Durante su participación en Fitur el pasado mes de enero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciaba la propuesta de ampliación para el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Con un presupuesto próximo a los 2.500 millones, la mayor inversión en infraestructuras aeroportuarias de la última década, se trata de incrementar la superficie disponible en la T4 y la T4S, al tiempo que se unifican las T1, T2 y T3, para elevar su capacidad hasta los 80 millones de pasajeros al año.
Una medida que, pese al distinto signo de la Administración central, sería acogida de buen grado por las instituciones madrileñas. Tanto la líder del Ejecutivo regional, Isabel Díaz Ayuso, como el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, tildaron entonces de positivo un proyecto que aspira a convertir Barajas en el aeropuerto con mayor potencial del continente, por encima incluso de centros punteros como Heathrow, en Londres, o Estambul. Los detractores, por el contrario, abogarían desde un principio por la paralización del plan y la reducción progresiva de las operaciones siguiendo el modelo holandés.
La oposición a la ampliación del aeropuerto bebe fundamentalmente del movimiento asociativo en las poblaciones aledañas. Tanto es así que serían los vecinos de Coslada, San Fernando de Henares y el propio distrito de Barajas quienes, fruto de los "enormes impactos sociales, económicos y ambientales que acarreará un proyecto de tales dimensiones", terminarían por encabezar la contraofensiva. Para muestra, las constantes movilizaciones a cargo de la Plataforma contra la ampliación de Barajas y Ecologistas en Acción, quienes vienen denunciando desde hace años la contaminación acústica y las emisiones de dióxido de carbono como principales perjuicios para los residentes de la zona.
"El principal problema es el ruido"
“El problema más notorio es el del ruido. En un radio de apenas cinco kilómetros del aeropuerto viven cerca de 5.000 personas. Vemos constantemente como hay vuelos nocturnos, pruebas de aviones durante la noche... Eso afecta diariamente al descanso de los vecinos, convirtiéndose así en el primer impacto”, explica en conversaciones con Madridiario el coordinador del área de movilidad sostenible de Ecologistas en Acción y miembro de la Plataforma Contra la Ampliación de Barajas, Pablo Muñoz.

La reducción de emisiones y, muy especialmente, de las partículas conocidas como “ultrafinas”, es el segundo pilar en las reivindicaciones de los afectados: “Luego está una cuestión que es muy invisible porque ni está regulado ni se mide. Es la calidad del aire en las zonas más cercanas a los aeropuertos. Sabemos que los aviones, además de óxidos de nitrógeno que son contaminantes y que sí están regulados, también emiten partículas ultrafinas. Estas son muy peligrosas para la salud porque, por su tamaño microscópico, penetran en las vías respiratoria y en el torrente sanguíneo. Infinidad de estudios demuestran su enormes efectos perjudiciales contra la salud (…), además de ser responsables de que Coslada y, en general, todo el Corredor del Henares sea una de las zonas más contaminadas del país”.
En esta línea, vecinos y ecologistas reclaman a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid, administraciones “competentes en materia de calidad del aire”, la puesta en marcha de “redes de medición” en las zonas urbanas más sobrevoladas. Más allá de las emisiones provocadas por la propia actividad aeroportuaria, los afectados apuntan también hacia la contaminación derivada de los miles de desplazamientos diarios hacia o desde el aeropuerto, responsables de una notoria “ocupación del espacio público”, y las molestias asociadas a los trabajos de construcción en los nuevos desarrollos urbanísticos como molestias adicionales.
La alternativa, detallan, pasaría por la aplicación del “modelo Ámsterdam”, consistente en la reducción progresiva de las operaciones que se llevan a cabo en el aeropuerto, la eliminación de vuelos nocturnos y, por descontado, la suspensión de cualquier proyecto de ampliación en ciernes. También por una apuesta decidida por medios de transporte alternativos y menos contaminantes, como el tren de alta velocidad, aspirante a la sustitución de vuelos de corta duración, como la ruta entre Madrid y Barcelona. El “estudio técnico” necesario para su aplicación, confirman fuentes del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, ya se encontraría en marcha.
"También nos preocupan las partículas ultrafinas"
“Nuestra propuesta se inspira en el ejemplo de Ámsterdam. Tanto el gestor aeroportuario como el Gobierno holandés han manifestado ya su voluntad de reducir la progresivamente el número de operaciones para reducir los impactos, sobre todo para los vecinos que viven cerca del aeropuerto. Esto se traduce en un objetivo claro: reducir a 460.000 los vuelos este año y a 440.000 el año que viene. También han establecido medidas para que no haya vuelos nocturnos y han declarado su intención de abandonar el proyecto para la construcción de nuevas pistas. Es una tónica que ya se manifiesta en los aeropuertos más notables de Europa, especialmente en aquellos que por su tamaño y volumen de operaciones tienen un mayor impacto sobre la comunidad”, argumenta Muñoz.
Con la vista puesta en dar a conocer sus plantemientos, el pasado viernes, 15 de marzo, la Plataforma contra la ampliación de Barajas y Ecologistas en Acción unieron fuerzas para celebrar una concentración conjunta a las puertas del ministerio del ramo. La movilización se enmarca en una “acción simultánea” que tuvo lugar en siete ciudades de la Unión Europea -París, Bruselas, Frankfurt, Amsterdam, Londres, Palma de Mallorca y Madrid- convocada por muy diversos colectivos vecinales, ecologistas, sindicales y académicos.

Un “espacio cultural” en stand by
Otro de los anhelos de la vecindad, organizada en torno a la Plataforma Barajas BIC -siglas de la categoría de especial protección pública 'Bien de Interés Cultural'-, pasa por la creación de un espacio cultural que incluya un museo y un Centro de Interpretación Arqueológica en las instalaciones del propio aeropuerto, así como la construcción de una conexión peatonal entre el Casco Histórico del distrito y Alameda de Osuna. Pese a que la propuesta fue trasladada hace ya más de dos años, sus impulsores aseguran no tener "noticia alguna", más allá del estudio de la propuesta en el marco de la futura ampliación, acerca de las intenciones del titular del espacio, la empresa pública AENA.
El que sí parece avanzar en la buena dirección es el proyecto para la prolongación del 'Pasillo Verde' que una el Casco Histórico de Barajas con Alameda de Osuna. El “consenso” existente entre los actores implicados -Junta Municipal, grupos de la oposición en Cibeles y asociaciones del barrio- en la ampliación del corredor, exponen desde Barajas BIC, permitiría mejorar la comunicación al unir peatonalmente dos de los cinco barrios que configuran el distrito.