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Sí a pasar página, pero después de leerla

jueves 24 de octubre de 2019, 16:16h

La emoción por ver al dictador y asesino Francisco Franco fuera del Valle de los Caídos me pilló en la Asamblea, en plena actividad por ser día de celebración del Pleno de cada jueves. La noche anterior, me costó coger el sueño porque mi mente estaba en los días del fallecimiento del criminal que dio un golpe de Estado contra la República legalmente establecida.

Ya se sabe que durante una contienda las barbaridades y excesos se producen por ambos bandos, pero el que ganó demostró lo que era: un asesino. Vinieron asesinatos, ejecuciones sumarias, torturas, cárceles, rapados de pelo a las mujeres que no sintieron más que rabia y dolor ante la llegada de los amigos del fascismo a España. También me impidió coger el sueño los recuerdos de la entrada de los esbirros de la Brigada Política Social del comisario Conesa y del torturador ‘Billy el Niño’ en la casa de mis padres, en las cercanías de la actual sede de la Asamblea de Madrid.

Las torturas y ‘secuestro’ no se me olvida, como tampoco mi paso por la cárcel de Carabanchel y el penal de castigo de Córdoba, adonde me llevaron por participar en un motín en demanda de ‘amnistía y libertad’, grito que recorrió las calles de España durante los meses siguientes a la muerte de Franco. Vino la Transición, que no pudo ir más allá porque los golpistas empotrados en las administraciones nos lo impidieron. Han pasado más de 40 años y por fin ha llegado la exhumación del dictador de Cuelgamuros, donde ha compartido lugar con personas que no pidieron reposar junto a su verdugo.

Muchos piden que se pase la página del franquismo, pero antes, como dice mi querido amigo ‘El Francés’, hay que leerla, porque si no dejamos en las tinieblas del pasado la historia del drama y los atrasos que vivimos los españoles. Alguien puede pensar que la democracia llegó por generación espontánea y no por la lucha de cientos de miles de luchadores antifranquistas que perdieron la libertad y, a veces, la vida.

Logré por fin conciliar el sueño sintiendo que nuestros hijos persistirán en el deseo de los que tenemos ya muchos años y no olvidamos lo que nos costó conquistar la democracia. Mis hijas Leire y Azeguiñe han cogido el testigo y me siento muy orgulloso de ellas.

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