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El Refugio recoge dos perros de un ingresado por COVID-19

miércoles 08 de abril de 2020, 13:00h

Esta es la reacción de los animales cuando aparecen sus salvadores de la protectora El Refugio, parece que su mirada lo dice todo "menos mal que estáis aquí, creíamosque no llegabais nunca".En esta ocasión, han sido Tyron y Arthur, una pareja de Bulldog de 7 y 8 años respectivamente, los que han escuchado la feliz frase. Ha sucedido en el madrileño Barrio de Salamanca, tras la hospitalización de su dueño a causa del COVID-19.

Desde el comienzo de la crisis sanitaria del COVID-19 la protectora El Refugio puso en marcha varios planes de acción para intentar ayudar a los perros y gatos de afectados por el virus en la Comunidad de Madrid. Según declara su presidente, Nacho Paunero, están gestionando multitud de casos de muy diversa índole: anímales cuyos dueños han sido ingresados y no tienen familiares o amigos que puedan hacerse cargo de ellos en su ausencia, otros que han quedado definitivamente solos por fallecimiento de sus dueños, propietarios de dos residencias que fueron confinados en la que no tenían a sus animales pero no les permiten ir a buscarlos, animales que han quedado aislados en comercios cerrados, familiares o amigos de un hospitalizado que quiere hacerse cargo de su perro o gato y nos pide que lo desinfectemos antes de acogerlo en su hogar, y un sinfín de situaciones enrevesadas para las que hay que encontrar soluciones específicas.

La parte buena de todo este virulento contingente, es que la población española está mostrando una vez más su perfil más solidario y, sin siquiera haber solicitado su ayuda, cientos de madrileños se han ofrecido para acoger a los animales que estén en situación de desamparo. Desde la protectora nos cuentan que en estos momentos es mucho mayor el número de personas que ofrecen su ayuda, que el de las que la necesitan, lo cual es tranquilizador porque indica que les permite seguir teniendo las situaciones que van surgiendo bajo control.

“Entrar en un domicilio que no es el tuyo siempre es una situación un tanto extraña, mucho más si vas vestido como un astronauta a punto de salir del módulo espacial con un cañón desinfectante en la mano. El momento de introducir la llave en la puerta es incierto, pues tras ella se encuentra un animal desorientado, que no te conoce y, que al oír la llave en su puerta, anhela ver por fin a su desaparecido y amado compañero humano. Aunque lo lógico sería pensar que su reacción pudiera ser extraña, los pequeños nos están recibiendo con tranquilidad y alivio. Son mucho más inteligentes de lo que algunos creen, y desde que se abre la puerta perciben que aquellos encapuchados vienen a salvarlos. ¡Menos mal que habéis aparecido, pensé que no llegabais nunca…! Es lo que nos dicen sus ojillos, y cuando por fin podemos acariciarlos, es una satisfacción inmensa responderles: ¡tranquilo, no estás solo!

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