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Cuento de Navidad

lunes 02 de diciembre de 2019, 14:23h

En política no vale aplicar la parábola del óbolo. Por eso una ha de aguantar ser juzgada, día sí y noche también, con severidad ciudadana. El espíritu de lo local no es geográfico, no se define por un determinado mapa, ni siquiera por un flamante o raquítico nivel presupuestario. El alma en la gestión municipal radica en ser útil de verdad a la gente. Desde la aldea de treinta vecinos hasta una mega urbe con millones de rostros anónimos. Todo lo demás son fuegos artificiales. Y ojo con esto porque contamos con varios partidos especialistas en la pirotecnia.

Arrancamos diciembre y no encuentro mejor homenaje que reivindicar la satisfacción del deber cumplido. No existe aplauso que supere a la alegría íntima de un (casi) final justo para un compromiso adquirido. Haber sido parte, eslabón, peldaño (lo que ustedes quieran, me da igual), de un proyecto como Perioncely ha supuesto una responsabilidad convertida en privilegio.

La defensa de un símbolo antibelicista venía acompañada de una reivindicación social muy concreta: devolverle la dignidad a unas familias que sobrevivían en unas condiciones inaceptables. Al final, todas las fuerzas políticas que representan a los madrileños han respondido a una sola voz. Los miembros del ecosistema político, de esta jungla democrática llamada Madrid, hemos sido capaces de dar una última respuesta unánime, digna y útil. Felicito al resto de grupos municipales por haberse sumado a una lucha que merecía la pena.

Esta satisfacción me invita a compartir con ustedes una obviedad muy maltratada en estos tiempos de desgarros de vestiduras. Los políticos locales debemos trabajar en la calle y en los despachos, debemos comprometernos con la gente sin ser populistas, estar junto a los vecinos para hacerles saber que si van a por ellos vendrán también a por nosotros, porque nada nos moverá de su lado.

En lo municipal no cabe la pose sino la peonada. No valen las falacias indignas de quien va y viene. Esto de la política local, entendida como la suma de pequeños problemas que, al unirse, se convierten en un temible avispero, acaba por pasarle factura a una. Por eso son tan necesarias las estructuras políticas honestas y leales. La profesión política nunca acaba como algo indefinido. Como mucho encadena contratos eventuales. Esta precariedad permite la regeneración y ha de ser asumida por los que nos dedicamos, de momento, a esto.

Una pregunta que se debería hacer a todo político es: ¿Cuál es su plan B? Yo tengo el mío desde el primer día que empecé en esta locura. Y lo mismo que les digo esto, les confieso que espero continuar más tiempo en el lío, porque cuando ayudas a las personas te sientes mucho más viva. Feliz Navidad.

Mar Espinar

Concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid

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