El 'Día sin Compras' de este viernes no sólo se plantea como una forma de exhibir el rechazo al consumismo y todo lo que implica, sino también como una forma de reivindicar diferentes alternativas que incluyen un comercio justo con los países subdesarrollados, redes locales de intercambio, el respaldo a los pequeños comercios frente a las multinacionales y el uso del transporte público, entre otras.
Como cada año, diferentes organizaciones aprovechan el último viernes de noviembre para animar a la población a que reduzcan hasta lo imprescindible las comprar previstas. Buscan así una “huelga del consumidor” contra el actual sistema socioeconómico, frente al que proponen otra forma de consumir que sea “respetuosa con la equidad y los límites del planeta y enriquecedora a nivel social”, según señala Ecologistas en Acción -principal organizadora del 'Día sin Compras' en España y responsable de la plataforma ‘Consume hasta Morir’-.

Su propuesta de reducir el consumo choca frontalmente con la actual concepción de la economía y la tendencia demostrada por la sociedad española (y, de forma más acusada, por la madrileña) hasta el comienzo de la crisis en 2008.
De hecho, el Instituto Nacional de Estadística situó el gasto medio por persona en 2007 en 11.673,44 euros -un 5,6 % más que en 2.006-. Por encima de esa media se situaba la Comunidad de Madrid con 13.467 euros, la cifra más alta de entre todas las comunidades. Sólo el comienzo de la crisis logró frenar este ritmo de consumo. Y este frenazo ha contribuido a que el país entrara en recesión. De ahí que el Banco de España haya resaltado la importancia de reactivar el consumo para recuperar la economía. Y ahí es donde surge el debate: ¿se puede reducir realmente a lo esencial del consumo en una sociedad que basa su crecimiento económico precisamente en la compra de productos?

Para Ecologistas en Acción, sí. Según esta organización la sociedad de consumo es un modelo insostenible tanto social como ambientalmente que, además, no garantiza la satisfacción real de las verdaderas necesidades de las personas. “Consumimos no ya por encima de nuestras posibilidades, que por supuesto, sino por encima de las posibilidades del planeta. En los últimos cincuenta años hemos dilapidado lo que la naturaleza ha tardado en crear millones de años”, sostiene Rodrigo Fernández Miranda, miembro de Ecologistas en Acción.
Pero sus críticas no se limitan sólo al impacto social y ecológico del consumo, sino que alcanzan también a la publicidad, “un monólogo comercial obscenamente omnipresente que, además, constituye el discurso ideológico fundamental de la sociedad de consumo”, según Fernández Miranda, quien además explica que a través de su plataforma ‘Consume hasta morir’ pretenden “desenmascarar la falsa felicidad que promueve la publicidad, empleando su mismo lenguaje.
"‘Consumir hasta Morir’ denuncia la transmisión de los valores consumistas como la competitividad, el hedonismo y el individualismo”, continúa. Además, a su juicio, la publicidad fuerza un consumo por encima de las necesidades reales.
Otra forma de consumir
Entre las propuestas que se defienden como alternativa está la autogestión basada en la producción colectiva y el apoyo mutuo a través de redes de intercambio, mercadillos tradicionales y comercios de barrio.
Como ejemplo de ello, Ecologistas en Acción mantiene abierta la “tienda gratis SinCoste”, ubicada en el Patio Maravillas (calle de Acuerdo, 8). “Consiste en dejar y coger la ropa que se quiera sin ninguna unidad monetaria de por medio. Nos sorprende tanto el buen recibimiento de la propuesta como la calidad que tiene la ropa. No se trata de prendas de desecho, sino de muy buena calidad”, explica Fernández.
Además, Fernández recuerda el peso creciente de otras medidas como el comercio justo o la agricultura ecológica. Incluso opciones más minoritarias “están en aumento: hace unos años había tres grupos de consumo en Madrid y ahora se está produciendo un colapso de demanda”. El objetivo último de todas estas medidas es “retomar las relaciones de cercanía a través del trueque, la ecología urbana o el reciclaje”. En definitiva, hacer posible desde el ámbito local alternativas que permitan “alcanzar otro tipo de comercio”.
18 años y 13 países
La propuesta de dejar de comprar durante 24 horas se le ocurrió al dibujante de tebeos canadiense Ted Dave en 1991. Tras darse cuenta de que estaba gastando 20 dólares a la semana en cosas de cuestionable valor como cafés y pasteles, pensó que había llegado el momento de replantearse sus criterios de consumo. Dave decidió crear el Día sin Compras, que desde entonces se celebra el último viernes de cada noviembre.
La propuesta ha dado la vuelta al mundo hasta el punto de que actualmente la respaldan activistas de Alemania, Holanda, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Eslovenia, Polonia, Finlandia, Noruega y España.