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Casi la mitad de las piscinas comunitarias de la región se resiste a abrir este verano
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(Foto: Pixabay)

Casi la mitad de las piscinas comunitarias de la región se resiste a abrir este verano

jueves 02 de julio de 2020, 07:00h

Los vecinos de la urbanización Los Lares, situada en un municipio de la zona noroeste de Madrid, recibieron el pasado 18 de junio una notificación de su administrador, por indicación de la Junta de Gobierno de la Comunidad de Propietarios, informándoles sobre las “normas para el uso y disfrute de la piscina en este verano tan atípico”, señalaba la circular que muestra a Madridiario Antonio, residente en el vecindario. La primera diferencia con respecto a otros periodos estivales era la reducción de la temporada de baño: del 1 de julio al 31 de agosto, un mes menos de lo habitual, para poder hacer frente al sobrecoste que suponía “la contratación de una persona para el control de aforo y desinfección del vaso de la piscina y la pradera de alrededor de la misma”.

Como ya se temían los propietarios, se había establecido un sistema de turnos rotatorios por portales con un tiempo máximo de baño de 48 minutos y un tope de 19 usuarios en el agua. Se informaba también de que los aseos permanecerían cerrados, que quedaba prohibido reservar el césped con toallas y se recomendaba abstenerse de llevar invitados o celebrar eventos. La información se completaba recordando la recomendación de mantener la distancia de seguridad de dos metros y la obligación de usar el gel hidroalcohólico, disponible a la entrada a la piscina, antes de darse el chapuzón.

Aunque con las indicaciones que recibieron estos vecinos el administrador de la finca se limitaba a reproducir las normas dispuestas por el Ministerio de Sanidad para las últimas fases de la desescalada, muchos veían inviable que se pudieran cumplir. Un día después, el Consejo de Gobierno la Comunidad de Madrid aprobaba una normativa propia que establecía medidas preventivas para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por la covid-19 una vez finalizada la prórroga del estado de alarma y que relajaba más las restricciones.

Así que, pasados pocos días, cuando ya todo el vecindario de Antonio se había descargado el documento de Excel con los turnos y había anotado en su agenda los días y horas que les tocaba refrescarse, el administrador envió una nueva comunicación o, como la llamó él, “una actualización de las normas de la piscina dadas las continuas modificaciones por parte de la autoridad competente”.

Los residentes supieron entonces que los planes de contratar a un empleado extra decaían, porque la distribución de turnos por portales había perdido su sentido, y que ya no eran 19, sino 32 las personas que podrían compartir el baño, dado que el aforo permitido en el vaso de la piscina se elevaba al 50 por ciento de su capacidad y con un espacio de 3 metros cuadrados por bañista. Asimismo, en vista de que el acto de refrescarse pasaba a ser más o menos libre, la Junta de Vocales de la Comunidad establecía el tiempo máximo de baño en media hora. “Transcurrido ese tiempo, si hay otros propietarios esperando, habrá que salir de la zona de baño y dejar sitio a otros vecinos”, incide la circular.

Como la de Antonio, hay 12.000 piscinas comunitarias en la toda la región, tantas como debates se han vivido en las urbanizaciones madrileñas sobre la idoneidad o no de abrir y la puesta a punto de estas instalaciones. En la de Teresa, en Rivas Vaciamadrid, mantienen los turnos de mañana y tarde que van alternando según los días, aunque ella no se ha atrevido aún a estrenar la temporada porque “me da cosa”, confiesa. La piscina de la urbanización de Juan, en Las Tablas, acaba de abrir el 1 de julio sin turnos, pero con un aforo de 43 personas y 45 minutos de tiempo máximo de disfrute.

No todas las comunidades se han tomado la molestia de discurrir cómo hacer compatible el uso estival de la piscina por parte de sus vecinos con la ‘nueva normalidad’ que nos ha traído el coronavirus. “Según nuestras estimaciones, han abierto por el momento entre un 50 y un 60 por ciento”, apunta Carmen Maícas, vocal del Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid (CAFMadrid). Debatiéndolo están aún en la comunidad de vecinos donde vive Fernando, en Las Rozas, donde hay un empate técnico entre los partidarios y los detractores de usar la piscina este verano. Otras, como la de María, permanecen cubiertas con la lona de conservación mientras la de sus vecinos ya está dando servicio.

