“Aquí estaba la fábrica de Osram y aquí me despidieron tras ser detenida”, señala Begoña San José, histórica militante del movimiento feminista y de las Comisiones Obreras que fue testigo de las intentas movilizaciones que en la década de los setenta movilizaron a miles de trabajadores en un Madrid que se abría paso en los últimos días de Francisco Franco. Se refiere a la actual sede de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo en el distrito de Arganzuela que cerró sus puertas como industria en 1993. La historia de Begoña se entrelaza con la de millones de trabajadores y trabajadoras llegados de todos los puntos del país. Clase obrera que vivía al margen de los lujos de la élite de los barrios residenciales y se enfrentaba cada día a la precariedad en una ciudad que había crecido con la única de preocupación de alejar a los parias de los lugares visibles.

Ahora un proyecto de la Fundación 1º de Mayo de Comisiones Obreras publica Cartografía de la Memoria Obrera un recorrido que rescata una parte del Madrid obrero de la segunda mitad del siglo XX. Sus promotores señalan que este trabajo surge con la intención de recuperar una parte de la memoria del Madrid obrero de la segunda mitad del siglo XX y representarla en un mapa conceptual de los lugares relacionados con la memoria obrera antifranquista. Para lograr este propósito, se ha llevado a cabo una investigación de estos espacios donde los trabajadores desafiaron al régimen franquista, un trabajo que ha sido capitaneado por Mayka Muñoz y Susana Alba que se han adentrado en cientos de archivos y testimonios de quienes vivieron esos caños complejos para trazar este mapa y señalar los puntos clave para el movimiento obrero en la región “se había documentado los procesos de desindustrialización pero no al papel de los trabajadores organizados en las fábricas”, indican las investigadoras a Madridiario.
“En nuestra ciudad cuesta mucho defender la arquitectura industrial”
El objetivo del trabajo pasa por destacar los lugares de la memoria obrera, aquellos de trabajo, socialización, resistencia antifranquista, movilizaciones y manifestaciones que reflejan el papel central de la clase trabajadora en la lucha por conquistar espacios de democracia durante la dictadura. También se han reflejado los cambios ocurridos en los espacios urbanos, donde los edificios residenciales, oficinas y las áreas verdes han reemplazado a las fábricas y talleres desde que el proceso de reconversión redujo significativamente la presencia industrial en Madrid, con las consecuencias que ello tuvo para la clase trabajadora.
De la fábrica a la urbanización
Tras la crisis del petróleo en el setenta y tres, así como el proceso general de desindustrialización que afectó a todos los rincones del país muchas de las grandes fábricas de la región vieron como sus cadenas de producción quedaban abandonadas y el vocerío de trabajadores y sonido de las máquinas en movimiento dejaban paso al silencio absoluto y al ostracismo. Las investigadoras detrás de esta cartografía enfocan su trabajo en las zonas industriales de los de la zona del distrito de Arganzuela, que engloba Delicias, Legazpi, Embajadores y Méndez Álvaro; el antiguo municipio Chamartín de la Rosa, actual Tetuán , un área industrial en el norte bastante reducida; San Blas-Canillejas, con las fábricas del polígono de Julián Camarillo y las de la avenida de Aragón; y Villaverde con el potente foco de la industria del automóvil y el metal.

