"En este luminoso día el alcalde ha tenido la gentileza de venir a Usera", comentaba el concejal presidente del distrito, Jesús Moreno. Y en verdad era un día estupendo para visitar un distrito que está a años luz de cómo estaba hace apenas un lustro. Alberto llegaba al centro de educación vial donde le esperaba la corte para darse un garbeo por la zona.
El vicealcalde, Manuel Cobo, ya le había advertido por teléfono que había unos delegados sindicales de Policía Municipal dando guerra por un mejor convenio. Gallardón, Calvo, Escudero... Pedían dimisiones a troche y moche.
Con un sol de justicia, el alcalde y compañía recorrían el circuito del complejo, con el consiguiente quebradero de cabeza del protocolo municipal. Al fondo hacían piruetas con bicis de trial bajo el sol justiciero, y Ruiz-Gallardón se preguntaba la conexión mística de estas con las motos. Al parecer, las primeras son más adictivas y menos peligrosas.
Discurso de reequilibrio territorial y a seguir la visita. Esta vez, todo el mundo subía a un autobús municipal que parecía de pre-precampaña. Solo faltaba la imagen serigrafiada del popular en el vehículo. La siguiente parada era la escuela infantil 'La Oliva', donde esperaba la delegada de Familia y Servicios Sociales, Concepción Dancausa.
Un edificio enorme para los niños llenos de colores, disfraces y juguetes. Los infantes habían sido colocados en unas sillas comunes que parecían un Congreso en pequeñito. Cuando Ruiz-Gallardón abandonaba un cuarto, los niños se ponían a llorar. Algún maledicente explicaba que esos niños tenían madera de oposición municipal. En las cocinas, el primer edil se arriesgó a una quemadura de tercer grado en la boca con tal de que los fotorreporteros le captasen una buena instantánea tomando un caldo que, por lo demás, estaba más que bueno.
El vinilo
Y tras vueltas y revueltas, el baño de multitudes se dio en el mercado de Usera. Una señora le agarraba y no le dejaba marchar para que le bajase la basura. Un chaval se quejaba de que los baches de las calzadas le estaban rompiendo la moto de 125 centímetros cúbicos sobre la que, supuestamente, llevaba a su madre a la compra. El frutero le explicaba la pérdida de un 30 por ciento del negocio. Vamos, lo normal para un sarao de este calibre.
El paseo a cámara rápida hacía que algunos tenderos se quejasen de la poca atención del regidor a sus personas: "Toda la mañana fregando y luego ni se para", comentaban. A la salida, una señora intentaba saludar al alcalde y era placada por el cuerpo de seguridad del regidor. "¡Que solo quería saludarle! Si le votamos y ni siquiera podemos hablarle, ¿a dónde vamos a llegar? En vez de tocarme a mí, que se toquen el vinilo", comentaba enfadada. Manuel Cobo la calmaba hablando de los nervios que hay por el derbi entre el Real Madrid y el Barcelona. La autenticidad matritense manaba a raudales.
El conductor del autobús 'pre-pre' tuvo que ganarse el jornal sacando el vehículo de la zona del mercado, que estaba bloqueada por la carga y descarga en pleno mediodía. Calles estrechas y curvas complicadas para salir del barrio de Moscardó hacia el parque Lineal del Manzanares, donde la municipalidad pudo comprobar el perfecto estado de la zona y comentar su aislamiento acústico de la M-40. Daban ganas de quedarse allí a solazarse con el paisaje, en vez de seguir adelante con la visita, pero los artistas esperaban.
Hacerse el sueco
Ruiz-Gallardón se acercó a los talleres que tiene la asociación de artistas visuales de Madrid. Allí aguardaba la delegada de Las Artes, Alicia Moreno. El alcalde, con dotes de entrevistador, se hizo a base de preguntas una composición de lugar sobre el trabajo y el significado de las obras de algunos artistas. Uno de ellos le explicó de forma muy clara una obra de arte multidisciplinar. Vio también cuál es el efecto del hielo en las cosas y conoció cómo se traslada a un famoso a una foto antigua. En este último taller, un vecino con forma y esencia de maniquí marcaba la silueta de un crimen en el techo del local. Los jóvenes, del colectivo Kiwi, regalaron al primer edil una camiseta con caricatura incluida: Gallardón iba subido en una excavadora. Todos reían y él seguía la gracia haciéndose el sueco.
Quedó sin ver, por lo menos por parte de la prensa, el parque de Pradolongo. Pero ya llegaba la comida y había cosas que hacer. Ruiz-Gallardón se iba de fin de semana después de hacer su cuarta visita por la ciudad y coger un poco de color en la piel. Ese luminoso día que comentaba el jubiloso concejal del distrito (que estaba como unas castañuelas con la visita del alcalde) permitió a Usera mostrarle su mejor rostro.