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La revolución más castiza

La revolución más castiza

Por Carmen M. Gutiérrez
viernes 14 de mayo de 2010, 00:00h
Actualizado: 15/05/2010 17:28h
Sería difícil imaginar unas fiestas de San Isidro sin claveles en los moños de las chulapas y en la solapa de sus acompañantes, o bien en las ofrendas al santo. Pero no se trata al menos en origen, de una flor madrileña, aunque la ciudad la haya adoptado casi como un símbolo.
Los claveles que vemos en las fiestas populares, también en las andaluzas y en las de otros puntos de España, son flores de diseño. "Ninguna flor en la naturaleza tiene tantos pétalos, pero al hombre le gustan y las ha domesticado, en detrimento del olor", explica Pablo Vargas, investigador del CSIC en el Real Jardín Botánico y coautor del estudio 'La re-evolución de los claveles'.

En realidad, la revolución se produjo en las clavelinas, el nombre que reciben los claveles naturales, mucho más sencillos. Este genero botánico se diversificó más rápido que cualquier otro descubierto hasta ahora. Sucedió hace 2,8 millones de años, con el inicio del clima mediterráneo y, además, lo hizo en Europa, de donde proceden casi todas las especies de esta planta.

Fue, exactamente, en los países mediterráneos situados entre el este de Europa y Asia, donde se fijaron en las clavelinas, las domesticaron y les dieron fama y popularidad, según comenta Vargas. Todas las variedades de clavel proceden de una misma especie, la clavelina 'Dianthus caryophyllus'. El genero, Dianthus, significa planta de Dios.

Genética especial
"Aunque el clavel sea muy madrileño no tiene su origen aquí, es como la paella, que aunque sea un plato típicamente español su ingrediente principal es el arroz, que procede de Asia", añade el investigador. El gusto del antiguo Imperio Otomano por los claveles se refleja en la decoración con motivos florales de los azulejos usados en algunos edificios, como los del Palacio de Topkapi.

Una vez que el clavel ya domesticado se introdujo en España, "se adaptó perfectamente", pues necesita climas cálidos. "Florece en verano y para eso hay que tener una genética muy especial", señala Vargas. Hoy en día, sin embargo, crecen todo el año gracias a los invernaderos y, por eso, están disponibles para todas las fiestas patronales. 

Este año se venderán unos 200.000 tallos, una cifra no muy alta comparada con otras fechas señaladas para las floristerías, indica Salvador Muñoz, de Amafloma, la asociación de mayoristas de Madrid. La mayor parte de ellos procede de provincias del sur de España, como Murcia o Cádiz, o bien de países latinoamericanos, como Colombia.

No solo se cultivan claveles, sino también clavelinas, aunque la naturaleza brinda la oportunidad de verlas en Madrid. Para distinguirlas hay que fijarse en el cáliz, que tiene forma de tubo. Además, en pleno verano será de las pocas flores que queden en el campo.
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