A partir de 1975, se produce un cambio en el ciclo económico afectando al sector secundario. Muchas de estas fábricas han ido debido a los procesos de reconversión industrial realizados desde los años ochenta en Madrid, siendo la mayoría de los polígonos sustituidos por áreas residenciales u oficinas. “En nuestra ciudad cuesta mucho defender la arquitectura industrial”, reconoce Begoña San José, que reivindica a este medio que estas fábricas sean identificadas para que pueda conocerse su pasado. Como mencionamos, estos conjuntos industriales en su mayoría desaparecen con la reconversión industrial y con ellos la identidad colectiva de los barrios obreros vinculados a esas industrias, a un trabajo concreto y también a la reivindicación obrera.
Sobre estos antiguos terrenos industriales se cernió la especulación inmobiliaria con la construcción de viviendas para rentas altas. Esta ha sido la tónica general en Madrid, a diferencia de otras ciudades donde se han adaptado las antiguas estructuras industriales para otros usos, incluido el residencial, pero sin derribarlas por completo. De esta manera, se configura un nuevo paisaje urbano, definido por la construcción de estas edificaciones residenciales, con nuevas calles y dotaciones públicas. Por otra parte, la especulación del suelo ha provocado la expulsión social selectiva de las clases trabajadoras hacia las nuevas periferias, modificando asimismo la estructura social de estas nuevas áreas urbanas.
En Madrid muchas fábricas han sido reemplazadas por complejos residenciales
Cuando se ha conservado algún elemento de la fábrica anterior, como la fachada, al adaptar el edificio a nuevos usos, no existe ninguna explicación de lo que era ese lugar antes. Esto ocurre con las antiguas sedes de Osram, Boetticher y Navarro, Standard o Confecciones Puente. En otros casos, como la chimenea de Gas Madrid, este vestigio se encuentra descontextualizado en el espacio urbano. No hay un relato. En la mayoría de los casos, sin embargo, donde las fábricas han sido reemplazadas por complejos residenciales, no hay vestigios, solo olvido; ni siquiera la numeración de las calles se corresponde con la actual. Donde antes entraban y salían decenas de trabajadores y trabajadoras, donde pasaban ocho o más horas diarias, donde reivindicaron sus derechos y protestaron por las condiciones laborales, ahora solo existe el vacío.
San José reivindica el papel de las mujeres en las luchas obreras “se habla de la mujer como esposa y compañera de algún trabajador, también estábamos en las fábricas”, que recuerda que en los años setenta eran miles de mujeres las que trabajaban en el tejido industrial “cuando comenzaron a verse las consecuencias de la crisis económica a las primeras que despedían eran a las mujeres”.
Plan Bidagor: segregación y clasismo en el Madrid de los cuarenta
La planificación urbanística establecida a partir de 1944 con el Plan General de Ordenación Urbana impulsado por Pedro Bigador ha dejado una huella profunda en la segregación espacial y social de la ciudad. Su principal objetivo fue trasladar las industrias, la emigración y las clases trabajadoras a las áreas periféricas. La década de 1960 representa el punto culminante de esta planificación, fundamentada en una ideología vinculada al régimen franquista, con el desarrollo de la industria fordista en diversos polígonos suburbanos, coincidiendo con la creación de barrios y colonias obreras en proximidad a estos.
A pesar del contexto represivo en el que estos espacios fueron habitados, la ciudadanía ejerció su agencia al ocupar estos lugares para expresar sus demandas y reivindicar derechos y libertades democráticas. Sin embargo, estos lugares también fueron escenarios de violencia, marcados por cargas policiales, detenciones y malos tratos. “Si sobrepones los proyectos del Plan Bigador al mapa actual de renta puedes sorprenderte, la segregación creó una huella que sigue observándose en nuestros días”, apunta a este medio Mayka Muñoz.
Lugares de la represión todavía sin identificar
Las investigadoras de este proyecto coinciden con los colectivos memorialistas y señalan que todavía existen espacios de represión franquista sin ninguna identificación que recuerde su tenebroso pasado “en esos espacios se reprimió a los trabajadores que se organiaban”, indica a este medio Susana Alba. Entre los espacios que la Fundación 1º de mayo ejemplifica está la actual sede de la presidencia regional, que en el pasado alojó la Dirección General de Seguridad y en sus sótanos, se torturó a cientos de opositores a la dictadura entre tantos nombres el de Begoña San José.

Otro de los lugares mencionados en este análisis es la prisión de Carabanchel, que sirvió como prisión provincial para hombres, y para mujeres, las cárceles de Ventas hasta su cierre en 1969 y Yeserías a continuación, donde además los familiares de los presos se movilizaban por la libertad de sus seres queridos. Además, otra ubicación marcada por la represión fue la sede del Tribunal de Orden Público (TOP), donde a partir de 1963 se juzgaron los delitos de asociación ilícita, manifestación y propaganda ilegal, con la participación de miles de detenidos antifranquistas. El TOP sucedió al Juzgado Militar Especial contra los Delitos de Espionaje, Masonería y Comunismo.