 19:30, un texto de Patxi Amezcua que han dirigido Adolfo Fernández y Ramón Ibarra. Su virtud más destacable: estar pegado a la realidad, presentar una historia que todos los días aparece, desgraciadamente, en nuestros medios de comunicación.
Un diputado del partido que gobierna es detenido en la calle, desnudo y con un maletín lleno de dinero. Gobierno y oposición (todo en abstracto) deben cerrar antes de las 19:30 horas, un importante acuerdo. Este presunto caso de corrupción dinamita el consenso y amenaza con hacer caer a los que mandan.
La acción transcurre en la sala de reuniones del Congreso. Los responsables del partido afectado y sus jefes de prensa buscan una salida al conflicto para firmar la ley y marcharse de vacaciones. Todos carecen de escrúpulos y la soluciones que proponen son a cual más descabellada. Solamente dos de los implicados abogan por la honestidad, por reconocer la operación fraudulenta. Con esta base, Amezcua traza una comedia con tintes de humor negro y una cierta dosis de suspense que se va difuminando a medida que avanza la acción. Y es que la situación atrapa al espectador, que acoge con carcajadas algunas de las tristes ocurrencias de los protagonistas. Sana actitud del público capaz de reírse de algo tan tremendo como lo que sucede ante sus ojos y que le afecta directamente.
Sin embargo, relajada la tensión inicial, comienza a advertirse una acumulación de tópicos sobre la política, los políticos y sus familias. Divorcios, adicciones, distanciamientos… los políticos los sufren por el ejercicio del poder. Y siempre se quedan con la política. Lo mismo puede decirse de las actitudes públicas. A estos personajes no les cuesta nada mentir, mirar hacia otro lado, acusar a sus rivales con espionaje sucio: todo vale para mantener al líder al frente del Gobierno. Y todos ellos chupando del mismo. Resulta un poco simplista la actitud de la única mujer que ocupa un alto cargo. Es lesbiana y rezuma honestidad por los cuatro costados. Pero a mí el personaje me resultó increíble.
En poco menos de una hora y media se termina el drama. El final llega casi abruptamente, como si vieran que el caso no da más de sí. La solución al conflicto parece que no podría ser otra. Pero todas las puertas quedan abiertas para que situaciones como ésta sigan repitiéndose en cualquier formación política.
Hay un reparto homogéneo de nueve intérpretes. Todos dan el perfil de sus personajes y lo defienden con pasión. Quizá debamos destacar a Fernando Cayo, un actor que no se mete en la piel de los personajes: la cose directamente a la suya. Posiblemente sea el más camaleónico de nuestros intérpretes actuales. La dirección resuelve el espacio único con un juego de puertas abriendo y cerrándose, de teléfonos echando humo y dando tal ligereza al conflicto que, seguramente, quiere pretender mostrar que eso que vemos es el pan nuestro de cada día.