www.madridiario.es

#8M: si la educación para, se para el mundo

lunes 04 de marzo de 2019, 10:43h

Somos mujeres. Y somos mujeres trabajadoras. Somos ese 50% de la población mundial que mueve el mundo cada día. Lo hacemos desde que despunta el sol, cuando preparamos el desayuno para nuestra familia, y no paramos de hacerlo hasta que nos metemos en la cama exhaustas tras jornadas laborales que nunca terminan cuando dejamos nuestro puesto laboral. Trabajo y género. Dos conceptos que se multiplican.

Basta pasearse por cualquier centro educativo para observar ese trabajo invisible y doble –familiar y profesional– que llevamos siglos desempeñando en silencio, sin estridencias. Las mujeres somos mayoría entre quienes acompañan a los pequeños y pequeñas a la puerta de la escuela y también quienes constituimos la mayor parte del profesorado en todas las etapas educativas de nuestro país. Y sin embargo, los puestos directivos siguen copados por hombres. Basta con revisar los datos objetivos: según el estudio Las cifras de la educación en España –elaborado por el Ministerio de Educación–, ocho de cada diez maestros de primaria son mujeres, pero desempeñan menos de la mitad de los puestos directivos. Esta situación se agrava según se va escalando en las etapas educativas. El año pasado, solo 4 de las 50 universidades públicas que existen en nuestro país tenían una mujer al frente. Se trata del llamado “techo de cristal”. Y si esto ocurre en un ámbito en el que el acceso a los puestos debería estar garantizado por la mediación de pruebas “objetivas”, imagínense lo que pasa en otros medios profesionales. La educación, en definitiva, es motor y también reflejo de las desigualdades sociales: las escuelas acaban reproduciendo los estereotipos de género que llevamos grabados a fuego en la identidad colectiva.

Pero no podemos permitírnoslo. Si la educación es la base sobre la que se construye un futuro más igualitario no podemos dejar que nuestros niños y niñas asuman con normalidad que los libros de texto reproduzcan gestas de conquistadores, científicos y escritores mientras las mujeres siguen quedándose, sistemáticamente, fuera del currículo escolar. No es normal que desde su más tierna infancia naturalicen que las labores de cuidados les pertenecen a ellas y que en los recreos el paisaje dominante siga siendo el de niñas relegadas a las esquinas mientras sus compañeros ocupan el centro del espacio correteando en las pistas de fútbol.

No puede ser que, en pleno 2019, existan centros que segregan por sexo financiados con fondos públicos. Tampoco logramos explicarnos que, a pesar de que las alumnas universitarias españolas cuentan con expedientes más brillantes que los de sus compañeros de pupitre, después sus tasas de inserción laboral sean más bajas y sus contratos más precarios. Se escapa de toda lógica que, a pesar del importante rol que juegan las escuelas a la hora de allanar el camino a un futuro libre de discriminación, las instituciones todavía no hayan incorporado la perspectiva de género en la formación del profesorado.

Por todos estos motivos, desde la Federación de Enseñanza de CCOO defendemos la convocatoria de huelga de 24 horas el 8 de marzo. Se trata de estar a la altura del momento histórico. En estos tiempos convulsos, en los que la sombra de la extrema derecha amenaza con desarticular los derechos sociales, las mujeres han demostrado su empuje a la hora de espolear la movilización social. El pasado 8 de marzo nuestras calles se convirtieron en epicentro mundial de una movilización histórica. Este año la fuerza tiene que ser incluso mayor. Calle a calle, cuerpo a cuerpo, mano a mano. Nos encontrarán juntas, libres y valientes gritando alto y claro que queremos una educación libre de sexismo, que no queremos que nuestras hijas sigan cargando en silencio con el peso del mundo a sus hombros, como hicieron nuestras madres y como hemos aprendido a hacer nosotras. Queremos que sepan que las labores de cuidados no tienen género y que el techo de cristal sí tiene grietas. Y puede romperse.

Porque somos la mitad de la humanidad y reivindicamos los espacios que nos han sido históricamente negados. En la enseñanza, uno de los sectores más feminizados, las mujeres paramos por una cuestión de responsabilidad histórica. Somos conscientes de que desempeñamos un papel fundamental para combatir el machismo, por eso también somos plenamente conscientes de que cuando decimos que “sin nosotras se para el mundo” no estamos coreando una consigna o una advertencia, sino constatando una terrible realidad: una sociedad en la que la educación y la cultura sigan frustrando el desarrollo equitativo de las mujeres es una sociedad paralizada, cuyo único movimiento es el de rotación: vueltas y vueltas sobre el mismo eje de siempre. Nosotras paramos precisamente para que nuestro mundo pueda desplazarse sin el lastre de esa inercia endémica. En esa lucha, la educación es nuestra arma. Queremos visibilizar el trabajo invisible y cotidiano que desempeñamos en nuestras casas, en nuestras escuelas, en nuestras universidades, porque solo si nosotras paramos, solo si se para la educación, el mundo podrá recuperar su deseable y natural impulso.

Isabel Galvín

Secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios