El Nuevo Teatro Alcalá, de la calle Jorge Juan 62, cumple cien años, aunque durante los primeros 15 de existencia, se conoció como Coliseo Pardiñas y abrió las puertas como cine.
El empresario bilbaíno Pedro Martín Esteban solicitó al Ayuntamiento de Madrid, en 1922, licencia para construir un edificio de casas de alquiler “y local para espectáculos cinematográficos y teatrales”. Sería el Coliseo Pardiñas.

La ya populosa barriada de Goya, en el distrito de Salamanca, contó con un monumental edificio que proyectó el arquitecto Luis Ferrero Tomás, quien lo presentó al ayuntamiento en septiembre de 1922. Se trata de una gran manzana de perímetro trapezoidal que incluye edificios de viviendas y el teatro. Este presenta un perímetro que puede asemejarse al de las bombillas tradicionales. La manzana limita con las calles Jorge Juan, Alcalá y Antonio Acuña.
En los planos originales se contempla la existencia de un gran café con fachada a la calle Antonio Acuña. En esta calle se encuentra, actualmente, la entrada de artistas y decorados. El arquitecto certificó el 14 de octubre de 1924, que el local estaba está listo para funcionar. El 10 de enero de 1925 certificó el final de la construcción de las casas. El promotor solicitó inmediatamente licencia para poder alquilar los inmuebles.
El 14 de noviembre de 1924 se inauguró el coliseo con un programa de cine mudo que incluyó Fatty en el garaje, La voz de la mujer y la revista de moda La película de la elegancia. En las carteleras se decía que el nuevo cine estaba “a cinco minutos de la Puerta del Sol… en Metro”. La estación de Príncipe de Vergara, la más próxima, se había abierto el 14 de junio de ese mismo año.

La prensa siempre exageraba la capacidad de los nuevos locales. De este se publicó que podían entrar 3.000 espectadores, como también se indica en el expediente. Pero lo más razonable es creer que serían pocos más de 1.500, lo que ya era un aforo importante.
En un amplio reportaje sobre la inauguración, que publicó La ilustración universal en noviembre de 1924, se podía leer: “Al construir el escenario no sólo se han tenido en cuenta las exigencias que requiere la pantalla, sino que se le ha dado la necesaria amplitud para la eventualidad de dedicarlo a representaciones teatrales”. En el proyecto original se contempla la existencia de camerinos en cada piso, detrás del escenario. Y la eventualidad se produjo.
En la primavera de 1925 comenzó a hablarse de la conversión del cine Pardiñas en teatro. Se le quiso cambiar el nombre por el de Pérez Galdós, pero no cuajó la idea. El 1 de mayo se celebró un gran festival de variedades, a beneficio de la Asociación de la Prensa, para presentar la nueva etapa artística. El 28 de mayo de 1925 fue el día en el que, definitivamente, se levantó el telón por primera vez con el estreno de la comedia Cuento oriental, de Manuel Góngora. La compañía inaugural, del empresario Juan Vila, estaba encabezada por Irene Barroso y Mario Albar. Las entradas más caras costaban 2.50 pesetas.
Como en casi todos los teatros de esa época, las empresas programadoras y compañías cambiaban constantemente, así como los géneros a representar. El Pardiñas no fue una excepción y en julio de 1925, con la compañía de Pedro Barreto, se pasó a la zarzuela. Unos meses más tarde llegó, al frente de su compañía, Mariano Ozores, el padre de los populares actores y directores.
Sobre todo durante la Guerra Civil sería uno de los escenarios para este género lírico. Por él pasaron algunos de los divos del momento, como el barítono Marcos Redondo, que actuó en el verano de 1927. Plácido Domingo, padre, figuraba en la compañía de 1935, junto a Selica Pérez Carpio. La opereta-ballet El mesón del Pato Rojo, fue el estreno más popular del género. Obra de Romo y Del Portillo, se estrenó el 23 de marzo de 1938 y se mantuvo tres meses en la cartelera, en un Madrid cada vez más deprimido por la ya duradera guerra. Bohemios fue la última zarzuela en abril de 1939.
El 12 de septiembre de 1930 inició las proyecciones de películas sonoras con Un plato a la americana. Durante una década siguió alternando las representaciones en vivo con las películas, sufriendo un progresivo deterioro, posiblemente por falta de mantenimiento ya que el edificio no era tan antiguo. Finalizada la contienda, se inició una nueva etapa con otro nombre.