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Siempre nos faltará la sal

Por Lidia López García
domingo 23 de marzo de 2025, 19:42h
Hay algo dentro de nosotros que despierta la lluvia. Nos pone tristes, pensativos, soñadores y románticos. Me gusta ser una romántica confesa.

Nos tienta, a quedarnos encerrados en casa bajo la premisa de que el sofá de repente es más cómodo, las películas ganan con el repiqueteo de las gotas de agua sobre los cristales y dormimos mejor.

Nos irrita, dicen que por la falta de luz.

Nos descubre, que hay algo de belleza en las imposibilidades, en la falta de control que tenemos sobre el tiempo. Está bien, que no podamos hacer nada para que el que agua deje de caer del cielo, para que salga el sol o para que, aunque paremos las agujas del reloj, el tiempo siga su curso.

Leo, de la mano del más romántico de todos, de García Lorca, que la lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de ‘’soñolencia’’ resignada y amable, que una música humilde se despierta con ella, y nos hace vibrar el alma.

Aún tentada a no quitarme el pijama, salgo de casa y huele a tierra mojada. Que haríamos sin estos otros incontrolables, los olores. Paseo bajo la lluvia, porque se me ha vuelto a olvidar el paraguas y podría quedar bonito decir que me gusta sentir como el cielo llora, pero no creo en los lloros celestiales. Sí que creo, que tiene su aquel en llegar empapado a casa de vez en cuando, el despeinarse y que no te importe. Que le vamos a hacer. El agua, no rompe costillas, dice mi padre.

Hoy, ha salido el sol. Nunca sabemos lo mucho que podemos echar de menos hasta que no lo volvemos a tener enfrente, hasta que vuelve a aparecer. No creo que echáramos de menos al sol. Nos echamos de menos a nosotros, por quien somos con luz. También pasa cuando llueve dentro y no afuera.

Que bien, por otro lado, cuando dejamos de echar de menos porque volvemos a ser. Que bien, que a veces alguien nos sorprenda con su luz, que nos deslumbre.

Dicen, que hay algo que le falta a Madrid, y es el mar. Lo que no le faltan son náufragos. Me gusta la frase que dice que es la ciudad con más náufragos del mundo. Ahora, con tanta agua, hay olas en el Manzanares. Menos mal, que siempre nos faltará la sal, el sonido de las olas, el salitre en la piel... que Madrid, nos gusta así, sin mar.

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