Desde que el ministro de Interior, Pérez Rubalcaba, dijo que deberíamos sentirnos orgullosos de que Madrid sea una ciudad segura, de que la nuestra se encuentra entre las más seguras de Europa, se han producido tres muertes más en acciones violentas. Ya son 15 las personas fallecidas en Madrid en lo que va de año de forma violenta. La última, un dominicano, el pasado viernes en el distrito de Tetuán, muerto a tiros por un vigilante jurado, un suceso lleno de interrogantes, de hipótesis, que van desde un ajuste de cuentas hasta un homicidio porque sí, pasando por un asunto de tráfico de drogas, en fin, de momento no hay nada claro y todo es muy extraño. El presunto agresor parecer haber declarado ante el juez que mató al dominicano sin conocerle, por confusión. Pero no está claro, porque matar sin conocer a la víctima, por equivocación, sin premeditación, acarrea menos condena, que hacerlo con alguien al que se conoce y se va a por él, y estamos viendo últimamente como en el mundo del crimen los delincuentes saben cada vez más y cómo atenuar la pena por el delito cometido según la versión que den de los hechos. Eso sí, ya se han despertado las protestas encendidas e verbalmente incendiarias, de la colonia dominicana en Madrid, especialmente en el distrito de Tetuán, donde es numerosa y donde ocurrió el suceso. Es comprensible la reacción de los familiares de la víctima, porque el dolor es irracional, lo que tiene menos sentido es la contestación de otros dominicanos amigos o conocidos del muerto; unos asegurando que se trataba de un crimen racista, de que el presunto agresor habría disparado al dominicano por el color de su piel; otros, criticando al pueblo español por justificar siempre la muerte de un dominicano de forma violenta diciendo que fue por un ajuste de cuentas; algunos incluso clamando venganza y amenazando con administrarla por su cuenta.
Habrá que esperar al resultado de las investigaciones para determinar si el motivo de este homicidio fue de tipo racional, un ajuste de cuentas, un trapicheo de droga, una cuestión personal, aunque en cualquiera de los casos, la muerte a sangre fría de un ser humano es siempre un hecho execrable, repugnante. Que no se hagan juicios de valor ni juicios prematuros, que no se despierten brotes racistas ni se promuevan reacciones violentas. Hay que confiar en la justicia, esperar. Lo lamentable, lo irreparable, es que este joven dominicano se convirtió el pasado viernes en la decimoquinta víctima mortal en acto violento, aunque el ministro de Interior duerma tranquilo y confiado en que Madrid sigue siendo una ciudad segura, una de las más seguras de Europa. Cuando despierte se dará cuenta de que 15 muertes violentas en lo que va de año, no ha sido un mal sueño.