Abrir este año la piscina comunitaria supone “un sobrecoste de un 50 por ciento más de media” con respecto a la temporada anterior. Los gastos varían en función del número de vecinos, pero “para una comunidad de 100 viviendas, con contratación de controlador siete días a la semana y las medidas de limpieza necesarias, el gasto es de 8.000 euros aproximadamente”, calcula la vocal del Colegio de Administradores de Fincas de Madrid.

Algunas comunidades prefieren evitarse ese gasto extra que supone la aplicación de las medidas de limpieza y desinfección de las instalaciones al menos dos veces al día y contar con un auxiliar para supervisar que se cumplen las normas. Porque, aunque desaparece la obligatoriedad de pedir cita previa, realizar turnos o incorporar la figura del controlador, estos dos últimos elementos “seguirán siendo aconsejables si la comunidad no es capaz de autogestionarse y evitar aglomeraciones”, recuerdan desde CAFMadrid.

“La normativa de la Comunidad de Madrid establece que se habilitarán sistemas de control de acceso, y en este sentido cada comunidad de propietarios está implantando, en función de su particularidad, la acordada por los propietarios”, subraya Maícas. “Por ejemplo, en las piscinas más grandes, de mancomunidades, normalmente se ha contratado a un controlador para asegurar el aforo del 50 por ciento, y la organización para el disfrute y uso de la piscina es por turnos”, apunta. Sin embargo, en las más pequeñas, “las comunidades están autogestionando el aforo por turnos o es el propio socorrista quien organiza el acceso al recinto”, aunque su función principal no sea esa, sino vigilar a los bañistas.

Otro motivo de peso para renunciar a la apertura de este espacio común es evitar los conflictos derivados de esta situación extraordinaria. Porque, a pesar de que la normativa de la Comunidad de Madrid implica más flexibilización de la normativa, resulta inevitable que esta situación anómala siga generando roces y conflictos entre los vecinos. “En ocasiones, cuando se adopta un acuerdo, en este caso de apertura o supresión del servicio de piscina, existen propietarios que, pese a estar en minoría, no están de acuerdo con la decisión adoptada”, dice Carmen Maícas.

A los administradores de fincas no les sorprende que puedan surgir disputas por el uso de este espacio común, independientemente del coronavirus. “En el caso de la piscina es donde se detectan siempre más discusiones, por el tema del gasto, pues se dividen las opiniones; a los que son usuarios les parece bien y a los que no, pues les parece un gasto absurdo”, explica un administrador de fincas que prefiere que no se le identifique y que ya ha empezado a detectar algunos conflictos este verano en las comunidades que administra. “Los vecinos muchas veces se niegan a cumplir las normas de higienización, bien porque son alérgicos o bien porque argumentan que ya han pasado la enfermedad y por eso nos les hace falta”. Otro motivo de disputa tiene que ver con los bañistas ajenos a la urbanización. “En las piscinas donde no hay controlador, se ruega que no se lleven invitados, ya que, al ser un aforo limitado, se está quitando la posibilidad de bañarse a su vecino”, comenta.

Precisamente en lo que están coincidiendo todas las comunidades que este verano han optado por abrir la piscina a pesar de todo es en “dar prioridad a los propietarios e inquilinos, así como las personas convivientes, sin autorizar la entrada de invitados”, señala la vocal de CAFMadrid.

Además de ahorrarse la derrama, las discusiones y el riesgo de rebrote, en caso de que no todos los vecinos tomen precauciones, otra ventaja que van a disfrutar las comunidades que han optado por mantener sin uso la piscina esta temporada es el ahorro. En estos casos, la Organización de Consumidores y Usuarios aconseja que, al cierre del Ejercicio, cuando se hagan las cuentas, la parte del presupuesto destinada a este fin que no va a gastarse se destine a “aumentar el fondo de reserva, al pago de una derrama extraordinaria pendiente o incluso a rebajar las cuotas ordinarias para 2021”, señalan.

En el caso de quienes viven de alquiler, esta organización aconseja que lleguen a un acuerdo razonable con su arrendador que podría ser, por ejemplo, pactar una rebaja temporal de la renta por la falta de disponibilidad de ese elemento incluido en la vivienda alquilada. A modo orientativo, la OCU sugiere una reducción de entre un 10 y un 20 por ciento del alquiler durante los meses de uso habitual de la piscina en los que esté cerrada.

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