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Diario de una pesadilla (14)

sábado 04 de abril de 2020, 12:38h

Hoy se suponía que debería estar haciendo las maletas para irme a Huelva. Tenía todo proyectado para desconectar una semana y bajar al sur para ver a mis amigos de hace más de 25 años. Todavía recuerdo que cuando fui por primera vez a las playas de El Rompido cogiendo previamente un barquito que nos hiciera atravesar el río Piedras, creí que aquello era el paraíso. Kilómetros de playas vírgenes sin chiringuitos. Solo sol, arena y muchísimas conchas marinas. Recuerdo especialmente esa sensación de ser un náufrago en mitad de toda aquella explosión de la Naturaleza. Alguna tarde de Semana Santa literalmente no había nadie paseando por la playa.

El pensamiento me lleva a aquellas latitudes porque este año de confinamiento se me quedará grabado en la memoria mientras viva. Miro por la ventana y veo la casa de enfrente. Hablo con mis vecinos a las ocho de la tarde cuando salimos a aplaudir a los sanitarios y en general, a todos aquellos que están velando por nuestra salud. Entiendo que uno de los bienes más preciados es la libertad. Por eso, cuando alguien dice que los presos viven estupendamente, me viene la sensación que tuve al entrevistar a Rafi Escobedo en la prisión del Dueso: el sonido de los cerrojazos a tu espalda que te indican que de allí es imposible salir. Llevamos tres semanas y ya nos subimos por las paredes. Dicen que nadie te puede dar libertad porque si eres un hombre, la tomas. También te aseguran que somos libres si verdaderamente, deseamos serlo. También Aristóteles apuntaba que uno es verdaderamente libre si has superado sus miedos. Y en esas estamos, en superar nuestros miedos en tiempos del “corona”. Hoy más que nunca ponemos en valor el derecho a la libertad reconocido en nuestra Constitución.

Muy graciosos algunos de los videos que me llegan al whatsapp del teléfono. Hay uno que se ve a la “procesión” de la Semana Santa que nos ha tocado vivir. Gente guardando, con el carro de la compra, la distancia de seguridad. Van caminando muy lentamente para entrar en el supermercado. Con sonido de semana santa, parece que van caminando llevando el ritmo de las procesiones. Otro que ha hecho un italiano con su gato. Se ve un pasillo y al fondo un gato. El que graba el video le dice al gato que esté atento. Con su pie calzado con una zapatilla lanza un balón y se ve al gato haciendo de portero, pegando un salto increíble y parando la pelota con sus patas delanteras. La acción se repite y el gato, a lo Iker Casillas, “caza” la pelota en todas las versiones posibles. Es muy curioso. Mi hermano mayor, el médico, también me ha mandado otro video de sus tortugas. Ellas que parecen inactivas se las ve respondiendo a la llamada de la primavera: copulan con muy pocas ganas. Son así. No se qué le encuentra mi hermano a sus tortugas a las que conoce por su nombre. Son infinitas las que uno se puede encontrar en su jardín. ¡Qué capacidad de reproducción!

Me alegra el día saber que el sol está ahí fuera. Ese sol que me da la vida. Como dice un amigo: ¡hay motivo para celebrar que estamos aquí!

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