Aunque desde los primeros días de abril de 1939, hasta el 31 de mayo de 1940, el Pardiñas siguió abierto como cine, el 18 de octubre de 1940 el Coliseo, que se consideraba viejo ya, volvió a levantar el telón con un espectáculo arrevistado titulado Vampiresas 1940, protagonizado por Ramón Peña, Conchita Páez y Luis Heredia. Pasó a llamarse simplemente Alcalá. Era su empresario José Villar y la reforma estuvo firmada por Benito Guitart. Finalizando ese año, el 16 de diciembre, se pasó al cine otra vez. Un par de días antes había hecho lo mismo el Coliseum. Así habría de seguir durante más de treinta años. No obstante, en la primavera de 1941 hizo otro intento de ser teatro con una compañía montada por el Maestro Quiroga, en la que estaban Plácido Domingo y su esposa, Pepita Embil, los padres del tenor. Estrenaron sainetes musicales como El gato negro y La reina fea.
Nuevas reformas emprendidas el año 1965 permitieron remozar el cine Alcalá incorporando, en enero del año siguiente, las proyecciones del sistema Todd-Ao con el estreno de Los 4 hijos de Katie Elder. Ya era el Alcalá Palace.

El cantante Camilo Sesto, en la cumbre de su popularidad, decidió traer a Madrid uno de los musicales de más éxito en las principales carteleras del mundo: Jesucristo Superstar. La noche del 6 de noviembre de 1975 fue apoteósica para Camilo, Ángela Carrasco, Teddy Bautista, Alfonso Nadal… Aún no habían llegado los micrófonos inalámbricos y los intérpretes se pasaban los de cable cada vez que salían de escena. Aunque hoy nos parezca ridículo, este espectáculo despertó las iras de los ultracatólicos, que intentaron boicotearlo. Hicieron correr la voz de que era imposible encontrar entradas porque estaba todo vendido, lo que no era cierto. Pero el éxito fue de los históricos. Más tarde se repondría en el mismo escenario con Pablo Abraira como protagonista. A propósito de los micrófonos… en 1980 se estrenó allí el musical Lovy, el primero en utilizarlos inalámbricos. El resultado fue un desastre porque captaban las frecuencias de las emisoras de los servicios públicos, con el consiguiente caos.

Fue un indicio de que el Alcalá Palace podía ser uno de los grandes teatros para musicales, que entonces eran desconocidos en España. En los siguientes 15 años mantuvo una programación errática, que fue desde Bertolt Brecht (Un hombre es un hombre, 1981), hasta comedias de Alonso Millán, como El guardapolvo, 1990. Además, albergó programación de los distintos festivales madrileños, sobre todo flamencos, y conciertos de todo tipo. Los conciertos, a pesar de estar ya en plena Transición, le dieron algún disgusto al entonces empresario, José del Villar Lamoza, al que el Gobierno Civil multó y cerró el teatro en 1978 y volvió a multarlo tres años después. Aunque la sanción de 150.000 pesetas impuesta en 1981 fue recurrida y el gobierno tuvo que devolverle el dinero al empresario.

A pesar de sus limitaciones escénicas, y de su deterioro evidente, el gran aforo lo hacía apetecible para los empresarios. Pero entró en la última década del siglo XX con muy mal pie y con un negro futuro para la actividad escénica. Ya en la década de los noventa, en 1991, lo ocupó la tristemente recordada cooperativa PSV, promovida por el sindicato UGT para construir viviendas sociales. Se publicó que había pagado por el edificio 4.100 millones de pesetas. En el teatro estuvo la maqueta del que iba a ser emblema de la empresa: la esfera Armilar. Esta cooperativa resultó un enorme fraude que afectó a unas 20.000 familias. Tras su quiebra, el Alcalá Palace cerró las puertas el año 1995. En 1998 apareció en la fachada un gran cartel anunciando la construcción de viviendas de lujo. En la documentación del COAM consultada aparece como propietaria del inmueble la firma REPISO S.L. El proyecto se quedó en el anuncio.