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Madrid, la malquerida del Estado

lunes 07 de septiembre de 2020, 17:05h

Madrid es el oscuro objeto del deseo. Entre los bastiones de poder que aún escapan a la hegemonía PSOE-Podemos, falta Madrid, tanto como Comunidad Autónoma, como municipio; como región con seis millones y medio de habitantes y como Ayuntamiento de la capital de España. Madrid es la sede del gobierno central, de todos los ministerios y de las Cámaras Legislativas. Los aspirantes a presidentes del gobierno se presentan encabezando las candidaturas electorales de sus partidos por Madrid.

Pero el Estado sigue negándole a Madrid una compensación por los gastos que le acarrea la capitalidad; es la hermana pobre en el reparto de las aportaciones contempladas en los Presupuestos Generales, pese a ser la Comunidad que más aporta a fondo de Compensación.

En el proceso de constitución del Estado de la Autonomías, nadie quiso integrar a Madrid en su territorio, ni Castilla-León, ni Castilla-La Mancha. Se quedó sola en el furgón de cola del proceso, pero después, todas tiraron de ella como Comunidad prestadora de servicios.

Madrid, “bomba virológica” del coronavirus, según García Page, sin tener en cuenta que a Madrid vienen a trabajar a diario, miles de trabajadoras de las Comunidades limítrofes, especialmente de las provincias de Castilla-La Mancha. Madrid es la capital de España y el centro geográfico, el lugar de paso de este a oeste y de norte a sur del país. A Madrid vienen empresarios de todas las latitudes y es el mayor centro de distribución alimentaria y de servicios. Si Madrid fuera la bomba de relojería que sentencia el presidente castellano-manchego, sería por una serie de circunstancias ajenas a su voluntad. Pero es que es falso, porque quince autonomías superan en mortalidad a Madrid en esta segunda oleada de coronavirus. En nuestra Comunidad fallecen 1,01 personas por cada 100.000 habitantes, frente a las 8,6 de la media nacional y las 25,7 de Extremadura. Junto a Madrid, las regiones con menor tasa de mortalidad son el País Vasco, Navarra y Murcia.

Pero el poder político de Madrid mueve pasiones y sinrazones. El partido que aspira a controlar ese poder, se debate en un constante desprestigio hacia el que lo ostenta en esos momentos, y lo hace desacreditando a esta tierra, convertida permanentemente en escenario de batalla política, caiga quien caiga. Históricamente se ha demostrado que, gobierne quien gobierno, y cualquiera que aspire a hacerlo, implanta el sentimiento de que Madrid es la malquerida del Estado, lo peor del conjunto, porque ellos no tienen la responsabilidad de gobierno, y así las cosas, todo va mal. La mezquindad no tiene barreras.

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