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Alba Lucía Hurtado, operaria de limpieza de Clece en el primer hotel medicalizado del Sermas.
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Alba Lucía Hurtado, operaria de limpieza de Clece en el primer hotel medicalizado del Sermas. (Foto: Hugo Lescura)

Cierra el que fuera el primer hotel medicalizado de Madrid

Por MDO
viernes 04 de junio de 2021, 07:47h

El Ayre Gran Hotel Colón ha alojado huéspedes atípicos en el último año. La pandemia vació sus habitaciones de turistas y las llenó de pacientes Covid desde el día en que empezó a operar como el primer hotel medicalizado del Servicio Madrileño de Salud (Sermas): el 19 de marzo del año pasado. Por allí han pasado miles de pacientes que han superado la enfermedad en aislamiento, pero siempre arropados por el personal sanitario y de limpieza, con el que han forjado relaciones incluso de amistad que se han mantenido en el tiempo. Después de 14 meses ininterrumpidos prestando un servicio esencial, este viernes cierra sus puertas, símbolo de que encaramos la fase final de la pandemia.

La Comunidad de Madrid confió a Clece la desinfección de las 164 camas y zonas comunes del hotel sanitarizado. La empresa asiste al Sermas como proveedor del servicio de limpieza desde el año 2013, por lo que pudo aplicar desde el primer momento su experiencia en la higienización de entornos hospitalarios. Por ello, esta fue la mentalidad que la compañía inculcó en todos los trabajadores: “Olvidáos de que es un hotel y categorizadlo como que es un hospital”.

Así lo recuerda Ricardo Moro, supervisor de Clece en el Ayre Gran Hotel Colón, quien vive la clausura del primer y último hotel sanitarizado con sentimientos encontrados. Por un lado, con una sensación “de alivio al cerrar una etapa bastante dura”. Por otro, una mezcla de “añoranza por lo mucho que hemos vivido allí” y de “gratificación” por el buen desempeño del personal. “Dejaron a un lado a su familia y se dedicaron cien por cien a esto, es espectacular cómo ha colaborado todo el equipo”, agradece.

Alba Lucía Hurtado forma parte de ese equipo desde el primer día. Llegó al hotel la jornada que inició su actividad como espacio medicalizado y este viernes lo despide emocionada. “Vinimos sin saber dónde nos metíamos, pero hemos hecho un buen trabajo”, comenta. Prueba de ello, la agenda repleta de contactos de pacientes que “después de meses me escriben para ver cómo estoy”. Y es que en esos primeros compases inciertos de la crisis sanitaria el personal de limpieza de Clece no se limitó a sus funciones, sino que también supo ser consuelo y compañía, con la debida distancia, de los internos. Destacaron no solo por su profesionalidad, sino por su factor humano.

“Fueron muy cercanos con los enfermos y les transmitían seguridad mientras estaban lejos de casa”, apunta Ricardo Moro. El supervisor cuenta cómo esos minutos que pasaban dentro de la habitación con ellos les brindaban un momento de “desconexión y hasta de desahogo psicológico” ante la dureza de estar separados de sus familias. Pacientes y limpiadores charlaban de los nietos de uno y la afición al fútbol de otro. Temas banales y otros más trascendentales sobre los que se han construido “grandes relaciones de amistad”.

El supervisor, Ricardo Moro, y la operaria de limpieza Alba Lucía Hurtado.

La premisa que se autoimpuso Alba Lucía Hurtado era clara: “Íbamos a mil, pero teníamos que pensar en que la gente necesitaba cariño, no podíamos solo entrar y limpiar como una máquina”. Además de darles conversación mientras no perdían atención a la minuciosa desinfección que realizaban, también se preocupaban de pequeños detalles como de que no les faltase una botella de agua o conseguirles una almohada. Así se forjó, relata, “un grupo de amistad en la lucha”.

En ese grupo se incluye Gelu Cipriano, una de las primeras personas en estrenar el hotel medicalizado. De hecho, la derivaron allí el mismo día de su apertura. De sus 20 días de estancia destaca que siempre estuvo “protegida" por los sanitarios y el personal de limpieza. “No me sentía como en un hospital, sino una huésped”, valora. Allí se hizo “muy amiga" de Alba Lucía, con quien conversaba en la habitación de temas ajenos a la pandemia “para olvidarme de todo”.

Exhaustivos protocolos de limpieza y protección

Antes de empezar a trabajar en el hotel sanitarizado todos los profesionales de Clece recibieron formación teórica y práctica. En ella se involucraron los biólogos de la empresa, expertos en medicina preventiva y el área de prevención de riesgos laborales. “Hicimos simulacros en el hotel para enseñarles qué distancias debían guardar o qué medidas tomar para desinfectar en entornos con pacientes infecciosos”, explica el supervisor.

Los empleados aprendieron también cómo colocarse correctamente los equipos de protección individual (EPI) o el orden en el que debían limpiar los objetos dentro de cada estancia. No dejaban ni uno solo sin desinfectar. Enchufes, pomos, telefonillo, mando a distancia, grifos, mamparas. Pasaban la bayeta con lejía por todas las superficies de contacto. “Yo limpiaba como si quien fuera a ocupar la habitación fuera mi hija”, afirma Alba Lucía.

Se implementaron protocolos exhaustivos para reducir al mínimo el riesgo y la formación se ha repetido después para recordar y actualizar los métodos de actuación. Asimismo, “realizamos test a los trabajadores durante todo el proceso para hacer un seguimiento de seguridad y hemos tenido cero contagios”, indica Ricardo Moro.

Pese a la compleja situación a la que se ha enfrentado durante 14 meses el personal de limpieza de Clece el bagaje adquirido es positivo. Alba Lucía Hurtado recuerda que lo más importante era que “la gente se recuperaba y se iba bien”.

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