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Matar a los hijos

lunes 14 de junio de 2021, 10:30h

Que nadie hable de trastorno mental.

Estamos ante el acto de algunos de nuestra misma especie, que rezuma rencor, odio, hacia la ex y se desplaza a los hijos, que son utilizados como armas para hacer sufrir.

La maldad en estado puro, el ego descomunal, la incapacidad para aceptar un no, un alejamiento.

Los hijos inocentes víctimas de quienes denotan incapacidad para aceptar la frustración.

Matar a los hijos es bastardo, es cobarde, es antinatura. Y genera un dolor incalculable, imborrable, insuperable en la madre, y en los abuelos y en los seres queridos. Sí, la madre sufrirá la mayor de las torturas mientras viva.

Porque ellos van a la cárcel, pierden la libertad, pero en lo más profundo se regocijan de lo realizado. O se quitan la vida (que no es suicidarse por sufrir, sino quitarse de en medio para hacer sufrir, para no ser juzgado).

Su perversidad les lleva a buscar que no se encuentren los cuerpos de los niños (quemados; o en el fondo del mar), para generar una insoportable esperanza, una lacerante duda.

Y aún más, desean trasladar a su ex, la culpabilidad por lo acontecido, la purulenta idea de que, si ella hubiera sido fiel a lo que él le exigía, sus hijos estarían vivos.

Niños vilmente asesinados por unos hombres (no se puede decir padres), que se obsesionan, que rumian, que arden en sed de venganza, porque su “yo”, está dañado.

Repito, su enfermedad es moral. Saben lo que hacen, y hacen lo que quieren hacer. Lo anticipan, lo planifican.

La muerte de un hijo a manos de un denominado padre, de quien le debe de querer, proteger, transmitir seguridad es tan desgarrador que su onda expansiva llega a otros niños que viendo a sus padres discutir en procesos de separación virulentos se cuestionan silenciosamente si a ellos también les podría llegar a ocurrir.

Me detendré en los abuelos, y específicamente los que han tenido, querido, y educado a un hijo que ha matado, sí, asesinado a sus nietos. No lo duden, se plantearán si en algo se equivocaron al educar a su hijo.

Estamos hablando del dolor íntimo, profundo, del sufrimiento imborrable.

Y algunas mujeres que están en proceso de separación y tienen hijos, sabedoras de que su pareja es violento, celoso, absorbente, intolerante, ¿se cuestionan el seguir adelante?

Por desgracia algún varón que no representa a los hombres en general, puede estar pensando en que esta es una mala solución, una no solución, pero dado que percibe lo que acontece como injusto y se posiciona como doliente, la valora como compensatoria “yo sufro, pero tú ni te imaginas” y el odio, el rencor, la venganza se desborda, no hay límites, no hay vínculos, no hay amor. Poseídos por la rabia ya no padecen, se imponen hacer lo que ellos dictan, imaginan, anticipan.

Estos casos se repiten, convulsionan a la gente de bien, provocan mucho llanto y una desconfianza en el ser humano, capaz de dar la vida por otros, pero también de lo más sórdido y para los más, incomprensible.

Javier Urra

Primer Defensor del Menor

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